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  • Cuando te relajas al sol no solo estás alcanzando tu bronceado ideal; también podrías estar reduciendo tu grasa corporal.

    Un grupo de investigadores ha descubierto que las células de grasa que están justo debajo de la piel reaccionan cuando se exponen a la luz azul emitida por el sol. Resulta que las gotas de lípidos contenidas dentro de estas células se reducen de tamaño y luego se liberan, lo que significa que nuestras células básicamente no retienen tanta grasa.

    “Si le damos una vuelta a nuestros hallazgos, la insuficiente exposición a la luz solar [que algunas personas tienen] ocho meses al año, viviendo en el clima del norte, puede promover el almacenamiento de grasa y contribuir al típico aumento de peso que algunos de nosotros tenemos durante el invierno”, explica irónicamente el profesor Peter Light, pasando por alto el indiscutible factor de la comida en exceso. Light dirigió la investigación publicada en Science Advances.

    El descubrimiento fue una serendipia: el equipo estaba haciendo bioingeniería con células grasas para liberar insulina en respuesta a la luz, como un posible tratamiento para la diabetes tipo 1. Pero notaron que en su muestra de control de células grasas humanas, las gotitas de lípidos también se reducían en respuesta a la luz. Al revisar la literatura existente no encontraron ningún registro de esta respuesta, así es que decidieron profundizar en ella.

    Si bien este es un hallazgo interesante, los investigadores advierten que esta es solo una observación inicial, sin mencionar el hecho de que exponerse a demasiada luz solar es perjudicial en otros sentidos. Además, el sol solo tiene un efecto sobre las células de grasa superficiales y no previene la acumulación de la grasa que rodea a los órganos.

    Lo interesante es la conexión que este efecto de la luz solar podría tener con nuestro reloj biológico. “Es [muy luego para decir], pero no es descabellado suponer que la luz que regula nuestro ritmo circadiano, recibida a través de nuestros ojos, también puede tener el mismo impacto a través de las células de grasa cerca de nuestra piel”, dice Light.

    Los investigadores están planteando que tal vez la exposición a la luz solar, que ayuda a regular nuestros patrones de sueño y vigilia y que ocurre a través de nuestros ojos, también actúa de manera sensorial, influyendo en la cantidad de grasa que quema una persona, dependiendo de la temporada . Incluso sugieren que esto podría ayudar a explicar por qué los humanos somos diferentes de muchos mamíferos al tener nuestra grasa diseminada por todo el cuerpo y justo bajo de la superficie de la piel.

    Por el momento estas son solo conjeturas, pero el estudio proporciona un interesante campo para explorar.

    El Ciudadano, vía IFLScience

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