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    El candidato demócrata Barrack Obama arrasó con el candidato republicano John McCain en la elección presidencial de Estados Unidos. Además de esta victoria, los demócratas recuperaron el control del Senado y de la cámara baja con amplia mayoría. Esta privilegiada posición política de la cual disfrutará la administración de Obama le dará libertad para pasar políticas publicas y leyes con extrema facilidad. La pregunta es si lo hará. Las implicancias de esta amplia victoria electoral podrían ser contra-intuitivas. Es posible que la “esperanza” y el “cambio” que predica Obama, nunca llegue.

    Junto a las elecciones presidenciales también se disputo un tercio de los escaños en el Senado (35), y la totalidad de los escaños de la cámara baja (435). En la elección presidencial Obama necesitaba conseguir 270 votos para ser electo, pero consiguió 349 con los cuales arrasó con el candidato republicano John McCain, quien a su vez logró sumar 173. En la elección senatorial, donde la cámara alta estaba dividida 50/50,  los demócratas pasaron arriba 60/40, logrando elegir 17 escaños, 5 a costo de los republicanos, quienes solo lograron elegir 14. En la cámara baja se renovó el total de los escaños (435).  Los demócratas obtuvieron 258 escaños: sumaron 19. Los republicanos obtuvieron 177: perdieron 19.

    Pero estas altas votaciones traen consigo una implicancia fundamental: altas expectativas. La gente que salió a dar su voto el 4 de noviembre lo hizo esperando algo a cambio. La gente que salió a votar lo hizo porque creyó en las promesas que Obama predica. La gente espera que se de solución inmediata al tema de los remates hipotecarios, que se reestablezca y modernice un sistema de salud incluyente y de mayor calidad, que aumenten las tasas de empleo y que se ensanchen las puertas de establecimientos educativos de calidad, entre muchas otras cosas.

    Pero en el sistema político actual de Estados Unidos estas promesas se ven lejanas – por no decir utópicas. Esto sucede por dos motivos centrales: (a) la inexistencia de una economía flexible a estos cambios estructurales y (b) la dependencia a una estabilidad que solo se logra a través de un sistema imperialista.

    La economía de Estados Unidos probablemente este en su peor época histórica. La causante de esto fue la crisis financiera de septiembre, que pegó en plena campaña electoral, y consecuentemente fundó una montonera de promesas que se hicieron en el calor del momento simplemente para ganar votos. Lo probable es que buena parte de las promesas hechas en la campaña se vean truncadas simplemente por ser hijas del momento, mas que de la racionalidad. Los cerca de 700 billones de dólares que salieron desde Washington vía Wall Street van a ser una carga para cualquier proyecto macro económico que Obama quiera realizar.

    Por otro lado, por mas que Obama quiera cambiar la estrategia de relaciones exteriores de estados unidos, el peso de la historia puede mas. Por ejemplo, a estas alturas retirar las tropas militares de medio oriente, no es una decisión de un mes para otro, ni siquiera de un periodo presidencial para otro. Hay un sistema económico que avala el despliegue multinacional, y que entrega estabilidad económica interna. Las políticas de  relaciones exteriores del gobierno de Bush en 2002, 2004 y 2006, las cuales han fomentado guerras en Afganistán, Pakistán, incluso en Siria, responden a exigencias estructurales que permiten la sobrevivencia de Estados Unidos como Estado.

    Si miramos a Estados Unidos como una estructura imperialista que depende de la producción, es difícil ver un cambio tangible en los próximos tiempos.  Aunque los principios y fundamentos de Obama sean diferentes a los de Bush y de McCain, e incluso si sus intenciones efectivamente fueran las de crear un mejor país para todos los norteamericanos, y de paso para el resto del mundo, simplemente no se puede. Hay una larga historia que avala la continuidad y anula el cambio.

    Por Kenneth Bunker
    * datos actualizados 05.11.2008.

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