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    neandertal foto museo

    Hace muchísimos años, los Homo sapiens tuvieron sexo con Neandertales. Haciendo una analogía con otras especies, una mezcla como ésta es como la cruza entre un tigre y un león o entre un caballo y una cebra.

    Los científicos creen que los encuentros entre humanos y neandertales, que ocurrieron hace 40.000 años, pudieron haber sido un factor crucial de muchas de las alergias que algunos humanos sufrimos hoy en día. Las investigaciones sugieren que la mezcla de los ancestros del humano moderno con otras especies de homínidos, dio origen a problemas como la alergia a la primavera.

    Como informa el diario británico The Guardian, los “apareamientos prehistóricos” dejaron a todos los no africanos con un 6% de ADN neandertal.

    De acuerdo a la compañía genética estadounidense 23andme, un grupo de humanos, el más pionero de todos, dejó África para explorar y conoció a los neandertales y a los denisovanos, quienes habían pasado 200.000 años adaptándose a las enfermedades y a los virus de Eurasia.

    Janet Kelso, investigadora del Instituto Max Planck, de Alemania, quien trabajó en el estudio, dijo: “El apareamiento con humanos arcaicos sí ha tenido implicaciones funcionales para los humanos modernos. Las consecuencias más obvias han estado en la forma de adaptarnos al ambiente, mejorando cómo resistimos a los patógenos y metabolizamos nuevos alimentos“.

    Como resultado de este proceso evolutivo, muchos humanos modernos acarrean tres genes que estimulan el sistema inmune, otorgando mayor resiliencia a las inclemencias del ambiente. El problema es que esta lucha inmunológica con el entorno quedó en el ADN en forma de alergias, que nos provocan estornudos, picazón y algunas reacciones más graves a ciertos factores ambientales.

    Los humanos modernos heredamos estos genes en diferentes partes del mundo y a través de varios grupos de especies tempranas. Pero más allá de las molestias, esta adaptación ha mostrado ser beneficiosa, porque por decenas de miles de años ha permanecido en nuestro genoma.

    El Ciudadano

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