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    En segundo trámite constitucional se encuentra el proyecto de ley que reconoce al pueblo chango como etnia indígena de Chile, luego de ser aprobado en la Cámara de Diputados. La iniciativa introduce un cambio en la ley 19.253, texto que actualmente valida la existencia de las etnias mapuche, aimara, rapa nui, atacameña, quechua, colla, diaguita, kawashkar y yagán.

    La educación escolar suele presentar a los changos como pueblo extinto. Sin embargo, ignora que se trata de un grupo prehispánico caracterizado por ser biológicamente diverso, pero vinculado por prácticas comunes, asociadas a la explotación del borde costero. Este último rasgo fue relevado en la exposición realizada por Felipe Rivera Marín, representante de la Agrupación Cultural Changos Descendientes del Último Constructor de Balsas de Cuero de Lobo, ante la comisión de Derechos Humanos del Senado.

    “Nosotros vivimos del mar. Nuestros tíos, hermanos y primos son buzos mariscadores, pescadores recolectores de orilla. Nuestras tías son recolectoras de algas, excepcionales cocineras. Nuestros abuelos fueron buzos escafandras y pescadores de espineles. Nuestros bisabuelos fueron pescadores constructores de balsas de cuero de lobo y nuestros anteriores ancestros eran cazadores recolectores nómades”, señaló el dirigente de caleta Chañaral de Aceituno.

    Felipe Rivera Marín.

    Rivera relató a los parlamentarios y al ministro de Desarrollo Social, Alfredo Moreno, que el tronco de su familia proviene de los fundadores de la caleta: El “Chango Robert”, Roberto Álvarez, y Juana Hidalgo, quienes en 1912 se establecieron en el lugar. “Estos abuelos nuestros vivieron toda su vida de lo que la mar les entregó, y de lo que cabras le podían dar en los años buenos… la leche, la carne, el queso, la piel”, precisó.   

    A esto añadió que “ellos tuvieron una holgada descendencia, entre quienes son buzos mariscadores, pescadores, recolectoras de orilla, constructores de balsas y en otras épocas cazadores de lobos y crianceros de cabra”.

    La pareja Álvarez-Hidalgo comenzó a recibir personas interesadas en el sector, dando inicio a una serie de eventos que reafirman la vigencia cultural de los changos. Uno de los visitantes fue el arqueólogo Hans Niemeyer. A partir de su encuentro con los fundadores de caleta Chañaral de Aceituno, se concretó en 1967 la construcción de la última balsa de cuero de lobo que se tenga registro, donada posteriormente al Museo Arqueológico de La Serena, donde se encuentra hasta el nuestros días. “Tal encuentro entre Álvarez y Niemeyer, significó contar hoy, con un notable argumento material que da cuenta de un proceso de revitalización del pueblo chango”, señaló Felipe Rivera.

    Caleta Chañaral de Aceituno.

    En la década de los ochenta, el investigador Roberto Páez realiza un registro testimonial sobre la forma de vida que tuvo el “Chango Robert”, “la cual se basaba en la pesca de la jerguilla con red de enmalle, en la recolección de mariscos de peña, en los viajes a Isla Chañaral a pasar temporadas con el ganado de cabras, en el intercambio de pescados y mariscos con los ‘Huascoaltinos’ por productos del valle”, según describió su descendiente en el Senado.

    Por esos años, también se publicó el artículo “Evolución de los géneros de vida de un sector costero del semiárido”, donde se hace una revisión a través de fuentes primarias y secundarias, sobre el proceso de poblamiento desde el sector caleta Chañaral de Aceituno hasta Chungungo.

    Incluso, el hijo menor del “Chango Robert”, Oriel Álvarez, publicó en el año 2003 el libro El Último Constructor de Balsas de Cuero de Lobo, que aborda las formas de vida que tuvo su padre y que fueron heredadas a sus hijos.

    Pasado y presente en la recolección de recursos marinos en la zona.

    El dirigente recordó que en el año 2014, la familia Álvarez-Hidalgo participó en la Consulta Indígena para la creación del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, instancia que estableció el compromiso, por parte del Estado, de impulsar “el reconocimiento de los pueblos preexistentes, como por ejemplo, el pueblo Chango”.

    Felipe Rivera Marín valoró el paso que dio el proyecto en la cámara baja, pero advirtió que “este relato de postergación histórica, no puede quedar en el camino. Como sociedad debemos devolverle al pueblo chango su dignidad, ya que por siglos hemos sido los olvidados de la historia, que nos calificó de extintos, los que discriminaban por sus olores a pescados y a mariscos, por andar semi desnudos en los litorales del norte de Chile, gente que sin embargo, alimentaban y alimentan a miles de familias”.

    “Hoy cientos de caletas, con miles de pescadores, continúan realizando la tarea histórica de proveer de alimento a nuestra sociedad, pero sin la dignidad y respeto que merece cualquier ser humano de esta tierra”, remarcó el dirigente.

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