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    En uno de los primeros libros escritos tras la invasión y conquista de América, Historia del Nuevo Mundo, el jesuita Bernabé Cobo, destacaba que el cáñamo traído desde España comenzaba a ser reemplazado por el que se cultivaba en Chile. La producción local desarrollada en el valle del Aconcagua principalmente fue uno de los pioneros focos de la agricultura del país. La planta era utilizada para hacer sogas y varios tipos de cordajes utilizados en los barcos o en la agricultura. Era el siglo XVII y el Reyno de Chile, como era conocido en los relatos, recién comenzaba a ser poblado por peninsulares.

    El cáñamo es una de las plantas no alimenticias cultivadas por el ser humano desde tiempos remotos. Ha acompañado el proceso de sedentarización de los humanos proporcionando una fuente de fibra, aceite, medicinas y psicoestimulante desde tiempos del neolítico (1). En Chile en 1804, Manuel de Salas, fundador del Instituto Pedagógico, promovía el cultivo de cáñamo, estimulando al suizo Santiago Heytz para que en 1804 se estableciera en la zona aconcagüina con una industria que con los años ayudaría a apertrechar al Ejército libertador. Ya en la vida independiente, en 1833, Francisco Solano López en su libro Memoria sobre el cultivo y beneficio del lino y cáñamo en Chile, editado en Santiago, promovió el cultivo del cannabis entregando consejos para su cultivo y presentó varios diseños de máquinas para su procesamiento.

    La extensión de cultivos de cáñamo fue determinante en la conformación de núcleos urbanos como La Ligua, Los Andes, San Felipe, Quillota y Limache. Desde la época colonial que el valle del Aconcagua concentró los cultivos de cáñamo en Chile, convirtiendo al país en la primera mitad del siglo XX en el cuarto país productor mundial de cáñamo. Para el mercado interno el cáñamo era utilizado para hacer sacos, cuerdas y alpargatas (2).

    La principal estocada a la industria fue la mundialización de las políticas antidroga originadas en Estados Unidos, las que a partir de 1937 promueven la inclusión del cannabis en la lista de drogas prohibidas. La primera ley en Chile (Ley 17.155) es dictada el 11 de noviembre de 1969 y lo que antes se llamaba cáñamo ahora será una peligrosa planta llamada marihuana. En 1975 cierra la Sociedad Industrial de los Andes, terminando así la época del cultivo de cáñamo industrial en Chile. En la misma época, la dictadura de Pinochet viraba su política económica hacia el neoliberalismo y comenzaba la destrucción sistemática de la industria nacional. El ciclo industrializador que tuvo consensos en todo el espectro político a partir de fines de la década de 1930, cede paso a la destrucción de la industria a manos de los militares, que proyectaron un país vendedor de materias primas con poca elaboración y la importación de todo lo demás.

    En las últimas décadas las nuevas generaciones han empujado una nueva era del cannabis en Chile. Pese a la prohibición reinante, el país se ha convertido en pocos años en un connotado productor de variedades de cannabis de cata en copas cannábicas, compitiendo con países como Holanda, España y Estados Unidos, en los que desde ya casi una década emergió una potente industria cannábica. La demanda por el cannabis medicinal y el avance del derecho al uso recreativo anuncian un boom del cannabis en los próximos años.

    Desde el año pasado en el mundo ha habido un boom del mercado del cannabis legal. La despenalización de su uso lúdico y medicinal en Canadá desde junio de este año y en varios estados de EE.UU. desde hace varios han hecho que la mirada de grandes grupos económicos. Pese a la política de mano dura anunciada por el actual presidente Donald Trump. El Marihuana Index desarrollado por los inversionistas norteamericanos acusan que en abril de este año el retorno de la inversión es de un 28 por ciento, ganancia superior a cualquier otro tipo de negocio. Las industrias de marihuana de Canadá y EE.UU. son las principales beneficiarias.

    En Chile tenemos una oportunidad única para desarrollar una industria nacional que supere el extractivismo minero, la devastación de las forestales del territorio mapuche y la alicaída industria del salmón. A diferencia de otros países de la región en el país hay una tradición de cultivo de cannabis recreativo de más de una década. Es decir, pese a la prohibición aún imperante, en el país se ha desarrollado una capacidad técnica de los cultivadores muy avanzada. Al mismo tiempo, la Fundación Daya es pionera en producir cannabis medicinal en América latina, rompiendo nuestra habitual dependencia de fármacos manufacturados en otras latitudes y que los Tratados de Libre Comercio firmados por los gobiernos de la Nueva Mayoría, nos obligan a pagar altísimas patentes para su acceso. Es una oportunidad pocas veces vista para Chile, en la que tenemos un saber y una capacidad productora instalada de un producto que ya anuncia una demanda global.

    La diversidad de cultivadores es una riqueza para una potencial industria cannábica, cuyo desarrollo puede verse cooptado por la llegada de transnacionales y el afán monopolizador de la producción ostentado por el empresariado criollo. No debemos olvidar que en el mercado de los licores y la cerveza, el modelo chileno de integración vertical ha permitido que en la última década el grupo Luksic controle la casi totalidad de la industria del país. Dicha forma de hacer negocios acaba monopolizando la producción y estandarizando la demanda.

    Al mismo tiempo la apertura del debate en Chile sobre despenalización del cannabis ha llamado la atención de empresas canadienses con experiencia en el rubro. A inicios de septiembre ya fue anunciado que Canopy Growth Corporation acaba de adquirir todas las acciones de Spectrum Cannabis Chile SpA. Si antes controlaba el 85 por ciento de la firma local, ahora es dueña de todo el negocio. La firma canadiense busca posicionar sus productos de marihuana en Chile y así insertarse en la región a medida que se van flexibilizando las legislaciones de drogas. Entre los fabricantes de cannabis legalizados Canopy Growth Corporation es la más grande en el mundo y recientemente se hizo dueña de Spectrum Cannabis Colombia. Además tiene operaciones en otros 11 países de los cinco continentes.

    Nos enfrentamos a la llegada de inversores extranjeros que conociendo bien el negocio y la demanda de cannabis tanto para uso medicinal como recreativo en Chile, apuestan por controlar el mercado local. En forma paralela, el estamento terapéutico sigue cerrado a la aceptación del cannabis como medicina y al autocultivo. En el debate actual sobre cannabis medicinal, se observa que la alternativa que defiende el estamento médico para las terapias de cannabis no es el cultivo, sino el medicamento Sativex, porducido por GW Pharmaceuticals.

    Cultivo de cáñamo en Aconcagua en la primera mitad del siglo XX

    Siguiendo la tradición histórica de cultivo de cáñamo desde la colonia, es momento de aprovechar las ventajas que Chile tiene para desarrollar una industria nacional de cannabis. La planta y sus derivados son utilizados en la actualidad exitosamente por pacientes con epilepsia refractaria, al reducir considerablemente las convulsiones; como antiemético y contra las nausea en quienes se someten a quimioterapias por cáncer o deben tomar antirretrovirales por ser portadores de VIH. También está comprobado que el cannabis reduce la presión intraocular, prestando importante alivio a quienes sufre de glaucoma; presenta resultados favorables en la espasticidad de la esclerosis múltiple y la fibromialgia. Además se sugiere que podría tener beneficios en el alzheimer, el asma, la hipertensión y el parkinson (3). Raphael Mechoulam, científico israelí descubridor del THC, decía hace algunos años que todos los laboratorios importantes del mundo estaban investigando en cannabinoides. “Creo que los cannabinoides representan un tesoro medicinal que espera a ser descubierto”, dijo Mechoulam en una entrevista en 2010 (4).

    Chile tiene tanto la demanda como la capacidad técnica de crear una industria nacional. Ya no de jarcias o cuerdas, sino que de fármacos que están en la vanguardia de las investigaciones actuales. El problema es que tenemos una clase política sin ánimo alguno de que el país deje de ser un productor de materias primas y adicta a tratados de libre comercio. De hecho, ninguno de los gobiernos de la postdictadura han cuestionado la destrucción de la industria a manos de los militares y Chicago boys. Promover un cambio de mirada exige además una comunidad científica que esté a la altura de los tiempos, sin límites cognitivos ni prejuicios del siglo XX, con ganas e ideas para investigar y no que repitan el sermón del prohibicionismo. Esto además implica una inversión fuerte en biotecnología e investigación. Chile tiene una oportunidad preciosa que puede ser base para una economía que produzca bienes elaborados y orientada a mejorar las condiciones de vida de las grandes mayorías. Junto a la nacionalización del litio y la inversión de tecnología para dejar de venderlo en forma bruta como se hace hasta hoy, fomentar una industria nacional de cannabis promete ser una floreciente industria. Las bases de una economía que supere el extractivismo podría muy bien montarse en dos bienes estratégicos que posee el país: un saber acumulado en la producción de cannabis y las reservas de litio.

    Mauricio Becerra R.

    Periodista

    Ph (s) Historia de las Ciencias, CEHIC-UAB

    NOTAS

    (1) García Carnelli, Carlos; Cairabú, Selva: Aspectos farmacognósicos del cannabis. En Aporte universitario al debate nacional sobre drogas (varios autores). Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC), Universidad de la República, Montevideo, 2012. P. 213.

    (2) Una historia del cáñamo en el valle del Aconcagua es la tesis de historia de Juan Pablo Caldichoury: El cáñamo. Apuntes para historiar una agro industria chilena. Tesis de Licenciado en Historia, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Valparaíso; Chile, 2005.

    (3) (1) En el campo de investigaciones biomédicas, la controversia en los estudios sobre el cannabis hace que hayan variadas conclusiones. Una revisión reciente realizada por la Academia Nacional de Ciencias, Ingeniería y Medicina de EE.UU. (2017) concluye que hay evidencia del uso terapéutico del cannabis y cannabinoides en reducir significativamente el dolor crónico en adultos, espasmos musculares, espasticidad y en quimioterapia. Por acá se puede acceder al estudio Health Effects of Marijuana: An Evidence Review and Research Agenda.

    (4) Klein Leichman, A.: The Israeli Pharmacologist Who Kick-Started Marijuana Research. En Israel21c, 14 de mayo de 2012.

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