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    Paul Preciado en su libro titulado “Testo Yonqui”, señala que leyendo a autores como Monique Vitting, Michel Foucault, Butler con Negri, se puede decir con propiedad que la heterosexualidad es ante todo un concepto económico que designa una posición específica en el seno de las relaciones de producción y de intercambio basada en la reducción del trabajo sexual, trabajo de gestación y trabajo de crianza.

    La ascensión del capitalismo resulta inimaginable sin la institucionalización del dispositivo heterosexual como modo de transformación en plusvalía constante de los servicios (sexuales, gestación, cuidado y crianza), realizado por las mujeres e históricamente no remunerados.

    Existe una deuda de trabajo no pagada por los hombres heterosexuales que habrían contraído con las mujeres a través de la historia, del mismo modo que los países ricos se permiten hablar de una deuda externo de los países pobres.

    La heterosexualidad no ha existido siempre. Más aún, si se atiende a los signos de tecnificación y de informatización del género que emergen a partir de la Segunda Guerra Mundial, podemos afirmar sin lugar a dudas que la heterosexualidad está llamada a desaparecer algún día. De hecho, está desapareciendo.

    Lo anterior, no significa que no existan más relaciones sexuales entre bio-hombres y bio-mujeres, sino que las condiciones de la producción sexual (de cuerpos y de placeres) están cambiando, y que estas se vuelven más similares a la producción de cuerpos y placeres desviantes.

    Dicho de otro modo, en la actualidad, todas las formas de sexualidad y de producción de placer, todas las economías libidinales y biopolíticas están sujetas a un mismo régimen de producción farmacopornográfico.

    Por ejemplo, una de las características de este régimen biopolítico heterosexual era el establecimiento a través de un sistema científico y clasificación del cuerpo, de una linealidad causal entre sexo anatómico (genitales femeninos o masculinos), género (apariencia, rol social, eso que después Judith Butler denominará performance femenina o masculina) y sexualidad (heterosexual o perversa).

    Según este modelo, establecido por la Psychopathia Sexualis de Krafft-Ebing, cualquier desviación de esta cadena causal estaba considerada como una irremediable patología.

    Por Francisca Arriagada.
    El Ciudadano

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