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    …el que mandó disparar. Eso dijo Víctor Jara hace 40 años, refiriéndose a un acto de infamia comparable moralmente a los que perpetra Israel en el Líbano. Víctor, que amaba a la humanidad, hubiera concordado en afirmar que ninguna, pero ninguna, causa en el mundo justifica matar a personas inocentes, en particular a niños, como la multitud de aquéllos a quienes la muerte por el bombardeo israelí sorprendió en pijama en la ciudad libanesa de Qaná.


    Con toda la seriedad que esta tragedia impone, viene a la mente el comentario sarcástico de un español sobre la conducta destemplada de un tipo con sus vecinos: “Tú siempre haciendo amigos, ¿eh?”. Hablemos de antisemitismo; ser antisemita es tan erróneo como ser anti-árabe o cultivar cualquier forma de racismo. Einstein e Isaac Newton son gigantes del pensamiento universal, como lo son los árabes Averroes y otros científicos que, entre muchos otros aportes, inventaron la óptica.
    Pero muchos han señalado ya el hecho evidente de que la ofensiva criminal -y estúpida, si las hay- de Israel contra el Líbano, ha reducido categóricamente, cuando no borrado de un plumazo, toda simpatía con que haya contado ese país (y, por extensión debida a él, los judíos del mundo), desde su violenta creación en 1948, año en que los EE.UU. reconocieron “de facto” su existencia, tras la brutal expulsión de los habitantes del territorio que ocupó y la posterior represión de la resistencia, actos que merecieron, tristemente, una comparación entre lo que hacían los flamantes “israelitas” y lo que habían hecho los nazis con los propios judíos.
    La ofensiva de Israel es estúpida porque por mucho que destruya el Líbano no cumplirá nunca su objetivo de eliminar a la guerrilla de Hizbolá. De modo similar, queriendo exterminar a la guerrilla del Vietcong, el ejército de EE.UU. mató a varios millones de civiles en Vietnam y destruyó el país y parte de los vecinos. Pero perdió la guerra, y Vietnam se hizo comunista a días de su patética retirada.
    Hizbolá no es un ejército de línea; es un grupo guerrillero: si lo expulsan de una posición se retira a otra. Puede reponer con relativa rapidez a sus combatientes y su artillería. Las bajas civiles le importan tan poco como a Israel, lo que los hace idénticamente repudiables. Y no hay nada que impida que vuelva a lanzar misiles contra la nación judía. Nada que impida que siga existiendo. Además, promete, naturalmente, ataques suicidas y tal vez cuenta con aliados cuyas hazañas al respecto se conocen.
    También es estúpida la agresión israelí porque ha vuelto a atizar contra sí el odio de sus vecinos (a los que ha derrotado en varias guerras desde su creación), así como el rechazo de todo el mundo árabe, y porque ha recibido la condena, merecida aunque previsiblemente débil, de la “comunidad internacional”, invirtiendo con ello, contra todas sus previsiones y conveniencias, la establecida imagen propagandística de los árabes como asesinos, para transformarlos en víctimas. Al respecto, parece muy oportuno el descubrimiento en Londres de un complot atribuido a Al-Qaeda para derribar 10 aviones de pasajeros con destino a Estados Unidos; tan “grave” era la situación que Tony Blair ni siquiera interrumpió sus vacaciones en el Caribe.
    Y es no sólo estúpida sino también irresponsable, porque amenaza con causar un conflicto regional de consecuencias apocalípticas, y porque ha causado una catástrofe ecológica al derramar con sus bombardeos una capa de petróleo de 100 kilómetros de ancho que afecta no sólo a la costa del Líbano, sino también a las de Grecia, Chipre y Turquía.
    ¿Quién puede vivir en un país así? Si ésa es “la tierra prometida”, Dios es un bromista cruel, o un sicópata. O antisemita.

    Rasho, Viena

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