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    Queridos amigos, no me es muy fácil poner en orden mis ideas ante el dolor que me causa la muerte de Rodrigo Cisternas, ocurrida a las afuera de la planta Horcones de Celulosa Arauco.

    Todos los que vivimos en la Provincia de Arauco, particularmente en Curanilahue, sabemos de la vida de los obreros forestales: los turnos
    extenuantes, bajos sueldos, faenas peligrosas. Ellos son nuestros vecinos y nuestros amigos.

    Esta no es la primera muerte de un trabajador forestal. Todos los años son varios los que mueren en accidentes en faenas forestales. Tal vez por eso a Rodrigo Cisterna no le importó tomar el cargador frontal y dirigirlo contra los vehículos de las fuerzas especiales de Carabineros. Sentía rabia. La misma que sentimos todos nosotros.

    Pero no hablo de la ira que le pudo haber provocado que Carabineros decidieran primero destruir los automóviles que habían llevado algunos de los obreros forestales y que se encontraban estacionados en el camino, o los disparos de metralleta que ocuparon para “asustar” a los trabajadores, o los golpes dados a alguno de sus compañeros. No, no era esa ira, pues pese a todo, muchos de los miembros de Carabineros, como lo han dicho los dirigentes forestales, también son nuestra familia, nuestro vecinos y nuestros amigos.

    Hablo de una rabia más profunda.

    Forestal Arauco destruyó los bosques nativos de donde la gente sacaba hongos y avellanas para comer y leña para el abrigo. Tampoco se ve el león, ni el ciervo chileno. Destruyó los cauces de los ríos (para sacar ripio para sus caminos forestales) de donde la gente sacaba agua, llevaba a sus hijos a pasear y en los días de verano eran sus vacaciones.

    Contaminó el mar del cual los pescadores artesanales vivían y no le importó botar sus deshechos al lago Lanalhue. Contamina el aire que todos respiramos. Sabemos que va a llover cuando el viento norte trae a Curanilahue el pestilente olor de la celulosa. Vivir en la población “pescadores” de Arauco es insoportables producto de la trementina de la celulosa y de los olores que despide una empresa que es parte del complejo Arauco y que irónicamente se llama “Aromas”.

    Impuso un ritmo de vida que afectó las relaciones familiares. Turnos excesivos. Sus aserraderos funcionan día y noche todos los días del año. La noche entera entran y salen camiones de sus faenas y de los aserraderos. Que vergüenza: ¡una de las exigencias de los trabajadores es que se controlen estrictamente los horarios de trabajo para que se paguen las horas extraordinarias correspondientes!

    Celulosa Arauco obtuvo el año pasado sobre 2 mil millones de dólares en utilidades. Sólo el primer trimestre de este año, según la Superintendencia de Valores y Seguros, una vez descontados los impuestos, obtuvo 164,87 millones de dólares. A los trabajadores forestales ofreció una solución que implicaba un costo anual de cerca de 5 millones de dólares.

    Angelini es uno de los hombres más ricos del mundo. La Provincia de Arauco es una de las más pobres de Chile: cerca de un 40% de su población vive bajo la línea de la pobreza y alrededor de un 20%, es indigente.

    Pero no podemos deshacernos de Forestal Arauco. Directamente o por medio de sus empresas contratistas, Forestal Arauco genera el 90 % de los puestos de trabajo de la Provincia.

    Da rabia, porque la muerte de Rodrigo Cisterna se pudo haber evitado si Forestal Arauco hubiese tenido la voluntad de ponerse en el lugar de los trabajadores (como lo hizo con las comunidades mapuche presionada por las tomas).

    Da rabia, porque hubo un gobierno más preocupado en despejar la ruta 160 que en las demandas de los trabajadores (trabajadores que por lo demás jamás habían exigido algo).

    Da rabia, porque hubo medios de comunicación que entendieron los hechos de la Provincia de Arauco como más propios de una crónica roja, que de un conflicto y un malestar social creciente, y dieron más importancia a la renuncia de Blas Tomic al metro de Santiago que al hecho de que todo un pueblo despidiera a un obrero forestal (30.000 personas señalaron los medios que se habían juntado en Curanilahue y Curanilahue tiene una población de 31.000).

    Me da rabia y me produce un profunda pena que la sociedad chilena, como en el tema indígena o en el caso de los mineros del carbón (los otros grandes temas de esta Provincia), vuelva a cerrar los ojos y no mirar los profundos dolores que viven los pobres y se piense que estos temas, al final, los resuelve el mercado.
    Celulosa Arauco fue un proyecto de los mejores sueños de Chile y tenía por objetivo cuidar nuestro bosque nativo, detener el proceso de erosión y sobre todo generar trabajo y permitir “el desarrollo de Arauco, una de las provincias más abandonada del país”.

    Me da pena, pues entiendo que somos herederos de esos sueños y hemos permanecidos neutrales (neutralidad que a mi me parece complicidad) cuando un hombre pobre, un obrero, muere por reclamar justicia y otros son los que se hacen más ricos con lo que era nuestro sueño.

    Raúl Ignacio Valenzuela Rodríguez.
    Abogado

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