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    “Siempre tuve problemas con la Historia, con la de Chile, y más tarde, a medida que fui creciendo, también con la Argentina. En la escuela los profesores me hablaban del Desastre de Curalaba y yo pensaba: ¿Por qué desastre si fue la mayor victoria de nuestros antepasados? ¿Acaso el abuelo Alberto era un mentiroso?”.

    El periodista Pedro Cayuqueo comienza con este relato el prólogo de su libro Historia Secreta Mapuche. El fragmento da cuenta de la disonancia entre el discurso oficial enseñado en las escuelas chilenas y la memoria rescatada en la tradición oral de sus ancestros. “Desastre” o “victoria” son las expresiones definitorias acerca del punto de vista con que se cuenta el crucial enfrentamiento que tuvo lugar el 23 de diciembre de 1598, cuando los mapuche encabezados por el toki Pelantraru (Pelantaro) se levantaron contra una horda de españoles a orillas del río Lumaco, matando a casi todos, entre ellos al entonces gobernador Martín Óñez de Loyola.

    Los hechos

    Cuando el gobernador Óñez de Loyola, sobrino nieto del fundador de la Compañía de Jesús, se encontraba en la ciudad de la Imperial, a mediados de diciembre de 1598, recibió una carta del capitán Hernando Vallejo, corregidor de Angol. En la misiva le advertía acerca de un inminente levantamiento mapuche, sustentado en antecedentes como el creciente robo de armas y caballos.

    Martín García Óñez de Loyola

    En un documento preparado por el Museo Histórico Nacional, se indica que Vallejo interrogó a dos prisioneros mapuche, quienes habrían confesado que Pelantraru estaba reuniendo un importante contingente para enfrentar a los españoles.

    A pesar del reporte, Óñez de Loyola partió el 21 de diciembre el viaje hacia Angol. Iba acompañado de 50 soldados y 300 indígenas. Al segundo día, llegaron hasta el sector de Curalaba (del mapudungun “piedra partida”), a orillas del río Lumaco, levantaron un campamento para descansar, sin sospechar que la muerte los acechaba.

    Por el lado mapuche, Pelantraru ya contaba con un equipo de al menos 300 guerreros, grupo que se dividió en tres cuadrillas encabezadas por el toki y por los caciques Anganamon y Huaiquimilla.

    Un escrito elaborado por el Museo Mapuche de Purén señala que el toki evaluó atacar la caravana del gobernador durante el camino a Angol, pero desistió y prefirió seguir al gobernador con 200 hombres hasta llegar a Curalaba para atacar en el momento propicio.

    El minuto clave llegó al amanecer del 23 de diciembre. Los españoles dormían cuando los mapuche cayeron desde distintos puntos. La victoria de Pelantraru y sus hombres fue total, puesto que con la muerte de Óñez de Loyola, los mapuche cobraron la vida de un segundo gobernador, tras acabar con Pedro de Valdivia en 1553.

    Las consecuencias

    La victoria mapuche en Curalaba provocó que los españoles desistieran de expandirse territorialmente al sur del río Biobío (excepto Chiloé). A su vez, los habitantes del Wallmapu comenzaron una ofensiva contra siete ciudades españolas: Santa Cruz de Coya (1599), Santa María la Blanca de Valdivia (1599), San Andrés de Los Infantes (1599), La Imperial (1600), Santa María Magdalena de Villa Rica (1602), San Mateo de Osorno (1603) y San Felipe de Arauco (1604).

    Estatua de Pelantraru en Purén

    Frecuentemente, Curalaba se considera como el cierre del proceso de “Conquista”, para dar inicio a la “Colonia”. Este cambio de época se materializó en una etapa de diálogo (parlamentos) iniciada tras la firma del Pacto de Quilín en 1641, “que es el reconocimiento de la independencia y soberanía mapuche, que se mantuvo por tres siglos, único caso en América”, según comentó Pedro Cayuqueo en un artículo publicado por El Mostrador en julio de 2015.

    En una entrevista realizada por el mismo Cayuqueo al historiador mapuche Hernán Curiñir Lincoqueo, se expresa cuán importante resultó el enfrentamiento para la memoria histórica del pueblo Mapuche.

    “Yo me pregunto, ¿por qué nunca hemos hecho una colecta pública entre mapuches para levantar un monumento en Curalaba? Sabemos dónde es, hay incluso un alcalde mapuche en Lumako, que no tendría por qué oponerse. Yo soy partidario de trabajar en pos de levantar este monumento, porque Curalaba marca un hito notable en nuestra historia patria. Los chilenos hablan del ‘Desastre de Curalaba’, claramente para nosotros fue una gran victoria, una memorable gesta militar”, señaló Curiñir Lincoqueo en agosto del año 2008.

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