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    Durante la madrugada del 8 de enero, el periodista de TVN, Mauricio Bustamante, sufrió un asalto en su domicilio, ubicado en la comuna de Lo Barnechea. El lector de noticias del canal público fue golpeado en la cabeza y amenazado para que entregue los objetos de valor que habían en su hogar.

    Así describió los hechos Matías del Río, conductor del noticiero central de TVN: “Anoche, mientras dormía, cuatro delincuentes entraron a su casa en la comuna de Lo Barnechea. Lo amarraron, junto a su mujer y un hijo de 14 años, en el dormitorio matrimonial. Sufrió una fractura y varias contusiones de cuidado, pero lejos lo que más lo afectó, como a cientos de familias chilenas, es esa sensación de vulnerabilidad ante la delincuencia”.

    Posteriormente, se emitió una nota que pretendía reconstruir los hechos, para luego conversar con el propio Bustamante, quien aprovechó de plantear la pregunta acerca del papel de los medios de comunicación en el tratamiento de la delincuencia.

    “De lo que sí estoy seguro es que no voy a subir las rejas, no voy a comprar pistola, porque yo creo que entre todos tenemos que reflexionar; entre los que compran cosas robadas, entre los que venden cosas robadas, entre los que roban, qué estamos haciendo mal entre todos. Qué estamos haciendo, tal vez, no correcto en los medios de comunicación, de cómo enfrentamos también estas historias”, sostuvo mientras era entrevistado.

    ¿Qué pasa con la delincuencia en los medios de comunicación y, particularmente, en la televisión? ¿Qué tanto incide la televisión en la construcción de realidad sobre ciertos fenómenos sociales, en este caso, la delincuencia? ¿Qué usos y apropiaciones le dan los usuarios de la televisión a este tipo de contenidos?

    “Los malos son muy malos, los buenos son muy buenos”

    “En general, si uno revisa los noticieros abiertos en televisión, el grueso de las noticias que van a emitir son sobre el ámbito policial y, específicamente, sobre la delincuencia. Eso implica que hay una gran cobertura de este tipo de temas y casi sin importar el grado de violencia de los mismos”, comenta Lorena Antezana, académica del Instituto de la Comunicación e Imagen (ICEI) de la Universidad de Chile. 

    Lorena Antezana

    La doctora en Información y Comunicación de la Universidad Católica de Lovaina explica que “si uno mira otros noticieros en el mundo, por ejemplo en Brasil, hay cosas como los portonazos que jamás aparecerían en un noticiero, porque se ve como un delito menor. Pero como en Chile no hay una tasa tan alta de crímenes, comparativamente con otros países, ni además son de tanta violencia, se trata de llenar esa parrilla con el desarrollo de estas noticias”.

    Pero no se trata solo de su contenido, sino que también de la estrategia narrativa para presentar los asuntos relacionados con la delincuencia. Según explica Antezana, “estas noticias son presentadas desde una lógica narrativa clásica, es decir, los malos son muy malos, los buenos son muy buenos. Hay una simplificación de los roles que cada persona cumple y se presentan siempre como hechos específicos en que hay un sujeto muy malvado que hace algo en contra de un sujeto que es muy bueno”, expone.

    “Si uno piensa un noticiero televisivo como una plataforma que te vincula con la realidad de allá afuera, pareciera que los delincuentes que son seres muy malos, que además son malos por ellos mismos. Es decir, como sujetos aislados y no se ve que muchas veces esto está asociado a problemas sociales mayores y que la realidad es mucho más compleja que la simplificación que se hace en la noticia”, añade la académica del ICEI.

    De acuerdo al estudio del Consejo Nacional de Televisión (CNTV), denominado “Tratamiento de los Noticieros de delitos contras las personas: víctimas y victimarios” (2013), los usuarios de la televisión consideran mayoritariamente que a los acusados se les trata como culpables del delito de forma “muy frecuente” (46%). Un 25% expresó que ese tratamiento es “intermedio” y un 28% dijo que era “nada frecuente”. 

    “De alguna manera, esa simplificación de la realidad o incluso el tema de la estereotipación, nos permite saber cómo enfrentarnos a ese afuera. Si uno se fija, esto estereotipos que están vinculados al sujeto delincuente, van a ir configurando una realidad. Es decir, pasamos del caso aislado a una montonera de casos que después, en resumen, me da una especie de perfil, que es el mismo que van a usar las policías. ¿A quiénes va a detener Carabineros en la calle? ¿Cuál va a ser su prototipo de sujeto sospechoso? Va a ser muy parecido a aquel que presenta las noticias”, indica Lorena Antezana.

    Imágenes que dejan huella

    En el mencionado estudio del CNTV, también se consulta a los encuestados por las razones para ver noticias de delitos. Un 54% respondió que era “para conocer la realidad o lo que pasa en el mundo”, lo cual entrega algún indicio para comprender el poder de las imágenes televisivas.

    En este sentido, la académica describe que “a nivel de la televisión, cuando uno tiene una imagen de alguna representación, estas imágenes se fijan como una huella y después esas huellas son muy difíciles de cambiar, cosa que no ocurre con la letra”.

    A modo de ejemplo, establece que “cuando uno lee un libro y no ha visto la película del libro, uno se imagina un personaje y otra persona va a imaginar otro personaje, incluso con la misma descripción. Si es que uno ve la película, la descripción que tú tenías se va a cambiar por la de la película y nunca más va a poder ser distinta a esa, porque la fijación de la imagen es mucho más fuerte que la fijación de la palabra. La imagen, en vez de ampliar el mundo, lo que hace es reducirlo y estas categorías son comunes, porque con constructos sociales”.

    Llevando este argumento al tema de la delincuencia en la televisión, Antezana explica que “si uno tiene el mismo tipo o perfil de sujeto delincuente; joven, hombre, tal vez de estrato socioeconómico más bajo, que tiene una determinada indumentaria o un determinado fenotipo o un corte de pelo, voy rigidizando esa construcción visual. Entonces, cualquier persona, si va caminando por la calle y se encuentra con dos o tres personas que tienen este fenotipo, van a sentirse perseguidos. O si los carabineros se encuentran con una persona que tiene esas características, le van a hacer un control preventivo”.

    Lo que pasa y lo que percibo

    Además de la versión de la realidad expuesta en los medios de comunicación y, particularmente, en la televisión, las encuestas y estudios de opinión también constituyen insumos de información que dan cuenta de la percepción que la población residente en el país tiene sobre la delincuencia.

    En el Índice de Victimización elaborado por la fundación Paz Ciudadana, se indica que la proporción de hogares que ha sido víctima en los últimos 6 meses de robo con y sin violencia, tanto fuera del hogar como adentro, alcanza al 39,5%.

    Siguiendo la última Encuesta Nacional Urbana de Seguridad Ciudadana, desarrollada por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la tasa de victimización en 2016 fue de 27,3%. Este registro incluye robo con violencia e intimidación, robo con sorpresa en las personas, robo con fuerza en la vivienda, hurto, lesiones, robo o hurto de vehículos y desde vehículo.

    La misma medición consulta a los encuestados acerca de su percepción sobre el aumento de la delincuencia en los últimos 12 meses. Un rotundo 85,0% respondió afirmativamente. ¿Cómo se explica esta brecha entre lo que sufren las personas y lo que perciben?

    “En general, las investigaciones que hemos visto es que a medida que la violencia o los índices de delincuencia en otras mediciones va disminuyendo, la sensación de victimización de las personas va aumentando y eso es absurdo, porque uno dice que estamos en el mismo país y, sin embargo, los números dicen que hay una reducción en los índices de violencia, pero las personas se sienten cada vez más inseguras. Ese es precisamente el papel de los medios”, precisa Lorena Antezana.

    La investigadora agrega que “si uno tiene un noticiero que tiene media hora todos los días de noticias policiales, si es que uno amanece y los noticieros de la mañana, cuando uno se está levantando, lo primero que muestran son noticias sobre violencia o delitos, por supuesto que tu construcción en relación al tema se amplifica, porque hay una sobreexposición de noticias vinculadas con este tipo de situaciones”.

    De hecho, el estudio del INE muestra que la principal fuente de información respecto del nivel de delincuencia son las noticias en televisión (51,8%).

    Incluso, la última Encuesta Nacional de Televisión concluye que “los temas más recordados por el público están, en general, asociados con situaciones violentas o que son susceptibles de recibir un tratamiento de mayor espectacularización en la pantalla”. En este sentido, los tipos de noticias que más recordaron los consultados se relacionan con “catástrofes y desastres naturales” (21,4%) y con “delincuencia y policial” (13,8%).

    Una debilidad por la delincuencia

    En un debate televisivo ocurrido en 2008, entre el entonces vocero de Gobierno, Francisco Vidal, y el periodista Matías del Río, sobre la sensación de inseguridad que producen los noticieros, quien era conductor de “Última Mirada” señaló que “este canal ha recogido un sentir ciudadano” para justificar la tendencia de Chilevisión por los temas vinculados a la delincuencia y la crónica roja.

    Si uno sigue la justificación del hoy rostro del noticiero central de TVN, encontraría que las personas manifiestan que solucionar la delincuencia debería ser la primera prioridad del país, según el 27% de las menciones que arroja la última Encuesta CEP.

    Desde el punto de vista de la demanda televisiva, las mediciones también darían cuenta del hambre de los espectadores por contenidos asociados a la delincuencia y las informaciones policiales. En la Encuesta Nacional de Televisión del año 2014, un 23,7% de las personas declaró que le parecía “poca” la cantidad de tiempo que los noticieros dedican a estos temas. Un 52,6% manifestó que le parecía adecuada y un 21,3% sostuvo que es mucha.

    Sin embargo, para la académica Lorena Antezana, hay elementos adicionales que permiten entender la predilección de los noticieros por este tipo de contenidos y que se relacionan justamente con las cualidades narrativas de los sucesos delincuenciales presentados en la televisión abierta.

    “Según lo que los canales creen y por los datos que reciben de rating, se supone que ese tipo de público quiere alimentarse de ese tipo de notas. ¿Por qué? Lo que viene antes de las noticias centrales, en general, son telenovelas. Ahí estamos enfrentados, como telespectadores, a una historia ficcional que trata, o bien sobre el drama o la comedia, pero donde hay héroes y villanos. Si yo tomo el material policial, yo tengo la misma materialidad. También tengo héroes, también tengo villanos; también tengo víctimas y victimarios. Por lo tanto, puedo seguir dándole a las personas en otro formato, esta vez de realidad, una dosis de lo mismo que ya estaban visionando, porque así mantengo la audiencia de la telenovela para el noticiero televisivo. Entonces, es una estrategia de captación de audiencias”, asevera la investigadora del ICEI.

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