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    Con la carrera electoral finalizada y a días de que el 2017 pase a la historia, los balances y proyecciones vienen a ser la orden de esta semana. Y en esta dinámica el ex coordinador de la campaña presidencial de Beatriz Sánchez, Sebastián Depolo (RD), es claro en señalar que los resultados de la primera y segunda vuelta presidencial otorgan al Frente Amplio la responsabilidad de darle conducción a la oposición al gobierno de Sebastián Piñera desde marzo próximo.

    Para ello cree que es imprescindible iniciar desde ya la disputa cultural y del sentido común a la derecha para tener alguna posibilidad electoral en los desafíos que se presentan en el futuro. En este sentido, en conversación con  El Ciudadano Depolo explica que “estamos obligados -repito- a acelerar el proceso de maduración acelerada en el FA, dejar de lado ciertas diferencias, que a mi juicio son artificiales, porque el adversario político es la derecha y esta cuenta con todo el poder”. 

    Así, el desafío se encuentra en lograr conducir a la oposición al gobierno de Sebastián Piñera, considerando la profunda e inmovilizante crisis que vive la centro izquierda, por lo que Depolo establece que esto permitiría que “mucha de la base de los partidos de izquierda de la Nueva Mayoría verán al FA como una mejor opción y espero que se identifiquen con el liderazgo de nuestra bancada parlamentaria”. 

    Finalmente, y en razón de que los principales problemas de la interna frenteamplista se relacionan con el choque de las múltiples visiones de las fuerzas que lo componen, cree que se deben potenciar todos los liderazgos que se han generado en este período. “El liderazgo de la oposición debe ser asumido por nosotros. Si no hacemos esto, la derecha puede crecer mucho más de lo que es ahora”, advierte.

    Ya pasadas las elecciones, ¿queda la sensación de que al FA le faltó cintura entre primera y segunda vuelta? 

    Lo primero que quiero señalar es que el Frente Amplio es una coalición nueva que tiene que madurar aceleradamente, porque el respaldo ciudadano nos obliga a ello. Entre primera y segunda vuelta hicimos lo que pudimos dentro del espacio interno de las orgánicas que componen el FA, las que aún son frágiles. Pero, a la vez, hicimos algo muy importante, que fue integrar a la gente en la toma de decisión y cuyo mandato era no involucrarnos excesivamente en esta elección porque no nos correspondía; que hiciéramos una crítica profunda a la derecha y que dejáramos en libertad de acción a los votantes. Eso es lo que decían las actas de los encuentros que se realizaron en todo el país.

    Pero queda la imagen de falta de determinación

    Si miramos a la distancia podemos decir “ojalá tengamos mecanismos más rápidos de decisión” y que nos permitan hacer más política, lo que creo es una crítica razonable en esta pasada… Fortalecer la base, pero que se nos permita actuar más políticamente para incidir de manera concreta en el escenario político.

    Los resultados de primera vuelta visten al FA con trajes de actor político. ¿Cómo se asume dicha responsabilidad en estos momentos? 

    Esa labor hay que construirla rápido. El gobierno de Piñera va a entrar con mucha energía y los “vecinos” de la Nueva Mayoría están en una crisis muy profunda, por lo que al FA le tocará la responsabilidad de coordinar esa oposición. Sería un error estratégico que nos pusieramos a pelear sobre quién es más opositor a Piñera, porque eso haría avanzar la agenda de la derecha. Entonces, hay que llegar rápidamente a concretar un acuerdo -al menos- táctico en el Congreso con las fuerzas de la izquierda de la Nueva Mayoría que nos permitan detener, dialogar y cambiar el rumbo de las cosas más perjudiciales que pueda proponer este gobierno.

    Eso implica realizar ajuste en el funcionamiento del bloque

    Estamos obligados -repito- a acelerar el proceso de maduración acelerada en el FA, dejar de lado ciertas diferencias, que a mi juicio son artificiales, porque el adversario político es la derecha y esta cuenta con todo el poder -político, ejecutivo y de los medios de comunicación-, por lo que debemos tener una estrategia de ofensiva hacia la ciudadanía para disputar el sentido común y lo negativo que el gobierno de Piñera pueda presentar.

    ¿Combinar la propuesta del FA con pragmatismo? 

    Claro, cuando la ciudadanía te dice: “bien ustedes, tienen el 20% de apoyo, 20 diputados y un senador” también te dice que no somos gobierno. Nosotros perdimos en la primera vuelta y los que apostamos a apoyar a Guillier también perdimos, hay que asumir eso y decidir qué espacios de nuestro programa podemos defender desde la posición de oposición. Esto, más allá de lo institucional, sino que también desde la movilización social, que es de donde venimos. Por eso insisto: sería una error estratégico no coordinar una articulación entre el movimiento social, el Frente Amplio y las fuerzas de izquierda de la Nueva Mayoría.

    Eso tiene el riesgo de mimetizarse. ¿Cómo se evita que se confundan en la oposición, cuando por necesidad en el anterior gobierno la Concertación o Nueva Mayoría asumió demandas sociales sin darle la respuesta requerida cuando fueron gobierno? 

    Mientras mantengamos la unidad de propósitos y orgánica dentro del FA, la crisis estará en la Nueva Mayoría. Su descomposición va a seguir y los puede llevar a un estado de inmovilismo, sin conducción y eso les va a tomar tiempo. El FA, que está más unido, con una propuesta sólida, que sí puede estar tanto en la calle como en el Congreso, va a tener que ser un actor relevante. Lo que va a suceder es que la mucha de la base de los partidos de izquierda de la NM verán al FA como una mejor opción y espero que se identifiquen con el liderazgo de nuestra bancada parlamentaria.

    ¿Hay puntos mínimos para llevar adelante una política de alianzas? 

    No se ha conversado de manera formal, pero creo que debe ser proyecto a proyecto y dependerá de lo que presente el Ejecutivo.

    ¿Cuál es el gran peligro de la derecha en el poder: que se quede ocho años?

    Lo que más me preocupa es que ellos instalen desde el gobierno, los empresarios y los medios de comunicación -que es la triada de poder hegemónico que ejerce la derecha-, que Chile no necesita más cambios y que la gente está feliz con el modelo, que vamos todos al mall y al consumismo o endeudamiento. Creo que si lo logran, las posibilidad de que el FA sea gobierno el 2022 se reduce, porque se va a instalar en el sentido común que Chile no necesita cambios. Entonces, lo que de debemos hacer es una oposición muy firme a Piñera, dialogante en lo que haya de dialogar, muy convocante y relacionada con la ciudadanía. El riesgo más grande es que el sentido común se derechice, lo que ya pasó de alguna manera en la mayoría electoral que consiguió en la segunda vuelta. Dicha mayoría no es social y será nuestra pega mantenernos en la disputa cultural del sentido común de los chilenos.

    ¿Esta batalla cultural o de ideas es una señal de que la transición está bajando la cortina?

    Los procesos sociales y culturales no son de un día para otro, son escinsiones leves. El imperio romano no cayó en un día, fue debilitándose hasta terminar de caer. Yo tengo esperanza que desde el FA llevaremos adelante esta disputa por el sentido común y por las ideas, que no es solo un tema académico, sino que es entrar en el sentido común de la gente. Para eso hay que ir a terreno, nuestras diputaciones deben ser ejemplarmente trabajadoras, debe romperse el prejuicio y desconfianza respecto de los parlamentario a través del trabajo de nuestros diputados que deben ser ejemplo de trabajo y dedicación. Hay que pensar que la siguiente batalla es la municipal, porque si vamos atomizados es probable que la derecha gane. Entonces, creo que hay que ser cuidadoso y ver cómo nos desplegamos para hacernos de la disputa del sentido común, que es la clave para obtener una mayoría electoral.

    ¿Qué rol le cabe a Beatriz Sánchez en este escenario? 

    Ella logró traducir nuestro proyecto político a un lenguaje sencillo y masivo. Esa capacidad de comunicación, empatía y conexión con la ciudadanía que generó, es clave para las tareas del Frente Amplio.

    Otra tarea es resguardar el equilibrio en la interna del FA, con la cantidad de “liderazgos” que surgieron 

    Es importante priorizar el proyecto colectivo sobre las agendas personales, las que son respetables. A los que nos tocan roles protagónicos y a los que no, todos debemos seguir empujando porque la conducción del FA es colectiva, de largo plazo y llegamos para quedarnos. Debemos tener gran coordinación, porque al lado tenemos a la centro izquierda en una crisis muy profunda, por lo que el liderazgo de la oposición debe ser asumido por nosotros. Si no hacemos esto, la derecha puede crecer mucho más de lo que es ahora.

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