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    El Día de la Mujer en Chile tiene características bastante distintas a las de aquellos países que durante el 8 de marzo adquieren notoriedad mundial por los alcances sociales y políticos de su conmemoración. Las medidas adoptadas en naciones como España o Argentina -que dan cuenta de acciones concretas a la hora de afectar por un día el panorama laboral a través de una huelga masiva, por ejemplo- se alejan de la realidad local.

    En ese sentido, las diversas manifestaciones que en nuestro país logran convocar a miles de personas durante cada 8 de marzo, aún transitan principalmente por el ámbito de lo discursivo. Si bien tienen cuerpo en la voluntad de miles de mujeres que se toman las calles a través de masivas marchas, la posibilidad de avanzar hacia una huelga general de trabajadoras pareciera todavía verse demasiado lejana.

    Con el objetivo de analizar este escenario, conversamos con Verónica Ávila, integrante de la mesa ejecutiva feminista del Frente Amplio y militante del Movimiento Autonomista, quien repasa el camino con el que, desde la disputa del poder político, buscan transitar hacia una sociedad igualitaria.

    “Sentimos que vivimos más en una postdictadura que en una democracia”

    “Creemos que un llamado similar al de España no es viable hoy en Chile; no es posible que se realice una huelga general de mujeres, como sí se hizo en España y Argentina”, postula Ávila, argumentando que esto tiene que ver con “nuestro origen heredado, social, dañado y quebrado por la dictadura, que no se ha terminado para nosotras”. “Las mujeres sentimos que vivimos más en una postdictadura que en una democracia, por lo tanto, desde esa tutela es que políticamente seguimos oprimidas por muchas más cosas que los otros países”, sostiene.

    En ese sentido, Verónica destaca la precariedad en la que viven millones de mujeres, en cuanto a sus derechos en el país y cómo ello no permite avanzar y evolucionar socialmente. Reconoce en ello los motivos para que las movilizaciones chilenas transiten todavía en el ámbito del discurso.

    “El feminismo para nosotras es un movimiento social y, como tal, lo que necesitamos de la sociedad es que las estructuras institucionales cambien. Yo no saco nada con hablar de que quiero transitar hacia condiciones de desarrollo igualitario, a que el hombre en la casa co-críe a los niños conmigo y nosotras relevarlo desde el discurso. Son cosas que al final no cambian si no hay modificaciones en una ley que a nosotras nos ponga el mismo salario para la misma función, por ejemplo”, reflexiona Ávila.

    “Disputar el poder en igualdad de condiciones”

    La integrante de la mesa ejecutiva feminista del Frente Amplio repasa entonces la importancia de impulsar cambios estructurales a todo nivel en Chile. Sostiene que la vulneración de derechos hacia las mujeres es un mal tan arraigado, que solo los cambios radicales podrán resultar en una modificación al estado actual.

    “Mientras la estructura social, política y económica no se modifique, las condiciones van a seguir siendo las mismas y vamos a seguir estando dos escalones más abajo de los hombres”, sostiene.

    En ese sentido, plantea que “mientras no seamos ciudadanas de primera clase como los hombres, vamos a tener que salir a la calle una y mil veces a gritar y decir lo que nos está pasando y la opresión que vivimos hoy, en pleno siglo XXI y en un país que se dice tan moderno”, critica.

    Respecto al rol que le cabe al Frente Amplio en este cambio, Ávila cree que solo desde la disputa del poder político se podrán impulsar los cambios necesarios para mejorar la situación de las mujeres chilenas.

    “Nosotros nos transformamos en una fuerza que irrumpe en el escenario político. Tenemos que lograr poder disputar el poder en igualdad de condiciones. Que las mujeres nos tomemos el poder con cargos de poder, que seamos más concejalas, más Cores, más diputadas y -por qué no decirlo- que lleguemos con Beatriz (Sánchez ) o cualquiera otra compañera del Frente Amplio a la presidencia, en ese momento las cosas van a cambiar”, postula Verónica.

     Diego Chandía

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