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    Es octubre de 2017. El libre tránsito de vehículos particulares se detiene en un camino que empalma con Argentina: la Ruta Internacional Pehuenche. Marcando el kilómetro 134, Carabineros bloquea el paso con rigidez. Turistas obligados a detener sus motores comparten bebidas y alimentos para admirar la nieve que empieza a escurrir en el pavimento. Un pequeño zorro impactado por el sol que emerge asiste al llamado de los visitantes.

    -Por favor, no les dé comida.

    Desde una camioneta blanca la voz del perito criminalista Francisco Pulgar Castillo se cuela entre la brisa. Un hombre con cara culpable distancia una lámina de carne ofrecida al mamífero. Se acerca a la ventana del conductor y sonríe: acaba de reconocer a Pulgar.

    Probablemente lo asocia con quien ha aparecido en matinales de televisión para comentar casos policiales como el nebuloso crimen de La Calchona en Talca, el de la “bala loca” que mató al sindicalista Juan Pablo Jiménez y la violenta golpiza que en Coyhaique dejó sin sus globos oculares a Nabila Rifo.

    Pulgar no solo ha difundido su trabajo en “sitios del suceso”. También ha sido vocero de la agrupación Defensores del Alto Maule que él mismo creó en 2016. El movimiento, que reúne más de 10 mil seguidores en Facebook, ha asumido la tarea de informar permanentemente sobre hechos irregulares en la cuenca alta del río Maule y denunciar posibles focos de contaminación provenientes de la faena de la central hidroeléctrica Los Cóndores, última instalada en la zona por la Empresa Nacional de Electricidad (Endesa), hoy Enel.

    Esta vez, fiel a su estilo, el perito informa al turista que alimentar a un zorro puede alterar su relación con el entorno. Metros más allá, un carabinero lee un documento enviado al Retén La Mina por la Gobernación de Talca. El instrumento ordena impedir el avance vehicular de toda persona ajena a una actividad de snowboard que ha sido autorizada excepcionalmente hasta el kilómetro 151 de la ruta.

    El cruce más allá de ese punto está cerrado desde junio para evitar accidentes invernales. La prohibición, recomendada por informes técnicos de la Dirección de Vialidad del MOP, exceptúa el movimiento de vehículos fiscales y de aquellos pertenecientes a Enel y su principal contratista, la española Ferrovial Agroman S.A., firma encargada de terminar la construcción de Los Cóndores.

    Menos de una semana quedaba para abrir el camino el día en que Francisco Pulgar, acompañado por el autor de este reportaje, pidió permiso para caminar a pie hasta la desembocadura de la Laguna del Maule, donde nace el río y operará a futuro la generadora hidráulica iniciada por Endesa.

    En el trayecto me comenta su profunda cercanía con Los Álamos, una comunidad que se ubica a la altura del kilómetro 99 de la Ruta CH-115. Aún permanece ahí una parte de los obreros que edificaron Cipreses, el primer proyecto realizado por Endesa en la cuenca.

    -La primera central fue Cipreses en 1955. Mi familia llegó al sector en 1949 – cuenta Pulgar-. Aunque los ejecutivos e ingenieros de mayor cargo tenían luz en la población, nosotros recién llegamos a tener electricidad hace 25 años. Aquí las líneas de transmisión han pasado toda la vida. No era muy difícil poner un generador, pero éramos pobres, una clase trabajadora que era mal mirada por ser de campo.

    ¿Piensas que aún hay segregación?

    -Totalmente. Dentro de la central Cipreses está el río, pero ahora es privado y no tienes cómo meterte para ir a pescar o llegar al sector de Ojos de Agua. No hay un paso de servidumbre para ingresar. Cuando Endesa era estatal podíamos entrar, pero después de la privatización cerraron todo.

    Según el artículo N° 589 del Código Civil chileno, todas las playas de mar, ríos y lagos son bienes nacionales de uso público. Para Pulgar, la empresa infringe la norma. En la cuenca del río Maule ésta no solo opera las centrales Ojos de Agua, Isla y Cipreses. Enel, a través de la Empresa Eléctrica Pehuenche S.A., controla indirectamente las centrales Curillinque, Loma Alta y Pehuenche. Otras cinco de Colbún y dos más de Hidromaule completan la numerosa intervención del caudal para fines de generación. Es la cuenca con más centrales en todo el país.

    ¿Cuál es el arraigo más importante que tienes con Los Álamos? – insisto.

    -Acá está mi familia paterna. Yo venía los veranos y los inviernos. Pasé los mejores años de mi infancia. Aquí aprendí a podar, a regar, a ralear, a cosechar, a cortar trigo, a domar y a encellar caballos, a reconocer hierbas para el dolor de cabeza y de estómago, a sacar quideñes, a hacer queso de cabra. Teníamos piso de tierra. A veces no había comida e íbamos al vertedero que tenía Endesa, y si había algo para comer lo comíamos. Entonces… eso es lo que da bronca, que las empresas, teniendo tanto, no puedan ayudar, no puedan educar. Pero enseñarle de verdad a la gente, no decir “a estos huasos les vamos a dar tal o cual cosa para que se queden tranquilos”.

    Ya encontrándonos a un costado del enorme depósito de agua dulce que provoca airadas discusiones entre agricultores y Enel (ver parte I de esta serie), Francisco Pulgar dirige mi vista al sur poniente, a una instalación conocida como pique de válvulas en el complejo de construcciones de Enel.

    Según la Resolución Exenta Nº 70/08 de la Comisión Regional del Medio Ambiente del Maule que aprobó Los Cóndores, dicha obra será usada para tomar las aguas de la laguna y transportarlas cauce abajo, a una zona de caída de 765 metros en el faldeo del cerro Las Luces.

    Justamente ahí ocurrió el suceso que motivó la primera arremetida pública de Pulgar hacia Enel, que llevó a la creación de Defensores y que atrajo las garras fiscalizadoras de la Superintendencia del Medioambiente (SMA).

    “¡ESTO ES UN LAHAR!”

    Raben Leonardo Maes, ingeniero español de Operaciones de Ferrovial, se enfrentó la madrugada del 13 de febrero de 2016 a una emergencia de proporciones. “Está continuamente cayendo material con vapor y flujos de lodo y arriba se está generando una chimenea… Yo creo que es un lahar de ceniza volcánica, ¡un lahar en pequeño!” exclama el extranjero en las imágenes que remitió la agrupación Defensores del Alto Maule a la SMA.

    Los comentarios generaron inquietud. Algo entendible considerando que por muchos años la existencia de un complejo volcánico en la Laguna del Maule asustó a varios lugareños del sector.

    Entre 2015 y 2016, un grupo liderado por académicos de la Universidad de Wisconsin de EEUU dedicó meses completos a monitorear la actividad del sitio, y aunque comprobaron la presencia de riolita -definida como “el tipo de magma más explosivo del planeta” por el profesor Brad Singer-, más tarde aclararon que la cantidad sería insuficiente para provocar una mega erupción.

    Diez años antes, durante el proceso de evaluación ambiental de Los Cóndores, el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) pidió reforzar antecedentes entregados por Endesa a la hora de proyectar sus tareas de excavación. “El estudio no aborda en profundidad ni extensión la problemática ambiental vinculada a los riesgos volcánicos”, planteó el mandamás de la Zona Sur de Sernageomin, Héctor Contreras, mediante un oficio a la Conama.

    Posteriormente, Endesa adjuntó una serie de pesquisas encargadas a la firma privada Aurum Consultores, señalando que existía “una alta probabilidad de ocurrencia de una erupción durante los próximos 30 años… que no necesariamente afectaría el área del proyecto”. Con respecto a posibles fenómenos vulcanológicos por remoción de masas, la europea informó la existencia de una “baja probabilidad de ocurrencia de lahares” pero “condiciones favorables para su generación”.

    Teniendo eso presente, Endesa prometió cavar siempre con todos “los estudios geotécnicos necesarios para garantizar un diseño adecuado, de manera que no se alteren las condiciones de equilibrio geológico en la zona”, lo que al parecer fue incumplido a inicios de 2016.

    Fuera un lahar o no lo observado por Raben Maes, la empresa difundió la versión de que se había perforado una napa subterránea. El afloramiento de la bolsa, a 180 metros de la entrada al pique de válvulas, inundó el túnel, obligando la paralización temporal de la obra y la evacuación del personal.

    Debido a un alto caudal de salida estimado en 1.400 litros por segundo, Ferrovial descomprimió la poza desde dos puntos de extracción, arrojando una de las mangueras directamente al río Maule sin eliminar los potenciales contaminantes del líquido en sus plantas de tratamiento.

    En un recurso de protección que ingresó a la Corte de Apelaciones de Talca, el perito Francisco Pulgar denunció que la mezcla que Ferrovial inyectó al Maule incluía “materia prima que se encontraba en el interior del túnel, consistente en shotcrete, además de combustible… baño químico… restos de petróleo, aceite y grasa”. El ambientalista agregó que el shotcrete, usado para proyectar hormigón a alta velocidad, estaba compuesto por “cemento, arena, fibra de vidrio y un aditivo acelerante llamado Master Rock”.

    Ferrovial presentó rápidamente un escrito de 70 páginas con la intención de impedir la paralización de la obra. “No existe descarga actual al río Maule de aguas u otro tipo de residuos líquidos sin que estos estén siendo tratados previamente en los sistemas y equipos que fueron solicitados y establecidos en las respectivas licencias ambientales”, contestó el gerente general de la constructora, Joaquín Torres.

    El tribunal de alzada maulino, acogiendo en principio lo indicado por Ferrovial, desestimó la orden de no innovar solicitada por Pulgar. Semanas más tarde, el abogado integrante de la Corte, Guillermo Monsalve, se abstuvo de tomar participación en el caso. Monsalve admitió estar afecto a “la causal de implicancia del artículo 195 Nº 5 del Código Orgánico de Tribunales” al haber actuado en representación de Endesa en otros litigios, como el que se inició contra la DOH por el cierre de las compuertas de la Laguna del Maule en 2012.

    -En ese recurso de protección, los abogados respondieron diciendo que toda el agua del pique había sido tratada y reintegrada al río Maule. Yo después anexo un set fotográfico de las mangueras que iban directamente al río, y demuestro que las aguas no habían sido tratadas. Es decir, apelaron basados en una mentira – evocó Pulgar en conversación con el autor de este reportaje.

    En mayo de 2016, la Corte falló  con resultados positivos para Los Cóndores. La sentencia manifestó que no se divisaba “que la actividad desplegada por la empresa recurrida (Ferrovial) el día 13 de febrero de 2016 fuera “constitutiva de actos ilegales y/o arbitrarios en los términos previstos en el artículo 20 de la Constitución Política de la República”.

    CHOQUE DE FISCALIZADORES

    Cuando el incidente del pique fue difundido en redes sociales por los Defensores del Alto Maule, el pronunciamiento de la justicia no impidió que organismos administrativos desarrollaran su propia investigación.

    El 16 de febrero de 2016, Pulgar se contactó con la Secretaría Regional Ministerial de Salud del Maule, encabezada por la médico cirujano Valeria Ortiz, para instar al servicio a tomar cartas en el asunto. El encargado del Departamento de Acción Sanitaria, Rafael Santander, mandó al inspector Juan Godoy, quien se constituyó en Los Cóndores y evacuó un informe tras conversar con Fernando Muñoz, jefe de terreno de Ferrovial.

    Luego de su visita, el fiscalizador descartó que la emergencia hubiera provocado la descarga de materiales sin tratar al río Maule. “El agua mezclada con tierra (lodo) existente en el interior del túnel y en las inmediaciones de éste, se retiró mediante unas bombas que la encausaron hacia una piscina… que existe en la superficie de la obra para su decantación, y con un tratamiento previo de desinfección se devuelve al curso del río, lo que se pudo apreciar en compañía de personal de Endesa”, explicó Godoy en el Informe Nº 93 del 17 de febrero.

    El expediente del caso incorporó un documento elaborado por la consultora Cruz y Dávila-Zañartu (CDZ Ingeniería) para Los Cóndores, el cual replicó esta versión. Sin embargo, las conclusiones fueron rebatidas un mes después por el jefe del Departamento de Fiscalización y Medio Ambiente de la Dirección General de Aguas (DGA) del Maule, Enrique Osorio, quien verificó la denuncia realizada por Francisco Pulgar.

    -Lo que pedía es que la Seremi (de Salud) fuera a fiscalizar – recordó el forense criado en Los Álamos-. Mandaron a un inspector. Le envié todos los videos del lugar donde se estaba contaminando y en la tarde lo llamé para preguntarle qué había pasado. Me dijo que estaban evacuando agua pero que no se veía tan contaminada. Yo me imaginé que había tomado muestras, pero me dijo que no porque nadie le había dicho que las tomara. Ahí me di cuenta que la autoridad tenía cero interés.

    Fuente: Informe Técnico de Fiscalización N° 25/2016 de la DGA del Maule

    A diferencia de lo expresado por Salud, el Informe Técnico Nº 25/2016 de la DGA del Maule determinó que el agua involucrada en el colapso había sido evacuada por dos vías: una que sí había tenido eliminación previa de sedimentos, individualizada en sus gráficas como E-1, y otra que no, registrada como E-2 (ver informe aquí).

    “La extracción desde el punto E-1 contempló un tratamiento de sedimentación (aprobado), mientras la extracción desde el punto E-2 no, descargándose directamente sobre el vertedero de seguridad de la Laguna del Maule, próximo a la zona del pique de válvulas anegado”, escribió el inspector Enrique Osorio.

    El funcionario de la DGA citó el punto 10 de la Resolución de Calificación Ambiental (RCA) Nº 150 del 21 de noviembre de 2011 que aprobó el proyecto “Optimización de Obras de la Central Hidroeléctrica Los Cóndores”. En ella se había establecido que el titular debía “informar inmediatamente a la Dirección Regional del Servicio de Evaluación Ambiental la ocurrencia de impactos ambientales no previstos en la Declaración de Impacto Ambiental (DIA), asumiendo, acto seguido, las acciones necesarias para abordarlos”.

    “Al respecto, según señalaron los guías de la visita indicados en el presente informe (José Miguel Quintana de Endesa, Orlando Arancibia de CDZ Ingeniería y Natalia Fernández de Ferrovial), no se informó a ninguna autoridad sobre la contingencia puesto que desconocían a quién informar, indicando además desconocer que alguna de las Resoluciones de Calificación Ambiental contempladas en el proyecto establecieran dicho requerimiento”, comunicó.

    El 22 de marzo de 2016, a petición de los diputados UDI Celso Morales y Pedro Pablo Álvarez-Salamanca, la Seremi de Salud del Maule se apersonó por segunda vez en Los Cóndores. El fiscalizador Juan Godoy, acompañado esta vez por la jefa de la Unidad de Emisiones Industriales, Karina Hernández, registró su recorrido por las piscinas de manejo residual de Enel sin mayor novedad que la observación de un líquido blanquecino brotando por uno de los tubos de evacuación al río Maule.

    Pese a esto, repitiendo la tónica de la primera visita, Godoy y Hernández dejaron constancia de que la toma de muestras de agua y sedimentos sospechosos había sido “descartada por la jefatura”.

    La fiscalización pronto llegó a manos de la entonces titular de Salud Carmen Castillo Taucher, sirviendo de insumo en la respuesta al Congreso. La ministra informó al presidente de la Cámara Baja, el PS Osvaldo Andrade, “la existencia, aguas abajo del evento (de inundación del pique) de un área de recreación con contacto y aproximadamente cuatro Sistemas de Agua Potable Rural para consumo humano (APR)”, planteando eso sí que no había registro “denuncias ni consultas en los establecimientos de salud relacionados con la situación de emergencia” (ver oficio aquí).

    Contradiciendo el informe de la DGA que comprobó el vaciamiento de aguas no tratadas al río, y que la Superintendencia de Medioambiente (SMA) utilizó para abrir un proceso sancionatorio en 2017 contra Enel -con el rol D-018-2017- la autoridad de gobierno insistió en que las visitas habían comprobado “el correcto funcionamiento de los sistemas de tratamiento de los efluentes”.

    CARROÑEROS

    El proceso abierto en 2017 por la SMA dejó al descubierto nuevas situaciones: que la infraccionada había operado un acopio de materiales de excavación más allá de los límites permitidos, y que las medidas de mitigación sobre flora y fauna habían sido modificadas arbitrariamente, incluyendo nuevas especies -y eliminando otras- en el catastro presentado para validar el proyecto Los Cóndores.

    En 2015 el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) ya había detectado el traslado de micro mamíferos “bajo condiciones meteorológicas adversas, bajas temperaturas y precipitaciones, obteniéndose una mortalidad del 4,5% de los individuos capturados, los cuales… probablemente no soportaron el stress”. También se constató que la empresa había omitido presentar un estudio sobre “la capacidad de carga de las áreas de relocalización a desarrollar, previo al inicio de las actividades de rescate”.

    El cóndor, uno de los símbolos del Escudo Nacional de Chile y el protagonista de la bandera de Defensores, no pasa inadvertido en el grupo de aves que han convivido con las centrales del Alto Maule. Luego deotra fiscalización realizada en 2015, el SAG pidió a Endesa incorporar más detalles sobre los procedimientos y acciones a realizar frente a aves electrocutadas o heridas por colisión con los futuros tendidos eléctricos de Los Cóndores, ya cuestionados por sus impactos sobre el turismo (ver parte II de esta serie).

    Para satisfacer lo anterior, Endesa recomendó poner los ejemplares al cuidado del Centro de Rehabilitación “Casa Noé” de Linares, patrocinado por la empresa a través de un convenio que amplió sus instalaciones en 2012. La relación se gestó un año antes, cuando dos cóndores heridos fueron hallados en el sector del Puente Matadero de Cipreses: uno con “sangramiento leve” y otro con “vómitos y decaimiento”, siendo la causa probable un choque con las líneas de transmisión de energía ya extendidas en el área.

    Un hecho similar ocurrió cuando la construcción de la central Los Cóndores y los compromisos de mitigación adquiridos con la autoridad ambiental se encontraban en pie. El 4 de junio de 2017, otros dos cóndores fueron hallados en malas condiciones en el sector La Mina, cerca del kilómetro 116 de la Ruta CH-115: un ejemplar adulto “senior” y uno juvenil. Se observó al primero “con la cabeza gacha, desanimado, salivando y vomitando en reiteradas ocasiones un fluido verde”. El segundo regurgitaba un líquido rojizo.

    Mientras que el SAG adjudicó el avistamiento a los Defensores del Alto Maule, a Carabineros y a Enel, esta última compañía no mencionó a los activistas en el informe clínico enviado al servicio con posterioridad al rescate. Según la empresa, todo fue parte del “operativo asociado al rescate de fauna nativa” comprometido en la RCA del tendido, activado a raíz de una alerta de trabajadores y “turistas”.

    “Ambos cóndores fueron trasladados por funcionarios de su servicio (SAG) hasta el Centro de Rehabilitación de Fauna ‘Casa de Noé’ ubicado en Linares. Hasta dicho sector concurrieron dos médicos veterinarios de nuestro proyecto con el objeto de realizar una evaluación… En este contexto se tomaron muestras de sangre a ambos individuos… con el objeto de realizar análisis en laboratorio”, informó en una carta al SAG el ejecutivo de Enel, Marcello Laviani.

    La multinacional envió las muestras al laboratorio especializado VetLab, con domicilio en la ciudad de Santiago. Éste concluyó que los cóndores habían sido intoxicados por la exposición a órganos fosforados, “utilizados principalmente como plaguicidas agrícolas para combatir plagas de invertebrados en los cultivos”. Aunque la sangre del cóndor adulto dio negativo a la presencia del químico, la médico veterinario Javiera Constanzo planteó que había claros síntomas de intoxicación.

    En el marco de este reportaje, el encargado del Programa de Protección de Recursos Naturales Renovables del SAG del Maule, Luis Villanueva, explicó las dificultades que tuvo el organismo para determinar el origen de los tóxicos presentes en los cóndores.

    -En este caso de la intoxicación es la empresa la que saca las muestras y las envía a un laboratorio particular para hacer el estudio. No hay ninguna intervención de funcionarios de la SAG en el análisis para la determinación de las causas. ¿Cómo se verifica la imparcialidad del informe? – consulté.

    -Nosotros no sacamos sangre, pero una veterinaria que trabaja para Enel sacó. Nos preguntó y estuvimos presentes cuando lo hizo. O sea, nos consta. Un laboratorio externo no va a mentir, sobre todo si dijo que tenía indicios de intoxicación. Hubieran dicho lo contrario, pero dijeron lo que tenía no más.

    -¿Cuáles pudieron haber sido las causas de la intoxicación?

    -Cuando encontramos animales intoxicados como zorros es porque han envenenado a animales muertos para que los perros vayan a comer, porque éstos hacen daño y depredan ganado. Hay algunos ganaderos que han hecho eso, que está totalmente prohibido. Podría ser una causa, pero con las indagaciones que hicimos no encontramos ningún indicio de alguien que lo hubiera hecho.

    -¿A este informe de la sangre se le hizo alguna revisión por profesionales del servicio?

    -No, quedó hasta ahí, porque las indagaciones de nosotros eran buscar si se encontró algún causante y si hubo alimento contaminado. A lo mejor, ni siquiera ocurrió en Chile. Un cóndor puede volar a la costa y comer allá. En un ratito está en la Octava Región y en otro tanto en la
    Pampa argentina.

    -¿Las torres de transmisión alteran la ruta de los cóndores?

    -No, los cóndores no tienen rutas definidas. Se mueven donde hay alimento. Los nidos están en los acantilados, en los riscos, y de ahí suben o bajan para alimentarse. Lo que yo he visto es que los cóndores han chocado con líneas que ni siquiera son de alta tensión, sino de media tensión, como los tendidos que tenemos aquí nosotros (en la ciudad de Talca).

    -En un comunicado, el SAG rescató algunas palabras de la agrupación Defensores del Alto Maule en cuanto a que se pueden desarrollar proyectos hidroeléctricos de buena convivencia, pero que de estos casos había que sacar lecciones, refiriéndose a los cóndores que eventualmente se han visto afectados por líneas de transmisión. ¿Usted comparte eso?

    -Nosotros hemos aprendido incluso de forma preventiva. Con las líneas de alta tensión hacemos observaciones para que las empresas presenten las mitigaciones necesarias y obligamos a que aparezcan todas estas medidas. Que se vean los cables, que muevan las líneas a sectores donde no hay tanta ganadería, o que se instalen dispositivos para que no se posen otro tipo de aves rapaces que, si son más bien de alas largas, pueden electrocutarse. Las medidas de mitigación han ido cambiando y se han ido colocando.

    Matías Rojas – [email protected]

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