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    «El huevo de la serpiente» es una película de Ingmar Bergman, realizada en 1977. En ella, su director presenta la vida cotidiana en Berlín, a inicios de la década de los años 20 del siglo pasado. Son los momentos previos al ascenso de Adolf Hitler al poder, la depresión económica, el miedo extendido en todas las rendijas de la sociedad, la indiferencia ante la injusticia. Quienes vimos la película en los años ochenta, en Chile, no podíamos dejar de salir a la calle y observar los detalles, los gestos, los mecanismos que evidenciaban que en nuestro país la serpiente reinaba.

    Desde entonces han transcurrido décadas, pero existen cosas que aún perduran, una de ellas, es precisamente la atención a los síntomas, a su reiteración, a su resurgimiento. Lo ocurrido con la agresión realizada al “Monumento a los Detenidos Desaparecidos y Ejecutados Políticos por la Dictadura Militar en la Región de Valparaíso” vuelve a visibilizar esto.

    Sin embargo, uno sería del todo descuidado si creyese que estas evidencias, estas provocaciones groseras son la expresión sustancial de lo que se incuba en los intersticios, en las rendijas, pero también en las azoteas de la ciudad puerto. Lo más relevante de este proceso no es visible aún, son aquellos discursos que subyacen a lo que emerge ante los ojos, que lo sostienen, rumorosamente.

    Esto plantea desafíos, demandas, al movimiento de derechos humanos en la región de Valparaíso. Estas pueden ser de diversa índole, algunos se refieren hacia el resto de la sociedad, otras son tareas que deben cumplirse en el interior de las propias organizaciones. Es en relación a estas últimas que queremos sugerir un par de reflexiones. La primera de la ellas dice relación con la imperativa necesidad de que el movimiento de derechos humanos busque caminos para salir de los márgenes “naturales” en los cuales se ha desarrollado –o más bien mantenido– en las últimas décadas. La segunda, tan imperativa como la primera, es el resolver el requerimiento que es imprescindible para la mantención de un movimiento como este: generar las condiciones para un necesario recambio generacional, que entregue nuevas energías y miradas al movimiento pero, por sobre todo, permita que el mismo pueda perdurar en el tiempo, más allá de las posibilidades biológicas de quienes ahora lo integran.

    Existe, incluso, una tercera problemática que podría agregarse, pero sus características y dimensiones ameritan el desarrollo de una reflexión específica la cual, sin embargo, queremos dejar enunciada: la necesidad de que el movimiento de derechos humanos realice una profunda discusión ideológica en relación a los contenidos y a las formas de desarrollarlos. Esto no solo implica un debate en torno a los derechos humanos de tercera y cuarta generación, sino, de alguna manera, una suerte de revisión epistemológica en relación al movimiento de derechos humanos chileno en la actualidad.

    En la ciudad puerto, existen, cómo no, muchos índices, vestigios, testimonios de la violación de los derechos humanos realizada de manera individual o colectiva. También existen diversas organizaciones e instituciones asociadas a la difusión, promoción y defensa de dichos derechos. Sin embargo, no pareciera que se han logrado desarrollar articulaciones más sólidas, diversas y de carácter estratégico entre todas ellas. Del mismo modo, pareciera que tampoco sus respectivas actividades pudiesen irradiar o expandirse más allá de los límites naturales de sus zonas de acción o de influencia. En buen cristiano, se diría que, en términos generales, suele convocarse a los mismos de siempre. En ese sentido, lo ocurrido en el monumento emblemático de los derechos humanos en la región podría ser una oportunidad, una excelente y urgente oportunidad, para realizar las preguntas que sean necesarias, en función de posibilitar que el movimiento de derechos humanos pase de la reacción a la acción, de la ritualización a la planificación estratégica, de la victimización a la elaboración de propuestas programáticas; en definitiva, que se plantee no solo la defensa de la memoria, sino también –y fundamentalmente– la disputa del sentido común, la imprescindible lucha contrahegemónica.

    (*) Escritor.

    https://sicnoticiaschile.wordpress.com

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