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    Para mucha gente, juntarse con la familia en las fiestas de fin de año suele ser algo estresante. Tal vez porque nunca falta el tío que necesita polemizar acerca de política, porque la comida se demora, porque todos hablan al mismo tiempo o porque los parientes no dejan de preguntar como te fue en la PSU o si encontraste trabajo.

    Algunos ven estas situaciones como pequeños detalles de un encuentro que sin duda es placentero. Pero para otros, son más importantes y causan un estrés que se empieza a manifestar semanas antes de una reunión familiar. ¿Por qué este “stress familiar” es particularmente intenso en las navidades? la revista Popular Science consultó con algunos expertos para entender qué lo causa y para saber qué medidas tomar para compensar.

    La académica en psicología de la Universidad del Estado de California en Los Ángeles, Pamela Regan, explica que el estrés que rodea a las reuniones familiares es un sentimiento “bastante normal”, que la mayoría de la gente siente la tensión de las fiestas en familia, pero que la personalidad y la historia familiar son factores que influyen en quienes lo sufren más intensamente.

    Por definición, el estrés es una reacción del organismo en la que se activan mecanismos de defensa para afrontar situaciones que se perciben como amenazantes o muy demandantes. Puede tener efectos físicos y emocionales. “Si te sientes ansioso o ansiosa, te están apurando, estás presionada/o, tu cuerpo cambia, tu corazón se acelera y hay personas que hasta reportan sentir náuseas”, explica Terri Orbuch, experta en relaciones y profesora de sociología de la Universidad de Oakland.  Muchas teorías psicológicas apuntan al estrés como causante de problemas mayores, cuando las personas no tienen mecanismos para tratar positivamente el estrés, lo que hace que se vuelva crónico.

    Orbuch señala que las situaciones no son inherentemente estresantes, sino que es la manera en que las percibimos lo que nos afecta.

    Una de las razones del estrés que rodea a las reuniones familiares es la expectativa que algunos se forman acerca de lo que será la fiesta. A veces hay recuerdos muy vívidos de las fiestas de infancia y la euforia que sentíamos en esos días. Ese sentimiento se ve frustrado cuando enfrentamos una situación que, en la adultez, ya no es perfecta como las imaginamos. Las familias van cambiando, disminuyendo o creciendo con el paso de los años, hay personas que ya no están, matrimonios que se han disuelto, nuevas relaciones, otras dinámicas, etc. Lo que nunca cambia es que por mucho que apliquemos tolerancia, hay parientes que no se llevan bien, aunque lo intenten. Las familias son estructuras complejas y como las costumbres sociales también cambian, las tradiciones que hacían de las fiestas un momento perfecto para la infancia, también se desmoronan.

    A esto se suma que cuando muchos deben convivir en un mismo espacio, por ejemplo,  por un fin de semana largo, las tensiones se van intensificando. En las familias, cada uno tiene un rol histórico, que para todos es conocido, pero a medida que los integrantes evolucionan y crecen, cada individuo adquiere sus propios y nuevos roles. Entonces, cuando la familia se junta ocurre un fenómeno muy particular: cada uno, inconscientemente, ajusta su “nuevo yo” a su rol antiguo, comportándose como inconscientemente se espera, porque es a lo que todos están acostumbrados en ese contexto. Entonces chocan el “nuevo yo” con el “yo familiar”. Como podremos imaginar, esto puede transformarse en un caos. “He visto como algunos hermanos [en encuentros familiares] se comportan como niños de 8 años, metidos en hábitos y acciones que estaban enterradas en el pasado”, comenta Regan.

    “Lo mejor que se puede hacer para manejar [la relación entre expectativas y realidad] es prepararse con una mentalidad realista, para no frustrarse o enojarse en las fiestas”, dice Orbuch. No hay razón para creer, todas las veces, que ‘esta vez será perfecta’.

    Aunque hay comportamientos generales, cada familia es particular, por lo que si se quieren reducir los motivos de estrés y no terminar agotados o hasta peleados, es buena idea buscar soluciones prácticas juntos, usar la creatividad con estrategias nuevas que mejoren la convivencia y el ánimo.

    Por último, si eres una de esas personas que se estresa demasiado con las fiestas familiares y ninguna estrategia ayuda, siempre está la posibilidad de no asistir. “Si va a ser tan grave, hasta el punto de sufrir de ansiedad o depresión antes de la reunión, es mejor no pasar por eso”, agrega Regan. No hay que sentirse culpable si es que es necesario para evitar un daño psicológico. Las personas tienden a depositar mucha energía en este tipo de eventos y, a veces, con sólo decir que no, puedes aliviarte a ti mismo y a los anfitriones de la fiesta. En muchas ocasiones, se asiste sólo por cumplir, por no decepcionar a nadie, y puede ser refrescante cambiar esa rutina.

    “Aun considerando todos los estresores mencionados, definitivamente es posible aliviar el estrés y mantener la armonía en estos encuentros”, señala Orbuch. Con expectativas realistas y un poco de sentido del humor, tus fiestas de fin de año pueden volver a ser el motivo de felicidad que todos desean.

    Trad: CCV

    Fuente: Popular Science

     

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