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    La reducción del tamaño promedio de los hogares colombianos, es uno de los hallazgos más significativos del último censo realizado en Colombia.

     Mientras que en 2005 el 33,2 por ciento de los hogares estaban constituidos por más de cuatro integrantes, en el censo de 2018 este porcentaje se redujo a la mitad.

    Las profesoras Diva Marcela García y Angela Jaramillo, docentes de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia, al efectuar un análisis de las cifras arrojadas por el estudio estadístico, señalaron que esa tendencia no es exclusiva de esa nación caribeña: “es un fenómeno generalizado en los países occidentales”.

    Recordaron García y Jaramillo, que según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), actualmente el tamaño promedio del hogar en América Latina es de 3,6 personas; mientras que en países más industrializados, como España y Noruega, la cifra es de 2,5 y 2,2, respectivamente. Son cifras que cada vez están cayendo más y más.

    La reducción del tamaño promedio de los hogares colombianos, es uno de los hallazgos más significativos del último censo realizado en Colombia. Foto Web.

    Para ejemplificarlo expresaron que en la década de los 70, una mujer colombiana tenía en promedio 6,8 hijos a lo largo de su vida. En 2015, se estima que cada mujer tuvo solo 1,9.

    “Hoy por hoy, tenemos menos hijos en cada familia. De hecho, concebimos que puedan existir familias sin hijos. Este fenómeno lo explica la transformación de la función social de la mujer, cuyo lugar ya no está exclusivamente en lo doméstico”, afirmaron las docentes en un informe publicado por el diario El Tiempo de Bogotá.

    “Al aumentar las oportunidades laborales y educativas de las mujeres –argumentan- aunque todavía en condiciones de desigualdad, los proyectos reproductivos y nupciales cambiaron”.

    A esta evidencia, afirman,  se suma el impacto de las transformaciones económicas: pasamos de ser un país principalmente rural a uno predominantemente urbano. En la economía agrícola, los hijos representaban un “activo”, ya que eran la mano de obra para las labores productivas. En la fase actual del capitalismo, los hijos implican gastos cada vez mayores y prolongados.

    “En esta nueva fase productiva, la educación es una etapa fundamental para entrar al mundo laboral, pero numerosos servicios sociales, como la educación, están privatizados. Esto ha hecho que los hijos sean un gasto, más que un beneficio. A esto se le suma la extensión de la vida educativa, que hace que los hijos dependan de los progenitores durante más tiempo”.

    hoy es muy común encontrarse con parejas que decidieron no tener hijos, o madres y padres divorciados que viven con uno o varios de sus hijos, parejas del mismo sexo o los llamados hogares unipersonales. Foto Web.

    Si tenemos en cuenta los factores mencionados, explican las docentes,  puede valorarse positivamente la reducción del tamaño del hogar por la vía de una disminución en la cantidad de hijos. “Más aún en contextos como el colombiano, en el que nos preocupa el control de la natalidad y en el que los hogares con más hijos están entre los grupos sociales más vulnerables. El descontrol de la natalidad en grupos vulnerables configura un círculo de pobreza”.

    Mientras tanto, en diferentes países europeos, la preocupación radica en que no se tienen los hijos suficientes para garantizar la sostenibilidad como sociedad, por ejemplo, en el tema pensional.

    Señalan las especialistas en ciencias sociales que los procesos de secularización e individualización propios de la modernidad, aunados a los cambios en los roles de género ya mencionados, han transformado los valores y prácticas familiares y de co-residencia.

    Así, ha mutado la imagen de la familia tradicional de principios del siglo pasado, en la que los matrimonios perduraban ilimitadamente y se convivía con abuelos, padres e hijos, junto con tíos, primos y otros parientes o allegados.

    Mientras que en 2005 el 33,2 por ciento de los hogares estaban constituidos por más de cuatro integrantes, en el censo de 2018 este porcentaje se redujo a la mitad.  Foto Web.

    “Además de un importante proceso de nuclearización, en el que se privilegia la convivencia exclusiva de los padres con los hijos, vivimos un proceso de diversificación y aceptación de otras formas de familia, asociadas a las diversas opciones individuales”.

    Expresan que hoy es muy común encontrarse con parejas que decidieron no tener hijos, o madres y padres divorciados que viven con uno o varios de sus hijos, parejas del mismo sexo o los llamados hogares unipersonales.

    “Los hogares unipersonales han sorprendido por su rápida proliferación: en 2005 constituían el 11,1%; mientras que en 2018 representan el 18,1% en todo el país”, advierten.

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