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    Más de cinco años de lucha lleva el movimiento que se opone a la instalación de terminales gasíferos en la región del Biobío. La organización ciudadana en la zona tuvo su origen con motivo  del proyecto Octopus GNL, que pretende instalar un terminal regasificador frente a las costas de Lirquén, para luego acoplarse a un gasoducto terrestre cuyo fin es alimentar a las termoeléctricas situadas en valles interiores.

    En diálogo con Mapuexpress, la vocera de la Coordinadora Penco Lirquén, Camila Arriagada, describe “tres amenazas grandes a los territorios”. Además de Octopus GNL, actualmente en proceso de consulta indígena, la dirigenta identifica el proyecto GNL Talcahuano y una planta piloto de minera BioLantánidos, que pretende extraer litio, el cual entraría en proceso de evaluación ambiental durante este año.

    Arriagada atribuye a la movilización social el retraso en la ejecución de estas iniciativas empresariales, las que concentran capitales internacionales de diverso origen. “Gracias a la dilatación de todos estos plazos y de la lucha que hemos llevado para ir deteniendo el proyecto, estos inversionistas se han ido bajando de esta iniciativa. Eso nos demuestra también que, a través de estos caminos, sí se pueden ir frenando estos proyectos”, afirma.

    A pesar de este aparente retroceso, las comunidades del territorio se mantienen en alerta, sobre todo porque la eventual concreción de los proyectos generaría “múltiples impactos negativos”, como describe Camila Arriagada a Mapuexpress.

    “El terminal regasificador utilizaría una gran cantidad de agua de mar para poder hacer funcionar este proceso, lo que llevaría un impacto en toda la cadena trófica y atrófica marina (…) Eso tiene un impacto irreversible en el ecosistema, además de las emisiones de material particulado, entonces, también daña la atmósfera y la calidad del aire”, sostiene la dirigenta.

    La vocera de la Coordinadora Penco Lirquén pronostica además que el trazado del gasoducto “impactaría parte de la flora y fauna terrestre”, además de un daño a la economía local y, por consiguiente, a las personas que viven del mar, como pescadores, buzos y recolectores de orilla. “De esta misma zona se extraen muchos productos marinos: machas, cholgas y piures”, comenta.

    Como si fuera poco, la puesta en marcha de los terminales afectaría, según la exposición de Camila Arriagada, a la cultura local. “Nosotros pretendemos que esto se transforme en una zona turística, que nosotros podamos sustentarnos a través de todo lo que nos provee nuestro territorio”, apunta la portavoz de la coordinadora.

    El sector del borde costero de Lirquén también alberga un sendero paleontológico, que se suma al sitio ceremonial de la Asociación Mapuche Koñintu Lafken Mapu de Penco. Según denuncia la dirigenta, el ducto asociado al terminal gasificador atravesaría estos lugares de gran significación cultural para los habitantes del lugar.

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