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    Romilio Espejo es el nombre del Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas 2018. El bioquímico de la Universidad de Chile integra la Academia Chilena de Ciencias y el equipo de investigadores del Instituto Chileno de los Alimentos (Inta) de la Casa de Bello. Pese a que trabajó en la industria salmonera, generó una crítica opinión respecto de los procedimientos que utiliza en su producción.

    “Debo confesar que trabajé un tiempo con la industria de salmones, y fue un desencanto, porque primero te presentan el salmón como un pez que viene de la naturaleza, limpio y sano, y no es así. Como estos peces crecen aislados de toda la naturaleza no pueden adquirir las bacterias normales, entonces teníamos un proyecto sobre cómo darles eso para hacerlos más sanos. Pero fui aprendiendo que para producir un kilo de salmón se requieren entre tres y cuatro kilos de pececitos, o sea mejor nos comemos los peces, pero los pececitos chicos no son un negocio, y el salmón sí”, afirmó a fines de agosto al diario La Discusión.  

    Espejo reside en Buchupureo, localidad ubicada en la comuna de Cobquecura. En este último lugar, la empresa Inversiones Pelicano S.A. pretende instalar un centro de cultivo, lo que ha despertado una fuerte resistencia ciudadana.

    Al respecto, el Premio Nacional dijo a La Tercera que el funcionamiento de la planta de salmónidos “traerá daño al turismo, valor principal que supera ahora con creces la agricultura, al afear el escenario y contaminar las playas. ¡No me agrada la industria salmonera! Existen prácticas denunciadas desde hace muchos años que solo ahora empiezan a reconocerse. Por cada kilo de salmón producido se utilizan 3 a 5 kilos de pescado. ¡Si aprovecháramos ese pescado para consumo humano aumentaríamos la producción acuícola de pescado para consumo humano tres a cinco veces!”.

    Romilio Espejo

    “Me gustaría ver más ciencia aplicada enfrentar desafíos como estos, en lugar de estar orientada, como ocurre actualmente a obtener un mayor rendimiento, además para resolver problemas obteniendo un mejor conocimiento sobre la biología y ecología. Creo que en esta forma se lograrían mejores soluciones, aunque no produzcan utilidades inmediatas a las empresas”, agregó a LT.

    En diálogo con La Discusión, sostuvo que “hay lugares en el sur que parecen territorio bombardeado, donde han explotado salmones y después se han ido, y han dejado todas esas cosas tiradas. Es el turismo el que da trabajo, los únicos beneficios serán para los dueños que exploten eso. Apoyo totalmente al movimiento Todos Somos Cobquecura, no puede ser que se instalen salmoneras en su mar”.  

    “La acuicultura no es sustentable –expuso Romilio Espejo en el medio regional–.  Es mucho más sustentable que aprendamos a comer todos esos pececitos chicos. Además, las condiciones de explotación del salmón acá son muy distintas de lo que se usa en Estados Unidos, Canadá o Noruega. Por ejemplo la concentración de peces en las jaulas es  cinco veces superior acá en Chile, como están tan aglomerados, hay tanta densidad de individuos tan cerca, que se contagian fácilmente, si uno se enferma, contagia a todos los demás, entonces qué es lo que hacen, tiran antibióticos, y están usando una cantidad de antibióticos mil veces más de lo que  ocupan en Noruega. Y esto es porque la ley chilena lo permite”.  

    Los daños de la industria

    En julio pasado, 700 mil salmones se fugaron de un centro de cultivo, perteneciente a la empresa Marine Harvest, ubicado en la comuna de Calbuco, región de Los Lagos. La ONG ambientalista Greenpeace comparó la situación con “una plaga de más de 140 millones de ratones” y alertói acerca del peligro que representaban los ejemplares fugados por la cantidad de antibióticos en su organismo, cerca de dos toneladas, lo que representa un cuarto del total de los antibióticos que consumen todos los habitantes de Los Lagos en un año y es igual a lo que emplearía toda la salmonicultura de Noruega en cuatro años, según datos de la organización.

    “Parece que no hay una real dimensión del daño que se ha generado con este escape. En Estados Unidos una fuga de 200 mil salmones selló la suerte de la salmonicultura en Washington y acá recién hemos conocido una denuncia interpuesta por Sernapesca en contra de la empresa. Estamos seguros que la reacción de las autoridades sería muy distinta si es que estos más de 140 millones de ratones anduvieran por las calles de Santiago y no bajo el agua en la región de Los lagos”, criticaba Estefanía González, coordinadora de Océanos de Greenpeace, tras conocerse la masiva fuga.

    Por otro lado, el Foro para la Conservación del Mar Patagónico indicó que en Chile se han registrado fugas de un millón de salmones con recapturas que, en general, no superan el 2%.

    La instancia puso el acento también en el significativo uso antibióticos, antiparasitarios y otras sustancias químicas en la industria nacional. Según sus estimaciones, el uso de antibióticos en los salmones chilenos supera en más de 36.000% a la cantidad utilizada en Noruega.

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