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    Un estudio llevado a cabo por científicos estadounidenses confirman que toda persona posee un “aura viviente” y que este puede ser estudiado para tratar enfermedades y prevenirlas. En ese sentido, se han planteado hacer un dispositivo económico, que permita mapear las exposiciones individuales al ambiente.

    “Padecimientos como el asma y las alergias podrán controlarse mucho mejor cuando seamos capaces de entender a qué están reaccionando los pacientes”, explicó Chao Jiang, investigador.

    Se tiene previsto que a mediano plazo, que la tecnología sea ubicada en aquellos lugares donde las personas son más vulnerables a contagios ambientales, como los hospitales y las guarderías.

    El equipo ayudará a reconocer los microorganismos que nos enferman y permitirá dar resolución a los problemas de salud

    Los expertos aseguran que los datos recabados no son para tratar el tema desde lo espiritual, sino que ha sido para describir los microorganismos, elementos químicos y otros compuestos que en efecto van con nosotros a donde quiera que estemos.

    Ese aura se llama exposoma humano y el grupo de genetistas de la Universidad de Stanford (California, Estados Unidos) publicaron en la revista científica Cell a mediados de octubre, demostró que es posible medir “a nivel individual” los elementos del ambiente a los que está expuesta cada persona.

    “Es que estas mediciones pueden hacer una gran diferencia en la manera de estudiar y prevenir padecimientos como el asma y las alergias“, dijo a la BBC Mundo, Michael Snyder -quien detalló que estos hallazgos dan un importante aporte al campo de la salud.

    Los investigadores fabricaron un pequeño dispositivo para monitorear el aire y lo ataron al brazo de 15 voluntarios, que fueron expuestos a diferentes locaciones mientras el dispositivo absorbía muestras tanto de sus órbitas personales como del ambiente que los rodeaba.

    Los elementos recolectados por el dispositivo (bacterias, hongos, virus y otros) arrojaron secuencias de ADN y ARN que conformaron un perfil químico único para cada voluntario y esto concluyó en la acumulación de una gran cantidad de datos sobre los componentes de su propio exposoma.

    El mismo Snyder, usó uno de los dispositivos durante el estudio, para encontrar en su aura compuestos y determinó el polen de eucalipto, que probablemente originó la alergia en el pasado.

    Influencia del ambiente

    Otros estudios han dado a  conocer que exposoma humano se ven influenciados por una serie de elementos presentes en el ambiente. Sin embargo, las mediciones en este sentido solo se desarrollaron en masa y no por cada individuo.

    “Por eso nos centramos principalmente en las partículas PM2.5 presentes en las atmósfera, que son resultado de la contaminación y acaban siendo absorbidas hacia los pulmones“, explica Chao Jiang, otro de los autores del estudio.

    Hasta este momento el exposoma también solo se había analizado en sitios fijos de la ciudad, en los que un dispositivo recolectaba una muestra de aire.

    Según las actuales investigaciones estuvieron destinados a ver si su exposoma eran diferentes cuando se movían por distintas zonas de la Bahía de San Francisco y con ello, se confirma que cada individuo está rodeado por su propia nube microbiana, que recoge y expulsa continuamente a su alrededor.

    La salud humana

    Los autores del estudio coinciden en que el mayor aporte de esta nueva información será en el campo de la salud humana, la cual no solo está determinada por factores genéticos, sino también ambientales.

    “Se han estudiado muchos los factores genéticos, pero no se conoce tanto sobre cómo la exposición ambiental afecta la salud de las personas”, asegura Jiang.

    El científico piensa que esta nueva profundización en el conocimiento del exposoma humano será clave para entender e incluso prevenir padecimientos como el cáncer, el asma, las alergias y algunas enfermedades cardíacas y respiratorias.

    De hecho, uno de los hallazgos más relevantes de la exhaustiva investigación fue que se encontró partículas de repelentes contra insectos en todas las muestras recolectadas.

    “Las personas podrían estar aspirando este compuesto -que no se conoce cuan tóxico es para la salud- así como el dietilenglicol, que sí es altamente cancerígeno y fue hallado en todas partes“, dice Snyder.

    Él, Jiang y sus demás compañeros no han terminado de estudiar el “aura viviente” que nos rodea.

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