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    La prensa ya le puso nombre: “crisis del gas”. El tema es necesario abordarlo en forma más profunda, para ser comprendido. Partamos. Chile importa un 98 % de sus necesidades del crudo. Casi 100 % de sus necesidades de carbón. Y salvo alguna producción de gas natural en Magallanes, importamos casi el 100 % de este recurso. Si bien el país cuenta con recursos hidráulicos, hay una tendencia a agotar los grandes patrimonios hídricos.

    El mercado energético tiene la tendencia a proteger más a los inversionistas que a los consumidores. Por su parte, el Estado piensa primero en las personas como consumidores y después como ciudadanos. ¡Señores! es necesario modificar esta actitud, pues apelar al ciudadano significa que las decisiones no pasen por parámetros de costos-beneficios, sino que se tomen en base a la calidad de vida de las personas.
    ¿Se hace? El aumento sistemático de las tarifas y los costos de la energía los está hoy absorbiendo la ciudadanía, mientras las compañías distribuidoras eléctricas aumentan sus rentabilidades. También lo hacen las empresas que ofrecen derivados del petróleo, de gas y gasolineras.
    De acuerdo a datos entregados por el INE en la Región de los Lagos, el costo de la energía en el presupuesto de una familia del segmento más rico de la población puede significar menos del 1 %. En cambio, en el estrato más pobre, es cercano al 20 % del ingreso. Calculen.
    Se hace indispensable generar propuestas viables para disminuir la vulnerabilidad que provoca el elevado grado de dependencia que tenemos de las fuentes energéticas que importamos. Atender la oferta y proponer la instalación de nuevas centrales es una apuesta cortoplacista y poco sustentable. Debemos tener un programa de uso eficiente de la energía, mejorando deficiencias presentadas, por ejemplo, en el uso de la leña.
    Hoy analizamos los efectos de esta crisis en nuestras provincias. Si bien la décima región no se abastece exclusivamente del gas natural, se especula que los efectos responderán a una nivelación de precios. Por tanto, el problema del suministro del gas natural puede generar golpes en los bolsillos de la población, debido a que las tarifas eléctricas son vulnerables a las alzas en el valor del servicio. Dolores de cabeza que también afectan a las Pymes y la industria local.
    En julio de 1995, nuestro país firmó el protocolo con Argentina que entusiasmó a las autoridades nacionales, pues contaríamos con energía más natural y económica que el carbón y el diesel. El año 2004 comenzaron los recortes del gas hacia Chile. Nueve años duró el sueño del gas argentino. Queda para la anécdota.

    Cecilia López Maltrain

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