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    Incluir la contaminación lumínica que pueda afectar las zonas de desarrollo astronómico en el listado de proyectos o actividades que deberán someterse al sistema de evaluación de impacto ambiental es el objetivo del proyecto aprobado por la Sala de la Cámara de Diputados, y que fue remitido al Senado para cumplir su segundo trámite.

    Tal como consta en el informe de la Comisión de Medioambiente y conforme a los antecedentes aportados por los autores de la propuesta, la contaminación lumínica es la emisión de radiación electromagnética que no cumple una función de mejorar la calidad de vida de los seres humanos, sino que únicamente eleva los niveles de iluminación natural de un lugar.

    Se informó que, en mayo de 2013, se dictó el Decreto 43 del Ministerio de Medio Ambiente para proteger las emisiones de luz innecesarias en las regiones de Antofagasta, Atacama y Coquimbo. En esta normativa se incluyeron medidas como evitar la instalación de luz horizontal, reducir en un 15% el uso de luces contaminantes, evitar la sobreiluminación e introducir mayores regulaciones para los letreros luminosos.

    Sin embargo, se resaltó que la regulación vigente resulta insuficiente, ya que, en la última década, ciudades cercanas a observatorios astronómicos, como lo son Antofagasta, Coquimbo o La Serena, han incrementado el uso de la tecnología LED para iluminar viviendas, calles, letreros y pantallas, lo que provocó el aumento de la contaminación lumínica.

    Además, se destacó que Chile se prepara para concentrar, desde el año 2024, entre el 60 y el 70% de la capacidad astronómica instalada de todo el mundo, particularmente concentrándose esta en el llamado “Valle de los Fotones” (el 40% de la capacidad astronómica del mundo completo estará en ese sector de la Región de Antofagasta, el otro 30% estará en la región de Coquimbo).

    Entre los antecedentes aportados en pro de este proyecto de ley también están los relativos a la salud humana. En este plano se sostuvo que existen crecientes indicios de que la exposición a mayores niveles de iluminación (con mayor efecto la luz de color “blanco frío”, que resulta ser la más contaminante para la astronomía también) interfiere con los ritmos de sueño y particularmente a la producción de melatonina, hormona que alcanza su máximo de secreción durante las horas que el cuerpo humano reconoce como “nocturnas”.

    Se remarcó en este contexto que la luz blanca fría reduce la producción de melatonina y potencialmente aumentan la incidencia del síndrome metabólico, enfermedades cardiovasculares, desórdenes cognitivos y emocionales, envejecimiento prematuro y algunos cánceres como el de mama, próstata y colorrectal, así como al empeoramiento de patologías preexistentes.

    Los legisladores resaltaron que los proyectos que se ejecutan hoy, como por ejemplo los mineros, no consideran dentro de su evaluación de impacto ambiental los efectos que las emisiones luminosas pueden traer para el desarrollo de la astronomía, ni la protección del patrimonio cultural y turístico que ello significa, sin considerar el propio de la salud.

    Por las razones explicadas, la iniciativa avanza en incluir el concepto de la contaminación lumínica en la Ley de Bases Generales del Medio Ambiente, de modo que los proyectos que se levanten consideren este factor.

    Fuente: Cámara de Diputados

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