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    La cara y el sello:

    En un análisis de la coyuntura, en mayo de 2017*, en relación con la aparición de FA, expresé que se debía catalizar el centro político, sin hacerse centro político; que es necesaria la formación de un bloque capaz de generar la reorganización del campo popular, y atraer al ciudadano que se abstiene, para ser impulsado como sujeto histórico activo. Referí también que el FA, aportaría importantes efectos dinámicos al interior de la NM y del PDC, activando con fuerza la reacción de sectores cupulares en la falange y de algunos integrantes de la alianza de gobierno, tendientes a evitar el fortalecimiento de un bloque con un perfil de mayor representación del campo popular y en alejamiento del neoliberalismo en la conducción del Estado y del propio oficialismo.

     

    ¿Será porque la política debe trabajar con las masas, que le acomoda tanto el dicho que hay que saber cuándo el horno está o no para bollos?

     

    La cara de la moneda: El FA se inscribía en el concierto político nacional, con un gran aporte inmediato: orientar la unificación de las fuerzas anti-neoliberales hacia una nueva convergencia, tensionando lo necesario para avanzar hacia un programa que vuelva a abrazar los anhelos de las grandes mayorías. No obstante y por ese mismo reconocimiento, debió comprenderse el alcance, magnitud y profundidad posible de su incidencia en la dinámica política concreta e inmediata, porque anticipar la consecución concreta de un objetivo político a la acumulación de las fuerzas necesarias; anticiparla al arco de alianzas imprescindible y a la evaluación certera de la relación de los poderes en disputa, puede llegar ser peor que no avanzar.

     

    Desde una perspectiva coyuntural, el efecto político esperable del FA es aceptablemente conseguido: aparte de su propio fortalecimiento, genera efectivamente la tensión y quiebre de la NM. Pero, producto de una lectura inadecuada de la circunstancia, el conglomerado pretendió una ganancia por sobre la garantía de las condiciones, perjudicando el avance potencial de los intereses anti-neoliberales, confluyendo en el conjunto de variables que coadyuvaron a la derrota del oficialismo, con la derecha ganando la posición gubernamental y el control administrativo del Estado: un retroceso en las posiciones estratégicas para la articulación popular, lo que no significa ni supone entender el oficialismo nuevo mayorista como purismo anti-neoliberal.

     

    Téngase presente que la capacidad de evaluación certera de la real posibilidad de avanzar, es una condición sin la cual no es aconsejable la política.

     

    En cuanto al sello: Que lo dicho en referencia a las decisiones del FA no empañen la inapelable verdad de que las responsabilidades fundamentales de la derrota del oficialismo, radican principalmente en la acción del propio conglomerado oficial.

     

    Sin entrar en tanto detalle y reiteración, debemos tener dramáticamente en cuenta, la grave tendencia al  deterioro moral de los mismos actores del conglomerado de gobierno. La corrupción económica y la instrumentalización del poder político para fines antisociales y personales, es propiedad consustancial a un modelo de concentración extrema; es lenguaje y alma de quienes, bajo cualquier costo, pretenden mantener sus privilegios que sólo pueden ocurrir de la mano de la iniquidad. Nunca puede ser la base sobre la que se desarrolle una estrategia de poder popular, porque implicaría descomponer la incomparable calidad moral  de las luchas reivindicativas de la gran mayoría social  y proyectaría la propia descomposición moral, como fundamento de un proyecto nuevo de sociedad, que necesita elevarse cualitativamente sobre su actual desastre. No hace falta ahondar en la descomunal erosión de la confianza de parte del grueso de la ciudadanía, a causa de los innumerables cruces de intereses entre muchos actores de primer orden del oficialismo y significativos nichos estratégicos de la acumulación del capital.

     

    También resulta ineludible considerar las incidencias de la  fuerza política más importante de la NM: el Partido Comunista. Pese a mantenerse con el menor índice de daños colaterales y pese a jugar el rol más relevante, en referencia a sintonizar al gobierno con las demandas sociales, sufrió las consecuencias de elegir el abuso de una política de maniobras cupulares: Queda largamente atrapado en su arco de alianza superestructural, alejándose del campo popular, con un juego ambiguo ante las innumerables movilizaciones de pobladores, trabajadores y estudiantes; se posiciona con exagerada tibieza ante conflictos de gran calado, como los problemas ambientales y étnicos; coloca en el centro cuestiones ideológicas desprendidas de coyunturas internacionales, a fin de definir diferencias con el nuevo conglomerado emergente y acentúa el peso de sus apuestas, en la  gobernabilidad de una alianza claramente destinada a una crisis de extinción, en vez de apostar al fortalecimiento de sus posiciones  estratégicas: el pie en la calle, no tuvo el mismo zapato que el pie en La Moneda, para decirlo apegado a su eslogan del momento.

     

    En política, los tamices fundamentales, no siempre pueden ocupar el rol protagónico que muchas veces se les da. Pero también, ellos determinan criterios identitarios que dan sentido a la existencia de diversos referentes, pudiendo –en ocasiones- opacar la razón táctica en desmedro de los objetivos estratégicos y en otras, pueden resultar vitales. Hago la raya para la suma, pero la suma la hace cada cual y los principales convocados a sumar y restar están claros: el PC y el FA, que deben saber ocupar su lugar, identificando que la suma de uno, es también la suma del otro; que no existe proyecto posible para el campo popular, que pase por fuera de la unidad de los núcleos más sólidos que le representan o que se proyectan desde su naturaleza social.

    II

    ¿Aló? ¡Aquí planeta tierra!:

    Es altamente relevante actuar de inmediato ante las tensiones y dinámicas que se generan a raíz del reciente quiebre de la DC y ante el contexto político en que se genera. No es un hecho menor que treinta militantes de alta jerarquía, se separen de dicha orgánica. Con toda claridad ellos han manifestado su disconformidad con fortalecer la unidad hacia los intereses populares y una y otra vez han declarado su concomitancia con los poderes fácticos que tensionan en contrapartida, las reivindicaciones de las grandes mayorías nacionales, con independencia de la conciencia que éstas tengan sobre ello.

     

    Este fraccionamiento tendrá un efecto concreto en la correlación de fuerzas al interior del parlamento y generará la articulación de un nuevo referente, que por una parte desplazará militancia y por otra, incorporará nuevos actores desde los nichos pasivos: primera lección de que la cosa no será fácil; que recién se anuncian algunas consecuencias de perder la posición. Se definen nuevas zonas de acción para el campo popular, y crece la demanda urgente de su inteligencia política, que lamentablemente –resultados mediantes- no ha dado muestras de notable suficiencia.

     

    La actual circunstancia puede ser una novedad, pero en ningún caso es un hecho inédito en la política nacional: la década del 60 del siglo XX, en Chile y otros países, estuvo marcada por la fuerza polarizadora de la dialéctica de la historia. Hoy nuevamente se aclaran y separan las aguas para rearticular el campo popular, que comienza a darse una orgánica catalizadora del anti-neoliberalismo, para resolver los problemas de desequilibrio que arrastra la sociedad del libre mercado y la minimización extrema de los poderes reguladores del Estado y que el modelo neoliberal sólo confirma no poder resolver desde sí mismo. Todo lo anterior, sin caer en la torpe construcción imaginaria de un “determinismo dialéctico”, que parece rebajar el peso de los errores políticos descansando en el “curso inevitable del destino”.

     

    III

    ¿Aló? ¡Aquí realidad chilena!:

    Chile es un país cuyo 40 % de sus habitantes económicamente activos, viven con un sueldo mínimo. Cuenta con una población históricamente postergada; aumenta progresivamente la distancia entre los extremos de la opulencia y la pobreza, inscribiéndose con la deshonra mundial de ser el país número uno en desigualdad, ostentando lugares punta en estrés, consumo de drogas y alcohol, suicidio infanto-juvenil y otros lamentables logros, que coexisten con la expresión de la más obscena riqueza y los más desproporcionados privilegios. Es un país donde el 50% de su población activa gana  350 mil pesos o menos, pero el per cápita anual casi alcanza los 24 mil dólares. Estamos hablando de la sociedad cuya amplia mayoría se encuentra endeudada a niveles extremos: come todos los días, con pago en tres cuotas mensuales y vive sin salud garantizada; con las farmacias y supermercados coludidos para extremar sus ganancias sobre el mercado de las necesidades más básicas y sobrevive a un sistema financiero que recaptura de modo abusivo el poco dinero que se destina a los salarios. Una sociedad con graves problemas estructurales, que incluye todas las áreas fundamentales del bienestar. Una sociedad en que pampean las prácticas monopólicas  y donde estudiar se paga caro; donde vivir es una guerra y donde la codicia sin freno de un 1% de la población que concentra más del 35% del PIB, impulsa nuevas prácticas de regresión a formas de esclavitud, a través del abuso sobre la precariedad económica de los inmigrantes, de su propia gente y de las generaciones futuras, etc.

     

    V

    Ante de concluir:

    Resulta urgente sentarse a concertar pasos hacia un nuevo arco de alianzas, en torno al plano de la acción legislativa. PERO muy especial y estratégicamente, en torno a la organización y movilización concreta por las demandas profundas de la población, QUE NO DEBEN transformarse sólo en la plataforma para bloquear y desestabilizar la nueva ofensiva neoliberal, sino para construir la organización necesaria para una real disputa del poder, que conlleve el retroceso suficiente y necesario de la resistencia a las transformaciones profundas que la sociedad anhela.

     

    Si en este contexto socio-económico y en este escenario de crisis política general, las cúpulas orgánicas del arco anti-neoliberal  chileno, no son capaces de dar digno destino a sus particulares posiciones, y no generan el acuerdo que el pueblo necesita para avanzar hacia un bloque de representación suficientemente inclusivo; si las directivas no son capaces de entregar las señales precisas y urgentes para la convergencia necesaria en un programa de consenso, que no sea un documento urgente y trasnochado para definir una campaña improvisada; si los dirigentes políticos del campo popular de este país, no son capaces de generar el impulso requerido a la reorganización de las redes del poder popular, que articulen la base de sustento para el re-direccionamiento de la sociedad….si nada de esto ocurre hoy, con la urgencia requerida, entonces estamos hablando de que en Chile se ha castrado la capacidad de conducción política de los intereses populares; que se ha esterilizado la imaginación y la creatividad; la capacidad de anticipación estratégica, la voluntad y los valores más significativos de la conciencia de clase, porque para dar una lucha desde el campo popular, es necesario posicionarse en una conciencia de clase, aunque haya que discutir cuáles son los márgenes o diferencias específicas que definen su contorno.

     

    Con independencia de los errores cometidos en el camino, el FA obtuvo sobre el 20% en el plano electoral y una notable presencia parlamentaria. El FA debe ser escuchado porque así lo exige y lo reivindica un importante sector de la voluntad política ciudadana. Su contraparte no antagónica (el arco de la izquierda tradicional y la centroizquierda) se encuentra también indiscutiblemente encarnada en la base social de Chile y en ningún caso representa una herencia despreciable, como a veces la fuerza, el ímpetu y la impaciencia se equivocan en aconsejar.

     

    ¡La necesidad de acuerdo estratégico resulta evidente, necesario y urgente, HOY! ¡Es ahora el momento de definir los lazos de la sintonía gruesa! La sintonía fina será el afán del camino y el resultado de la práctica. Si esto ocurre y los partidos políticos abandonan la tendiente cupularización de la política, veremos cómo el océano de sujetos indiferentes, vuelven a tomar partido, porque así como es completamente razonable querer estar al margen de la negligencia, así también resulta deseable ser parte de los proyectos que se visten con traje de futuro.

     

    VI

    Concluyendo:

    Sería por completo intolerable, que dado este escenario y con las experiencias recientes, no se genere a corto plazo la definición de un nuevo arco de alianzas con real voluntad y capacidad de idear un programa coherente para el diseño de un Estado concordante con los intereses de las mayorías y un proyecto de sociedad capaz de repararse a sí misma y proyectarse con orgullo sobre la historia. Si esto no ocurre, ahora, ahora ya… entonces estamos frente a la total ineptitud de “dirigentes” que no calzan lo necesario; “dirigentes” sin mérito, encaramados de simples circunstancias, incapaces de direccionar a un pueblo con todas las cargas y lastres que pueda contener. Si no ocurre, estaríamos en realidad, en la orfandad más completa. Sólo nos quedaría ser capaces de generar las condiciones para desplazarlos, juzgarlos y definitivamente reemplazarlos; darles por completo la espalda; degradarlos ante la historia por la incapacidad, demasiadas veces demostrada, para avanzar por una senda de triunfos seguros, consolidables y consolidados. Es cierto que la historia crece desde el pie, pero el pie sin cabeza no encuentra el propósito para avanzar.

    Por Marcos Uribe

    Chiloé, enero de 2018

     

     

    *http://www.radiodelmar.cl/2017/03/la-dc-el-pc-y-el-frente-amplio-el-campo-popular-y-las-divergencias-y-convergencias-en-la-puerta-del-horno/

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