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    Con 26 años Ninoska Medel Soazo fue la única chilena invitada al Segundo Simposio Internacional de Mujeres Directoras orquestales llevado a cabo en octubre pasado en Montevideo, Uruguay. Fue la encargada de cerrar la última jornada de exposiciones de representantes de países como Brasil, Argentina, Francia, Estados Unidos e Israel, entre otros, con su ponencia Música en espacios de lucha: ola feminista universitaria. Su participación en el evento no fue cubierta por ningún medio chileno.

    Entre la extensa y variada experiencia de Ninoska, es posible mencionar sus cargos como directora de la Orquesta y Coro de Mujeres, formada por alumnas y egresadas de distintas casas de estudio de las universidades de Santiago; de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Aysén y de la Orquesta de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, formada por estudiantes y egresados de la casa de estudios. Además, forma parte del equipo de coordinación de la Orquesta Sinfónica Estudiantil de la misma facultad.

    En su casa de Pudahuel nadie tocaba ningún instrumento, sin embargo, desde niña le encantó escuchar música y ver cómo la gente los ocupaba. “Como todo chileno partí tocando guitarra popular, guitarra ‘fogatera'”, recuerda. Había pedido por años una hasta que por fin a los 9 se la regalaron. Tras integrar un conjunto instrumental en el colegio al que asistía, audicionó exitosamente para formar parte de un proyecto de la Fundación de Orquestas Juveniles Infantiles. Eligió el violín.

    Ninoska durante su exposición en el simposio internacional en Uruguay

    Cuando tenía 15 años asistió de oyente a un seminario de dirección para orquestas juveniles, lo que la motivó a plantearse algunas interrogantes que serían clave para su desarrollo personal y profesional. “Primero pregunté si yo podía ser, por ejemplo, médico y violinista; me dijeron que sí. Luego si podía ser médico y directora de orquesta; me dijeron que no”, relata. Que había que estudiar demasiado, tener práctica orquestal, saber mucho de historia, etcétera, eran los supuestos impedimentos para llegar a ocupar ese lugar. “¿Y hay mujeres directoras?: No. Bueno, ahí me decidí”, apunta.

    Dirigir como ‘maricón’, dirigir como mujer

    La opción de Ninoska de iniciar estudios profesionales para convertirse en directora fue una suerte de porfía, de insolencia frente a una discriminación completamente naturalizada en ese ámbito artístico. “La dirección es una carrera súper machista, misógina, clasista, elitista, racista… ¿Has visto un director de orquesta negro?… Yo no tenía plata, ni el apellido, está el lugar geográfico donde nací, y además era mujer. Entonces elegí la carrera”, rememora.

    En Chile hay una sola mujer que hoy está haciendo carrera internacional como directora de orquesta, Alejandra Urrutia. “Estoy segura que es culpa del machismo y del patriarcado porque es un cargo de poder súper visible. Yo sé que hay jefas, gerentas y dueñas de empresas, pero no son visibles, firman, no están tan expuestos como en esta carrera. Hay solistas, violinistas tremendas, pero no directoras, porque los directores son líderes visibles de un grupo donde la mayoría son hombres, haciendo música de hombres y diciéndoles cómo tocar algo que compuso también un hombre, como el 99,9% de las obras escritas. Eso es machismo”, explica Ninoska.

    La joven aclara que no se trata de un desinterés de parte de las mujeres por acceder a ese cargo. Ella misma trabaja con orquestas juveniles e infantiles y al menos el 70% de sus integrantes son alumnas. El problema, dice, es que a raíz del mismo machismo muchas desertan. “Las van coartando. Tú sabes que nosotros empezamos a estudiar desde niños y pasan cosas y probablemente la mayoría de las niñas cuando eso ocurre desertan. Los chicos pueden continuar, pero una niña  acosada… Nosotros no tenemos clases con 100 personas. Estamos encerrados en una sala con un profesor y eso es fuerte”, grafica.

    Un hostigamiento cargado de un profundo machismo que Ninoska vio y sufrió desde pequeña en el mundo de la música. “Cuando estaba en los cursos cuando niña yo escuchaba que el maestro le decía a los directores que no dirigieran de tal manera porque eso era ‘muy amariconado’. A mí se me dijo en algún curso ‘oye, eso es súper maricón, pero no importa porque eres mujer”, recuerda.

    Tenía unos 22 años cuando ocurrió un episodio que la afectó directamente a ella. “Seguramente no dirigí bien, simplemente eso; o tal vez sí lo hice correctamente, pero no lo suficiente para lo que se espera del nivel artístico, me imagino, y me dijo: ‘Sabes que está bien, pero te sale como mujer’… yo lloré”, rememora hoy. La directora estudió y volvió a dirigir y ahí fue “felicitada”: “Qué bueno, muy bien, felicidades. Ya nadie va a poder decir que diriges como mujer”, la “elogiaron” esta vez.

    Afortunadamente, añade la violinista, ese profesor cambió. Volvió a tomar clases con él y nunca más le hizo un comentario ni siquiera cercano al machismo. “Lo admiro un montón porque él sí recibió una formación muy conservadora y cambió, entendió, y eso me da mucha esperanza en la carrera”, reflexiona.

    Pero una golondrina no hace verano y, por ejemplo, según ejemplifica la violinista, todavía en clases para referirse a una frase musical que acaba en un tiempo fuerte se usa el término técnico “final masculino”; en el caso contrario, cuando es débil, se utiliza el de “final femenino”.

    Formación y visibilización contra el machismo

    Como probablemente haya ocurrido con muchas mujeres que se permearon en estos últimos años del feminismo, para Ninoska fueron clave aquellas chicas con las que interactuaba a través de redes sociales. “Estoy muy agradecida de ellas. De las que comparten publicaciones, escritos, eventos, reflexiones, que yo nunca me animé a hacer, pero las leía en silencio; tal vez di algún like por ahí”, cuenta. “Yo me di cuenta hace un par de años no más, reflexioné sobre esos comentarios que quedaban en el inconsciente; yo era niña y escuchaba esas cosas y quería ser directora. Y quizás cuántas niñas fueron de oyentes y escuchaban esas cosas y no siguieron”, suma Medel respecto a aquellos hechos o cuestionamientos que la llevaron a abrazar la causa feminista.

    “Hay que hacer algo. Yo no voy a cambiar el mundo, pero si puedo aportar en mi área -que igual es súper específica, donde hay un poder visible en cuanto a la dirección de orquesta- yo creo que tengo que trabajar por ello”, sostiene Ninoska.

    Un aporte que, explica, se puede hacer desde la formación, porque como directores y directoras también realizan una labor pedagógica, sobre todo cuando se trata de orquestas infantiles, como es su caso. “Hay que formarlos de manera empoderada. ¡No se les puede seguir diciendo a un artista que está sonando ‘amanerado’, como ‘maricón’, no se puede! Hay que empoderarlos, sobre todo a las chicas”, apunta en ese sentido.

    Junto con ello, destaca, resulta imprescindible la tarea de visibilización del trabajo de las mujeres en su ámbito. “Tiene que ver con dar cuenta de una realidad que está sucediendo. Si yo no publicaba que había tenido un concierto hermoso con niños de Coyhaique, de zonas aisladas y con tantas niñas tocando, claro que yo era responsable de que eso estuviera invisible”, ejemplifica.

    “Invitémoslas a todas”

    Tras terminar de dirigir un histórico concierto en el patio principal de la Casa Central de la Universidad de Chile, en medio de la Toma Feminista, Ninoska Medel tomó el micrófono y habló. “Me encantaría que uno de mis maestros que me dijo que estaba dirigiendo bien, así que nadie iba a poder decir que yo dirigía como mujer, estuviera en este concierto y me viera dirigir como mujer”, espetó. La ovación fue rotunda, pues no hacía otra cosa que dar cuenta de lo que ha significado para ella y muchas otras mujeres realizar su vocación artística en un ámbito patriarcal como ese.

    Era un momento muy especial en la Universidad de Chile. Estaban encabezando un movimiento feminista histórico, con un petitorio unificado de todas las mujeres de la Chile y había un espíritu compartido de trascender más allá de las paredes de la Casa de Bello. Fue entonces que en una asamblea Ninoska decide intervenir y plantear su idea de que esta vez se debía hacer de manera distinta, marcar un hito. “Hay que mostrar unión y qué mejor que hacerlo a través de la música”, les planteó a sus compañeras. “Les encantó la idea y les dije ‘ok, hagamos una orquesta de mujeres, toquemos música hecha por mujeres o con temáticas de mujeres. Invitémoslas a todas”, les propuso.

    “El solo hecho de ver una orquesta de mujeres, con una directora, ya no está bien, ya es raro, algo pasa. Independiente de que estemos tocando Los pollitos dicen, ya es protesta”, reflexiona la violinista.

    En total fueron 50 músicas más el Coro de Mujeres y un grupo de Danza que se les unió para la interpretación de Gracias a la vida de Violeta Parra. Tocaron la ópera Carmen, que habla de un femicidio y fue escrita por un hombre; también el himno de la Universidad, al que le cambiaron el texto: egresada, maestra, funcionaria, se oyeron por primera vez en esa simbólica creación. “Fue hermoso, interdisciplinario. Nunca había tenido un público tan prendido. ¡Puras mujeres!”, recuerda con euforia hoy Ninoska Medel. “Para mí fue el concierto más importante de mi vida”, sentencia la directora orquestal.

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