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    A principios de este mes el académico de la Universidad de Chile, Pablo García-Chevesich, volvió al país tras un viaje que lo llevó por Israel, Arizona y Ciudad del Cabo, tres lugares icónicos cuando se habla de escasez de agua. ¿El motivo de este viaje? Las filmaciones de un documental sobre el tema, que si bien tendrá como centro la situación chilena, tomará la experiencia de países que han debido levantar drásticos planes de acción ante un escenario que no tiene vuelta atrás: el cambio climático y sus consecuencias en la falta de agua en el planeta.

    El documental, dirigido por José Manuel Soto, será lanzado en julio de 2019, tras la cumbre de las doce ciudades del mundo que se están quedando sin agua que se desarrollará en mayo del próximo año: Ciudad del Cabo, Sao Paulo, Bangalore, Beijin, El Cairo, Estambul, Moscu, Yacarta, Ciudad de México, Londres, Tokio y Miami.

    “Vamos a entrevistar a los alcaldes de esas doce ciudades, y también a Arnold Schwarzenegger, quien está financiando esta convención. Él es muy ambientalista y cuando fue gobernador por California se preocupó especialmente del problema del agua, y lo solucionó mediante desalación y educación, entre otras medidas, y va a estar involucrado en el documental”, contó el académico y productor del documental.

    Siguiendo el plan de la U. de Chile y UNESCO, se espera que tras su lanzamiento el documental gire en diversos festivales de cine internacionales, para luego llegar a Netflix, siendo parte de una serie de documentales sobre el tema medioambiental.

    El colapso del agua

    Cerca del 40 por ciento del territorio continental mundial está siendo afectado con menos lluvias y en esta porción se enfoca el documental, señaló el profesor García Chevesich, quien advirtió: “Prácticamente estos territorios se están secando, pero el comportamiento de la gente y los gobiernos no cambia”.

    Siguiendo los casos más emblemáticos de esta realidad, es que el equipo del proyecto visitó recientemente a dos de los líderes mundiales en el manejo de agua: Arizona e Israel, los que según el académico “tienen una gestión del agua impresionante, y no pierden una sola gota. Como resultado, el cambio climático sí les afecta, pero no tienen ningún problema”.

    Pese a estar en la mitad del desierto, durante los años sesenta la población de Arizona tenía un consumo desmedido agua, los jardines tenían grandes explanadas de pasto y no existía ninguna cultura de consumo responsable de agua. Una década después, la drástica disminución de los acuíferos empezó a traer problemas a las ciudades. La educación, la investigación y la construcción de una carretera hídrica de 540 kilómetros para importar agua desde el Río Colorado, fueron la solución a la crisis.

    “Nunca se prohibió el pasto, pero hubo un cambio cultural, se educó a la población y ahora nadie tiene pasto, simplemente porque se considera una falta de ética ambiental tener pasto o derrochar el agua donde no abunda. No pierden una gota, el agua del alcantarillado, por ejemplo, la tratan, separan los sólidos de los líquidos y los líquidos se van al riego de campos de golf, escuelas, plazas, todas las áreas verdes públicas se riegan con aguas recicladas. Arizona es uno de los pocos lugares del mundo en que los acuíferos contaminados de las ciudades, los bombean, los limpian y los vuelven a infiltrar adentro, entonces, tienen reservas de agua para 200 años”, explicó el académico.

    En el caso de Israel, la gestión del agua ha sido un tema clave desde 1948. En ese país “se entregaban diez litros por persona al día y les enseñaron cómo utilizar y reutilizarlos. Inventaron el riego por goteo. Pese a ser una zona tremendamente árida, todo su abastecimiento de agua es mediante la desalación, que es de donde sacan ellos el agua potable. Tienen una red hídrica interconectada, y se usa esa agua para uso municipal, después el agua del alcantarillado la tratan y la utilizan para la agricultura. El 100 por ciento de la agricultura del país, la utilizan con agua de alcantarillado tratada. Otra cosa interesante es que por ley todo aquel que consuma agua, tiene que tener un medidor, y el Estado va midiendo, porque es imposible gestionar el agua si no se sabe cuánto se está consumiendo con precisión”, afirmó García-Chevesich.

    Un tercer caso que será retratado en el documental es Ciudad del Cabo, donde la crisis del agua terminó en un colapso que está siendo revertido mediante un fuerte plan de contingencia. “Ciudad del Cabo es lo mismo que Santiago. Una metrópolis que creció mediante la abundancia, que genera agua mediante embalses y que hoy está dentro del 40 por ciento de zonas que se están secando en el mundo por el cambio climático”, contó el profesor de la CFCFN, dando cuenta que del crítico escenario en que se encuentran: hoy se proporcionan 50 litros de agua al día por persona, y la gente se tuvo que educar y aprender a vivir con esos 50 litros de agua.

    El caso chileno

    Junto al recorrido internacional, Chile también se suma entre los casos presentados en el documental. “Vamos a empezar a ver qué problemas hay en el país y cómo se generaron: por el cambio climático, el sobre consumo o una combinación entre los dos”, indicó García-Chevesich, asegurando que: “Nosotros estamos siguiendo el mismo paso que siguió Ciudad del Cabo, pero a nivel país. Es decir, nos estamos quedando sin agua y la seguimos derrochando. Piensa que la carretera hídrica que se proyecta en el sur cuesta 15 mil millones de dólares. Y no sacamos nada endeudándonos como país, haciendo una mega estructura, si vamos a seguir derrochando el recurso. Lo que tenemos que hacer es un cambio, cuidar el agua, a eso apunta el mensaje del documental”.

    Según lo contemplado, el proyecto mostrará lo que está pasando en Aculeo, en Petorca, en los glaciales del Norte y en los lagos del sur que se están contaminando. “Mi opinión como experto, según la experiencia internacional y toda la gente que entrevistamos, es que el gran problema es que el agua es privada. El tema de derechos de agua funciona bien, pero bajo escenarios de abundancia, bajo escenarios de escasez no funciona, porque solamente se beneficia a los pocos que los tienen y el resto se queda sin agua. Si seguimos así, el sistema va a colapsar”, concluyó el productor del documental.

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