• EC | Edición Mundo
  • El Ciudadano | Edición Chile
  • El Ciudadano | Edición Venezuela
  • Una sociedad plural y democrática necesita diferentes miradas del mundo. Desde El Ciudadano diaria y oportunamente, nuestras letras están en favor de construir una mejor sociedad y un mundo más justo.
    Que exista periodismo independiente también depende de ti.

    Como todo el mundo sabe, y tú el primero, la ampelografía es la ciencia que se encarga del estudio, la descripción y la identificación de la vid, sus variedades y sus frutos. El término nos viene del griego “ampelos” (vid) y “graphos” (clasificación).

    Pasa que en materia de uvas hay muchas variedades, igualito a lo que pasa, por decir algo, en materia de socialistas aun cuando no es seguro que estos últimos vengan del griego a pesar de que muchos de ellos andan tan perdidos como Ulises después de lo de Troya.

    Entre las variedades de vid más conocidas se cuentan: Cabernet, Sauvignon, Pinot, Chardonnay, Carménère, Tempranillo, Gamay, Nebbiolo, Picardan, Putzcheere, Ravat Blanc, Ravat Noir, Tanat, Sauterne, Pagadebito y tantas otras cuyos bellos nombres evocan la tierra que las vio nacer o bien la lengua del país que las bautizó como ocurre con la cepa “Ribeyrenc” que hay que pronunciar con el asoleado acento de las lenguas occitanas.

    Con el surtido de socialistas ya es más difícil visto que mientras menos raíces más variedades, y cuestión apelativo la banalidad y la falta de imaginación hacen pensar en un idioma de tres o cuatro palabras. A menos que con los socialistas ocurra lo que un amigo portugués me comentaba a propósito de un vino rosado de su país: “En los años de crisis, me dijo, lo hacen hasta con uva”. Anda a saber.

    Como quiera que sea, para entender el proceso eleccionario en curso en el seno del PS, habría que inventar algo así como la ampelografía pero en plan sociata.

    ¿Cómo si no, discernir lo que separa en una misma lista a cinco corrientes diferentes? No es el apelativo desde luego, visto lo dicho más arriba: “cuestión apelativo la banalidad y la falta de imaginación hacen pensar en un idioma de tres o cuatro palabras”.

    Y no es que yo exagere, las cinco corrientes que convergen en la lista “Más igualdad para Chile” (el nombre debe ser una provocación porque después de 18 años dirigiendo el país más igualdad ¡donde!) se auto denominan respectivamente: Sub-pacto A, Sub-pacto B, Sub-pacto C, Sub-pacto D y Sub-pacto E.

    Uno diría que se inspiraron en la clasificación de los virus de la gripe del pollo: A, B, C…

    Otro sector fue un poquillo más astuto: para comunicar una sensación de unidad y coherencia que cae muy lejos de ser su característica principal, se pusieron un nombre único, “Grandes Alamedas”, y todo dios se puso en fila india detrás como cuando, después de algunas botellas, la fiesta cae en la inevitable conguita en la que haces un trencito cogiendo a la tía que te precede por la cintura, mientras la contrincante de atrás te agarra por los rollos que emergen del pantalón.

    Y ya es curioso porque uno de sus líderes, -que en épocas no tan paleolíticas le contaba chascarros a un Pinochet muerto de la risa-, declaró hace poco que la lista tiene no menos de dos candidatos a presidente del PS (I y O) y, ¡agárrate! no menos de tres candidatos a la presidencia del país (I, A y L). Partiendo de este último dato y usando los artilugios matemáticos del análisis combinatorio, de este grupo se pueden sacar seis subgrupos diferentes que por razones de comodidad llamaremos respectivamente: I-A, I-L, I-I, O-A, O-L y O-I.

    El tema no termina allí. También hay algún grupo, ¿como llamarle?, varietal, de esos que se beben fresquitos, porque no tienen solera. Son recientes como la mayor parte de los vinos chilenos que se inventaron para la exportación. Y por lo tanto no puedes saber si son de guarda o servirán para aliñar las lechugas. Aquí, bajo el apelativo prometedor de “Movimiento Amplio Socialista” (cuan amplio ya se verá, que por el momento solo reune una minoría de la minoría), se abrigan dos subgrupos ordenados, y digo ordenados por eso de las matemáticas modernas visto que se autodenominan Sub-pacto 1 y Sub-pacto 2.

    Y tú, ¿de qué vas? ¿Yo? ¡Uno!, ¿y tú? ¡Dos! ¡Admirable!

    Finalmente están los “Macaya”. Y digo “Macaya” porque servidor es originario de Colchagua, tierra en la que de memoria de colchagüino, el único vino de tradición y solera es el de la viña Macaya. No digo que sea bueno, digo que es auténtico. La lista “Mesa de izquierda, socialistas como Allende”, está encabezada por Carmen Lazo y Carlos Moya que, juntos, hacen dos o tres siglos de militancia. Curiosamente esta “Mesa” solo tiene dos patas, el Sub-pacto A, y el Sub-pacto B, lo que no es de buen augurio para la estabilidad de una “Mesa”. En una de esas habrá que ponerle abajo una “chapita”, para evitar el temblequeo.

    El apellido “Socialistas como Allende” también se presta para interpretaciones. La “renovación” sociata debe tener catalogado a Allende como una especie de dinosaurio, especie ya desaparecida y perfectamente obsoleta en los tiempos que corren. Después de todo ellos fueron los que inventaron el remoquete de “arcaico” para referirse a los principios que escupieron.

    No obstante, con el infinito respeto que se merece, Carmen Lazo, -como la experiencia-, es una antorcha que ilumina el pasado.

    De modo que va quedando Moya. Que, eso me consta, de vinos entiende un resto aun cuando en alguna ocasión intentó producir algún “coupage”, que es una mezcla de vinos de orígenes diferentes. El resultado fue imbebible. Veremos si ahora el respeto de la apelación de origen produce un buen “millésime” (“vintage” dicen los boludos que hablan la lengua del imperio).

    Porque la verdad, verdad, se ven muchas cepas ¡Pero tan poco vino!

    Luis Casado

    Suscríbete a nuestros boletines informativos y recibe diariamente la información más importante publicada en elciudadano.com

    * indicates required

    A qué ediciones te quieres suscribir?


    •  
    •  
    •  
    Loading...