• EC | Edición Mundo
  • El Ciudadano | Edición Chile
  • El Ciudadano | Edición Venezuela
  • Una sociedad plural y democrática necesita diferentes miradas del mundo. Desde El Ciudadano diaria y oportunamente, nuestras letras están en favor de construir una mejor sociedad y un mundo más justo.
    Que exista periodismo independiente también depende de ti.

    Las siguientes hipótesis para el análisis de lo acaecido este 28 de octubre en Brasil, quiero compartirlas con el amor inherente que le tengo a ese pueblo hermano, en tanto Patria Grande; y con el merecido respeto y la justa precaución de quien observa a la distancia los procesos vecinos.

    No está demás decir, que la victoria de Bolsonaro es una derrota para la izquierda latinoamericana, que hace algo más de una década puso un alto al injerencismo yanqui con el rechazo al ALCA, que desató la furia del Norte. El ascenso de la derecha no puede ser leído fuera de esa ofensiva y, por ende, no puede dejar de convocarnos.

    Con todo, la brutalidad de su discurso espanta, pero no sorprende. Como decía Brecht “no hay nada más parecido a un fascista que un burgués asustado”, la política del odio no es nueva, menos ante tanto “roto venido a gente” que generaron los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT). En Chile, tuvimos nuestra micro 28 O, cuando se anunciaron las viviendas sociales en Las Condes, y es que hay cosas que no varían mucho de un país a otro.

    Creo que el análisis de la situación, merece una  vuelta más profunda que el que las constataciones de la sociología y la politología liberal pueden hacer, y del que incluso, desde la izquierda, hemos hecho. Hasta ahora los análisis han apuntado al “voto de castigo contra el PT”, a la “manipulación mediática” e incluso los menos pudorosos, no han dudado en sindicar a la “estupidez humana” como la principal responsable. Todas lecturas posibles, pero meramente fenomenológicas.

    Es por ello, que quiero proponer cuatro hipótesis de trabajo, para escarbar en las determinaciones del triunfo del Bolsonsaro y contribuir a una lectura posible de las causas de la derrota, entendiendo que la coyuntura nunca puede, ni debe, ser analizada al margen del movimiento de las fuerzas históricas,.

    Hipótesis Uno. Las aporías de la socialdemocracia

    Habrá que dar cuenta de que solo hemos perdido Brasil y Argentina de manera democrática. Venezuela resiste, Bolivia resiste, Ecuador fue traicionado. Solo en Brasil y Argentina la derecha fue votada.

    Creo que es posible sostener que esta diferencia se debe a la fuerza de las burguesías nacionales de los gigantes del sur, a diferencia de las de la Comunidad Andina. Eso en términos geopolíticos resulta en que los socialismos de la Comunidad Andina tenían al frente a una burguesía rentista y una estructura de clases polarizada; nacionalizando la explotación de solo las materias primas se generaba una contradicción palpable entre pueblo llano y burguesía/transnacionales.

    Por el contrario, Brasil, pero también Argentina, presentaron burguesías mucho más robustas y diversas, con un fuerte desarrollo industrial (siempre en el contexto del tercer mundo). Un gobierno democrático exigía una alianza con esos sectores, para poder enfrentar a USA. Por ello, ambos países estuvieron permanentemente oscilando entre profundizar reformas sociales de carácter re-distributivo y reformas en pro de un capitalismo nacional.

    El resultado es evidente. Cuando se gana con la derecha gana la derecha y esa ambigüedad del proyecto, no puede sino resultar en un techo para las políticas redistributivas. De ahí en más, las burguesías nacionales de América Latina no tienen fuerzas para enfrentar al imperialismo. Los capitalismos nacionales no pueden, sino fracasar en el continente y entregar el gobierno a los bufones del capital transnacional.

    Hipótesis dos. La imposibilidad estructural de la reforma cultural

    El oscilar descrito anteriormente, entre políticas redistributivas y de capitalismo nacional, generó una paradoja que al poco andar devino en tragedia.

    Se integró a masas importantes de población -en Brasil a más de 50 millones- a las dinámicas de circulación de mercancía, que fue la misma que los condenó como masa marginal. Dicho en cristiano, se combatió la pobreza generada por el capitalismo, integrando a los pobres al capitalismo que por definición produce pobreza.

    La necesidad de un ciudadano consumidor, en concordancia con el proyecto de capitalismo nacional, hizo que las políticas redistributivas generaran  sujetos aspiracionales. Hubo una incapacidad estructural de cambiar la cultura, de generar personas nuevas. La marginación había que traducirla en voluntad transformadora del capitalismo, no en anhelo de pertenecer a él.

    Hipótesis tres. Los/As Brasileños/as no son fascistas

    Lo que sostengo es que la efectividad del discurso del odio derechista, no está dada por el contenido, sino por su fuerza articuladora de sentido, allí donde reina la fragmentación psicótica del neoliberalismo.

    A 28 años de la proclamación de la caída de los grandes relatos, podemos constatar con facilidad que esa misma proclamación, fue el gran relato del neoliberalismo. Una sociedad donde todo ha sido subsumido como mercancía, no puede sino generar sujetos tan volátiles como las bolsas de valores.

    El “Dios Capital” te reconoce como hijo, al nombrarte consumidor o fuerza de trabajo y, acto seguido, te abandona en la selva del mercado. El neoliberalismo es el gran relato de las triangulaciones desconfirmadoras, que de suyo amenazan la integración psíquica de las personas.

    Entonces los evangelistas, los Bolsonaro. Lo que sea que dote de sentido a las fragmentadas experiencias neoliberales. El triunfo del discurso del odio acusa, primero, la angustia de aquellos que una vez reconocidos son desconfirmados, es un antipsicótico, no importa si es misógino y la votante es mujer, o si es homofóbico y el votante es homosexual, pues “odio quiero más que indiferencia”; y segundo, la ausencia de un relato por parte de la izquierda, que sea capaz de dotar de espíritu de cuerpo a las masas, de darle un lugar a las/los ciudadanos más allá de la psicosis de la oferta y demanda.

    Hipótesis cuatro. La corrupción y el chivo expiatorio

    No solo en Brasil, sino en toda América Latina, se apunta a la corrupción como un mal estructural de los Estados. Habría que discutir si esta es consustancial al Estado Neoliberal, pero convendremos al menos en que, bajo ningún punto de vista, es patrimonio exclusivo del PT.

    En Chile el Presidente fue declarado reo –y no por lindo, como le espetó en su oportunidad el Senador Ossandón- y en Brasil Eduardo Cunha, uno de los diputados  detrás del golpe a Dilma Rousseff, fue detenido por su vinculación con redes de soborno. Si hay corrupción, esta pareciera no tener color político.

    Es por ello, que las acusaciones contra militantes del PT, sean o no verdaderas, no pueden ser analizadas en virtud de la corrupción misma. Lo que ha acontecido con toda efectividad, es un diseño mediático que lo que hace es sindicar a un culpable concreto, de la miseria estructural de la economía brasileña.

    El razonamiento presentado fue el siguiente: (1) En Brasil hay pobres; (2) Militantes del PT cometieron actos de corrupción –entonces- (3) Los pobres son culpa de la corrupción del PT.

    La cuestión es que, aún cuando las premisas (1) y (2) son reales, la deducción (3) es una falacia (por no decir una ridiculez), pero que se ampara en el imaginario de las democracias representativas que pone a los políticos como figuras plenipotenciarias sobre la realidad nacional. De ahí que las acusaciones de corrupción pesen más sobre aquellos que ejercieron el poder en un pasado inmediato, independiente de que ella esté en todas partes.

    Otra cosa son las acusaciones contra el Presidente Lula Da Silva, que siendo del todo falsas, contribuyeron al desprestigio del PT, en tanto estigma sobre su máximo líder.

    El Partido de los Trabajadores cerró un ciclo. Vendrán otros. Como dijo por ahí Álvaro García Linera  “las revoluciones no son lineales, se producen por oleadas”. Y si hoy el mar se ha recogido, será tiempo de análisis y organización, que cuando menos se lo esperen, la marea de los pueblos volverá a inundar los campos y las ciudades de Nuestra América.

    Jamadier E. Uribe Muñoz
    Director
    Núcleo 12 de Octubre de Pensamiento Decolonial

    Suscríbete a nuestros boletines informativos y recibe diariamente la información más importante publicada en elciudadano.com

    * indicates required

    A qué ediciones te quieres suscribir?


    •  
    •  
    •  
    Loading...