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    Hace cinco meses que el doctor en agricultura, gestión de recursos ambientales y especialista en el estudio del ciclo del carbono de suelo, Gustavo Saiz, llegó a la Facultad de Ciencias de la Universidad Católica de la Santísima Concepción para estudiar el efecto de los incendios en los suelos locales, considerando que la Región del Biobío fue una de las afectadas por los mega incendios de enero y febrero de 2017, siniestros que afectaron a casi 600 mil hectáreas en el país.

    Pero su investigación va mucho más allá. Saiz analizará el carbono pirogénico, es decir, el carbono que se origina de la quema incompleta de la vegetación. De este modo, su objetivo es analizar las zonas afectadas y determinar la cantidad y calidad del material producido. Según explicó, alrededor del 50% de la masa de una planta es carbono y cuando se quema, no todo se transforma en CO2 (gas), sino que una gran parte se acumula como carbono pirogénico residual sólido en la superficie del suelo. Es este material lo que el investigador pretende estudiar a través de la vanguardista técnica de hidropirólisis, que el mismo ha co desarrollado junto con otros investigadores en Australia y Reino Unido.

    El impacto que los incendios tienen sobre la salud humana, así como sobre los numerosos aspectos socioeconómicos asociados a los mismos, han sido materia de estudio en Chile. Sin embargo, la información medioambiental relativa a los incendios es todavía escasa, y se ha centrado sobre todo en el impacto ecológico que el fuego tiene sobre la vegetación. Con especialización en suelos e incendios, Gustavo Saiz ya presentó un proyecto Fondecyt para llevar a cabo una investigación, que tiene como objetivo mejorar la información relativa al estado de los suelos luego de incendios.

    “Cuando ocurre un incendio se producen grandes pérdidas del patrimonio natural, de bienes materiales y en ocasiones de vidas. En general, el panorama después de un fuego resulta verdaderamente desolador. No obstante, las cenizas que quedan sobre la superficie del suelo contienen valiosos nutrientes que la vegetación va a necesitar para recuperarse. La acción del fuego volatiliza grandes cantidades de nitrógeno, en tanto que otros nutrientes como fósforo o potasio son más resistentes a su acción. El problema es si se pierde la ceniza y el suelo superficial, lo que puede suceder por las lluvias posteriores, la erosión, o porque de inmediato entra maquinaria pesada a trabajar y compacta el suelo. Es entonces cuando gran parte de ese potencial de recuperación natural que el ecosistema tiene desaparece”, explicó el científico de la Facultad de Ciencias UCSC.

    Y es que el carbono pirogénico tiene 3 importantes funciones de beneficio para los suelos y el ecosistema: fuente potencial de fertilidad para los suelos, a modo de abono; además facilita la interacción de intercambio de nutrientes y actividades de microorganismos al establecer micrositios que incrementan la porosidad del suelo, funcionando como una esponja; y por último, actúa en el secuestro o almacenamiento del carbono atmosférico a un plazo más largo que el carbono no pirogénico debido a sus peculiares características químicas. Por tanto, los suelos post-incendio pueden conservar sus propiedades en la medida que no se pierdan, y además, tienen la capacidad de almacenar un carbono considerablemente más resistente a la descomposición por lo que pueden mitigar significativamente la cifra total de emisiones a la atmósfera causada por los incendios.

    Aquel conocimiento resulta de gran relevancia, pues tal como explicó Saiz, “siendo plenamente conscientes de los efectos devastadores que suponen los incendios, es a través de un mejor conocimiento de sus múltiples impactos, la única vía por la cual podemos maximizar los efectos positivos que también tiene el fuego en los ecosistemas. Debemos obtener información de calidad que permita una gestión eficiente de los nutrientes y del resto de servicios ecosistémicos del suelo afectado por un incendio”.

    Todo esto, manifestó el científico, es una gran tarea de gestión, apoyo de las instituciones públicas y también de educación, entendiendo que el fuego forma parte del paisaje y más aún en aquellas regiones con gran presencia de pinos y eucaliptos. Así, espera que el proyecto, que pudiera ver la luz en 2019, abra una puerta a la instauración de nuevas políticas de prevención, junto con entender más la naturaleza de los incendios, y sus posibles beneficios para la recuperación del ecosistema y la seguridad de las comunidades.

    Fuente: Tribuna del Bío Bío – TBB

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