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    “Me demoré de 4 a 5 años a que me autorizaran a entrar a un guillatún (ceremonia mapuche) y más de 3 años en lograr sacar una foto de un machitún, en un hospital de Carahue. Años en conseguir la confianza necesaria para poder enfocar y sacar fotos”. Esta frase resume, sólo en una pequeña medida, el tránsito de 10 años que tuvo Luis Sergio, para concretar uno de sus más anhelados sueños: poder graficar al pueblo mapuche, pero en toda su naturalidad y cotidianeidad. Dejando de lado estereotipos y postales turísticas.

    “Me puse a investigar y habían muy pocos libros fotográficos en Chile que retrataran al pueblo mapuche. Había uno muy turístico que vi en su momento y no me pareció bien, pues se notaba que las imágenes estaban manejadas. O sea, todo bien como retrato, pero esto era como la vida cotidiana de los mapuche, pero en una situación montada”, recordó.

    En el año 2004, emprendió la búsqueda. “Empecé a investigar en este afán por dar con “los últimos mapuche”, como pensaba en ese entonces. Estaba equivocado. Quería ir a un lugar que no fuera parte de la globalización, así es que partí a los lugares más recónditos de Puerto Saavedra, Carahue, y lagos Budi e Icalma (este último cerca de la frontera con Argentina)”, dice.

    – ¿Cómo estando en Perú, en tu infancia, comienza este deseo de conocer al pueblo
    mapuche?

     Yo, de muy joven, había escuchado y leído historias de lo guerreros y luchadores que eran los mapuche. Si hasta echaron a los incas. Además, cada vez que visito un país, y en Chile estoy hace varios años ya (ha trabajado para medios de prensa nacionales), siempre me nutro, veo fotografías que relaten la cultura local. Me habían hablado tanto de los mapuche, pero nunca había visto algo bien hecho… Yo quería la esencia de los mapuche, su sabiduría, su mística, sus valores, conocer ese pueblo guerrero.

    – Fue Margarita Neiculeo (Q.E.P.D.) quien te ayudó a introducirte en sus costumbres…

    Hubo mucha desconfianza conmigo, en un principio. Me miraban de forma extraña, no les gustaba mi presencia ahí. Pero ella, y es un recuerdo muy precioso que tengo, me llevó a la casa de una mujer mapuche y ella me hizo un saludo oral, que es una especie de ceremonia de bienvenida, lo que para mí fue muy hermoso. Comí, me quede en sus casas, trabajé y compartí con ellos. Este proyecto no hubiese sido nada sin la colaboración de esta hermosa gente.

     El resultado de esos 10 años de trabajo (4 años viviendo continuamente en las comunidades) se traduce ahora en una exposición denominada “Pu Mapuche” (los mapuches, en mapudungún), que tiene este viernes 9 de marzo su inauguración en el Museo Nacional Bellas Artes, exponiendo un total de 65 imágenes que detallan escenas, emociones y costumbres que, quizás, jamás se han apreciado con este nivel de naturalidad.

    – Cambio de agenda

    La elección del Bellas Artes, además, no es un dato menor, considerando que – de manera inédita- el protocolo de inauguración de exposiciones, tanto para el Bellas Artes, como incluso para el ministro de Cultura, Ernesto Ottone, quien podría estar en la ceremonia inaugural, se modificaran para adecuarse a las costumbres de los protagonistas del acontecimiento.

    Y es que en un principio se pensó en realizar la inauguración un día miércoles, o jueves, pero “estas personas no pueden dejar sus campos, ni sus animales durante la semana”, como señaló una fuente del museo, razón por la cual se determinó este viernes 9 de marzo, a las 19.30 horas.

    Así, será ocasión para vislumbrar la manera de vivir del pueblo ancestral, sus ritos funerarios, ceremonias sagradas, juegos tradicionales, sus niños, el trabajo en los cultivos e, incluso, el amedrentamiento de la policía en sus propias tierras, entre otras imágenes que maravillan por su inocente franqueza.

    Éstas serán presentadas, posteriormente en abril, en un libro denominado igualmente “Pu Mapuche”. “Este es mi tercer libro y me gusta porque me reuní con las personas indicadas para lograrlo: el que traduce al inglés, al mapudungún, la correctora, y la diseñadora, que se instruyó sobre cultura mapuche para incorporar en el diseño simbolismos mapuche”, señaló el fotógrafo y artista visual peruano.

    – ¿Siempre fueron fotos naturales o tuviste que preparar la toma en alguna ocasión? Lo
    otro ¿qué tipo de equipos ocupaste para obtener esa calidad  y naturalidad en las
    imágenes?

    No, todo natural. Lo único que preparé fueron los retratos de tatuajes relacionados con el tema mapuche, que igualmente se exponen en la muestra, pero todo lo demás fue en el preciso momento. Generalmente uso dos cámaras Canon EOS 1N de película o análoga, también dependiendo la situación uso cámaras digitales FULL FRAME 5D Mark IV, es decir, formatos completo digitales con lentes de 50mm y 35mm.

    – Luis, tras estos 10 años de trabajo junto a estas comunidades mapuche ¿cómo cambió
    tu visión de ellos, respecto a las historias que leías u oías de niño?

    Lo que más me ha marcado, creo yo, ha sido el recibimiento de la gente. Yo andaba solo, llegaba caminando. Nunca en auto, ni camioneta. Sólo bus rural y a caminar… Al primero que encontraba arando la tierra lo saludaba y le explicaba, en cierto modo, lo que estaba haciendo, que sacaría fotos, y ellos me decían “si, pero también necesitamos ayuda”. Entonces, me ponía la cámara al hombro y ayudaba a arar, a sacar las papas. Ayudé harto, comí rico y me recibieron, finalmente, con mucho agrado y ahora tengo muchas mamás mapuche, muchos amigos mapuche.

    Y añadió: “primero les tenía algo de temor. Me acercaba como reportero, pero después fui más artista y documenté. Me divertí dentro del tema. Respeté hasta cierto punto, pero después como que quería ir más allá. Y es que el mapuche no es sólo guerrero. Tiene valores, trabaja la tierra y hace muchas otras cosas. Tienen mucha mística y nacen con mucha sabiduría. Yo estudié en un lugar para ser como soy, pero ellos nacen con una cierta espiritualidad. Con una conexión inmensa con la naturaleza, con un respeto enorme hacia el otro”.

    La exposición “Pu Mapuche” estará montada en el Museo Nacional Bellas Artes hasta el domingo 6 de mayo.

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