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    El mecanismo es bastante simple. Un reloj y una batería, algo de ingenio web. Obviamente no necesita mecha. ¿Cuánto tiempo? ¿una hora?, ¿dos?. Veremos. El muy bastardo saldrá del edificio en su Peugeot beige a las 17:35 justas. Sale de su oficina a las 17:25, se despide de las secretarias y de sus secuaces con su sonrisa de Jibón, pasa al baño, toma el ascensor hasta los estacionamientos. 10 minutos exactos. Y eso es todo los días. Lo sé por que lo he cronometrado. Es rutinario. Viste la misma camisa cada martes, no es la misma misma camisa, es el mismo diseño, a cuadros celestes muy tres chic y pantalones pinzados con la correcta basta en la línea de flotación de los zapatitos a medida.
    Los lunes, bueno, los lunes la tenida es similar salvo un chaleco de bizcochos negros y cafés que le queda horrorosamente. Y los viernes, mmm, los viernes son casual. Uno de esos días llegó a la oficina con mocasines, calcetines beige –adora el beige- y bermudas. BERMUDAS. El colmo, estilo Jerry Lewis con sobredosis de cafeína. Pero aquí el asunto principal es como instalarle los tubos, y que estalle en plena carretera, bruuuuuuuuuuuuuum!!!, que ni pedacitos queden, y sin, como decía la OTAN, daños colaterales. Que le tengan que recoger con una espátula para la prueba de ADN. El acceso a los estacionamientos me tiene sin cuidado. También lo he chequeado; a eso de las 3 es un desierto, y no hay cámaras, por el asunto ese de la austeridad. Tendría el tiempo suficiente para instalar “el paquete”. No debería tomarme más de dos minutos, a lo sumo. Bajar en el ascensor con el artefacto en mi mochila. Yendo a la bodega a buscar alguna cosa; y de paso, 1, 2, 3, al estacionamiento. La solución sería que los tubos se monten sobre un imán lo suficientemente potente como para fijarse en el chasis o en el estanque, reduciría el tiempo a unos pocos segundos, lo que me demore en agacharme y adherir el aparato. Pero tengo que estar absolutamente seguro que siga el itinerario de su rutina, que tome la autopista y directo a su casa. Sin desvíos. Habrá que chequearlo. Eso me va a salir caro, ¿andar siguiéndolo cómo?, ¿en un taxi?, si no nos hubiesen quitado los viáticos no habría problema, pero en un taxi, seguirlo una semana, me costaría un montón de guita. Arrendar un auto es otra posibilidad, pero no es llegar y arrendar un auto. Hay que tener una puta cuenta corriente y no estar en el dicom. Con el crédito universitario estoy ensartado hasta el fin de mis días, debo tener un Se Busca en el boletín. Tendrá que ser en taxi y ahorrar pues. Menos cigarros y menos merca, o bien, nada de merca si quiero que la cosa funcione. Oh! dios mío, tendré que ir a un funeral y hace años que no asisto a uno. ¿Le llevaré flores?. No, una corona de caridad, mis respetos a la viuda, tan buena mujer, buena en el sentido de caliente. Ahora tendrá todo el tiempo del mundo y el dinero suficiente para follarse a todos los tipos que quiera. No tendrá que ponerle los cuernos a nadie. Esperar -claro está- algún tiempo con recato, el que dirán, ustedes saben. Seguro que se va a sentir aliviada. La esposa de Tribilín. Ese era su apodo. Obviamente Tribilín es el imbécil del Jefe. ¿Estará bien de ésta forma o pruebo algún otro método más sutil? ¿Le enveneno el café, lo ahorco con mis propias manos? Quizás demasiada sofisticación levante sospechas. ¿Y quién va a investigar?, ¿los ratis, la yuta?. Se demorarían un tiempo en percatarse de que se trata de una bomba. ¿Los terroristas de la ETA, los narcos, el frente, Al Qaeda?. Van a quedar con ataque, eso sí es cierto. Y estarían mucho tiempo armando el rompecabezas. Por ahí va. El hombre merece más que pólvora. Además la pólvora se humedece, y acá en el sur llueve demasiado. Plástico, explosivo sintético. Habrá que experimentar, consultar el recetario. Tomar sus precauciones. Nada que sea inestable. No vaya a ser que bruuum!, vuelas tú y el que te escupa una corona de caridad sea el bastardo de Jerry Lewis. Habrá que esperar.

    López

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