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    El equipo del astrónomo Mark Showalter, investigador en el Instituto SETI, en California, Estados Unidos, ha confirmado el descubrimiento de una luna en Neptuno, el gigantesco planeta azul compuesto en gran parte de agua.

    Este satélite natural, bautizado por los astrónomos como “Hipocampo”, pasa a engrosar la lista de lunas encontradas en el planeta desde 1989, cuando fue explorado por primera vez por una nave, la Voyager 2.

    Su nombre ha sido en honor a las criaturas marinas mitad caballo y mitad pez que acompañaban a Poseidón, el equivalente griego de Neptuno, el dios romano de los océanos, resalta La Vanguardia.

    “Los astrónomos han sospechado desde los ochenta que las lunas pequeñas e interiores de los planetas gigantes son destruidas de vez en cuando por el impacto de cometas”, explicó Showalter a ABC.

    Inicialmente, Hipocampo fue vista en 2004 y 2009, cuando se detectó la posible existencia de una luna, a la que por entonces se llamó S/2004 N 1 o Neptuno XIV, y que luego apareció en nuevas imágenes captadas en 2016.

    Ahora, el cosmonauta cree que Hipocampo “es una ilustración drástica de que esta idea es correcta”.

    Hipocampo mide unos 34 kilómetros de diámetro y es la séptima de las lunas interiores de Neptuno. Estas lunas son Náyade, Larisa, Proteo, Galatea, Despina y Talasa.

    Los investigadores comentan que “es 100 millones de veces menos visible que la estrella menos brillante que se puede ver en el cielo nocturno”.

    Durante su sobrevuelo de 1989, la nave espacial Voyager 2 fotografió seis pequeñas lunas de Neptuno, todas con órbitas bien interiores a la de la gran luna retrógrada Tritón.

    Hoy, 30 años más tarde, reportan “las observaciones del telescopio espacial Hubble de una séptima luna interior, Hippocampo. Es más pequeña que las otras seis, con un radio medio de unos 17 kilómetros”, detalla el trabajo de los astrónomos.

    Se sabe que en Neptuno existe una luna llamada Proteo, su diámetro es de 420 kilómetros. En la superficie, Voyager 2 detectó una terrible cicatriz: un gran cráter de 200 kilómetros de diámetro llamado Pharos, que indica que en el pasado recibió un potente impacto.

    Según el experto, esta pequeña luna solo aglutina el 2 % del volumen evacuado del cráter Pharos.

    Showalter explica que Hipocampo podría ser precisamente resultado de la coalescencia, o unión, del material expulsado tras dicho impacto.

    “Es difícil comprender cómo Hipocampo podría estar donde se encuentra hoy, salvo que sea un gran pedazo desgajado de Proteo tras un impacto ocurrido quizás hace 4.000 millones de años”, dijo el investigador.

    Acerca de esta relación entre Hipocampo y Proteo, Anne J. Verbiscer, astrónoma en la Universidad de Virginia en Charlottesville (EE. UU.), se ha planteado dónde está el resto del volumen desalojado en el impacto que sufrió Proteo.

    Los científicos aseguran que tras este hallazgo “no hay más lunas de más de 24 kilómetros de diámetro hasta la órbita de Proteo; es decir, entre las lunas interiores” de Neptuno.

    Verbiscer, autor de Enceladus and the Icy Moons of Saturn, resalta que el descubrimiento de Hipocampo ha sido gracias a técnicas especializadas de procesamiento de imágenes, centradas en mejorar la sensibilidad del telescopio espacial Hubble.

    Showalter explica cómo fue este proceso de una forma más sencilla: “Básicamente, cogimos las imágenes y recolocamos los píxeles, uno a uno, para que encajaran. Entonces, los juntamos, transformando las exposiciones de cinco a ocho minutos en exposiciones de 40 minutos. Así, Hipocampo se hizo visible”.

    “Es el mismo principio que utiliza un fotógrafo deportivo que sigue a un atleta en movimiento: el atleta se mantiene en el foco, pero el fondo se desdibuja”, agregó.

    De cara a otras investigaciones, los astrónomos confían en que la tecnología empleada en esta ocasión permitirá descubrir más lunas en torno a planetas gigantes, y entender mejor sus orígenes, o detectar exoplanetas lejanos y otros sistemas solares.

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