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    Vía Radio Universidad de Chile / El pasado martes cerca de un centenar de familias en Calama, fueron desalojadas de sus viviendas por Carabineros, quienes junto a personas con maquinaria pesada, prácticamente destruyeron la Toma Vegas del Sailao.

    El hecho se suma a otros sucesos similares que se han registrado en ciudades del norte del país como Antofagasta e Iquique, donde inmigrantes y nacionales se unen para lograr establecerse en un terreno apartado, por años olvidado, pero que de un día para otro es reclamado por sus dueños.

    Sobre este tema, la académica Yasna Contreras, del Departamento de Geografía de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la Universidad de Chile, investigó por cinco años en esas mismas localidades, los fenómenos como la gentrificación, la movilidad residencial y la migración latinoamericana.

    Así, para la también docente de la cátedra Racismos y Migraciones Contemporáneas de la U. de Chile, es inquietante el accionar de la fuerza policial contra estas familias, que en algunos casos, por más de 15 años, han vivido en dichos predios.

    “No hay una nacionalidad vinculada a la demanda que existe hoy por el acceso a la vivienda, sino más bien, a partir del proceso migratorio, son ellos los que han visibilizado la reclamación por morada y mostrarle al Estado que las soluciones que ellos están dando son insuficientes, con escaso compromiso, especialmente en ciudades relativamente ricas, pero muy desiguales, por lo que son marginados en el acceso a una residencia”, afirmó Contreras.

    Para la académica, la opción de autoconstrucción de viviendas por parte de comités de pobladores, es válida en la mayoría de los casos. Una iniciativa que para la experta, surge debido a las irregulares iniciativas que impulsan los gobiernos de turno y que no han dado efectos positivos.

    “La autoconstrucción es una práctica que a los chilenos nos llama mucho la atención, es una costumbre de hacer territorio muy latinoamericana, entonces porqué desconocer que la autoconstrucción es una forma de habitar que no es ajena a como se ha ido construyendo este país, y eso va develando la mirada racista que tenemos, de sentirnos más ricos. Además, existe una costumbre por parte del Estado de trasmitir esta idea de propiedad de la vivienda. Una cosa es la propiedad de la vivienda y otra cosa distinta es la propiedad del suelo”, concluyó la docente universitaria.

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