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    Recientemente, se dieron a conocer algunos resultados preliminares de un estudio realizado desde el año 2016 sobre las causas de un intenso daño en las hojas de las araucarias. El fenómeno ha provocado la mortalidad del 2% de su población y el 90% de los ejemplares se encuentra afectado.

    “Hay un consenso más o menos general entre los expertos trabajando con Conaf en el tema que el agente causal, potencialmente, podría ser un grupo de hongos o un hongo, y también que la araucaria, a lo menos en la última década, ha estado sometida a un estrés (hídrico) muy fuerte, lo que ha hecho al árbol más vulnerable”, expuso a El Mercurio Freddy Noehmwald, biotecnólogo y coordinador de bioproductos de la Universidad de California Davis Chile, una de las instituciones involucradas en la investigación.

    El estudio se basó en la toma de muestras de plantas sanas y enfermas, la comparación de las poblaciones y la abundancia de microorganismos asociados. “Encontramos una perturbación importante del microbioma, es decir, el conjunto de microorganismos que son necesarios para la salud de las plantas”, apuntó Noehmwald.

    Dentro de las hipótesis que se manejaron como causantes del daño foliar, se habló de una enfermedad asociada a los insectos. También se evaluó la posibilidad de que el agente detonante fueran bacterias. Finalmente, concluyeron que se trataba de hongos, claro que dentro de este grupo hay 14 tipos que podrían generar la enfermedad.

    Lo que sí pudo determinar el estudio es que la presencia de hongos fue promovida por el debilitamiento de los árboles, condición atribuible a una “megasequía de siete años”, de acuerdo a Freddy Noehmwald.

    Hongos bajo la lupa

    Según El Mercurio, en el centro Bioforest lograron aislar uno de los hongos que aparece de forma más recurrente. En uno de los muestreos, de 52 ejemplos, 21 corresponden al mismo tipo.

    Pese a estos hallazgos, Rodrigo Ahumada, ingeniero forestal de Bioforest, sostiene que la aplicación de químicos para tratar a los ejemplares afectados sería una opción en casos puntuales. En contraste, plantea seleccionar material genético más tolerante al problema, por lo que habría que reforestar con araucarias más resistentes.

    Desde la Conaf, en tanto, indicaron que el organismo “cuenta con recursos anuales del orden de $160 millones para el trabajo de detección del agente que causa el daño foliar a la araucaria”, según afirmó José Manuel Rebolledo, director de la institución.

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