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    1. Mientras el otoño amenaza seriamente el corazón del verano en la capital de Chile, ya se advierten los primeros ecos de la crisis recesiva de origen norteamericano, en un paisito donde la hegemonía del capital financiero y especulativo es la herencia económica más brutal de la refundación capitalista impuesta por la dictadura.
    La presidenta Bachelet, antes de partir a sus vacaciones en el exclusivo lago Caburga –donde no logrará escapar de las protestas anunciadas de los deudores habitacionales-, afirmó que la economía chilena cuenta “con pilares sólidos” para enfrentar la debacle financiera, con el claro objeto de no intimidar a los inversionistas, y calmar y evitar cualquier asomo de “corrida” de los ahorristas. Sin embargo, sus palabras huelen a mala y nerviosa propaganda ante los hechos.

    2. La reforma provisional, joya del llamado “primer tiempo” del cuarto gobierno concertacionista, consolida el sistema de capitalización individual, blinda las AFP’s, no alcanza a establecer una administradora de fondos de pensiones estatal, no impone (como en el resto del planeta) aportes patronales para vivir la vejez con dignidad, y consolida un modelo previsional cuyas empresas se quedan con un peso de cada tres que se cotizan, mientras los otros dos van a parar a manos de los grandes conglomerados financieros. Ahora las AFP’s –músculo del capital especulativo- están calificadas para invertir hasta un 80 % del ahorro forzoso en el extranjero. Desde su nacimiento, en los albores de la década de los 80, con la capitanía económica de la ultra liberal, las AFP’s han acumulado la friolera de 23, 7 billones de pesos en cotizaciones, lo mismo que la mitad del Producto Interno Bruto de 2005. Y ya comienzan las peores jaquecas cuando, desde la madrugada de la crisis mundial en julio de 2007, el valor de las pensiones chilenas ha fluctuado a la baja, llegando a pérdidas correspondientes a más de 3 billones de pesos (más de 6 mil millones de dólares). Esto quiere decir, que los trabajadores en la actualidad promedian su jubilación a la mitad de lo que lo harían bajo el sistema anterior al de las AFP’s.

    3. Tanto la bolsa, como el dólar caen graciosamente en medio de este febrero ventoso, golpeando al capital parasitario, por un lado, y a las exportaciones agrícolas, por otra. Ya la burguesía asociada al agro ha exigido al gobierno una serie de medidas para impedir la crisis de la exportación frutícola. Y ya el gobierno comienza a echar mano al famoso superávit proveniente de los réditos de la explotación cuprífera para salvar el negocio. Hasta el momento los señores del esclavismo campesino y temporero que reina en el campo chileno están meridianamente satisfechos con la inyección de recursos. Es un movimiento correcto en un modelo que ha ahorrado a costa de la calidad de vida del pueblo, para contar con la liquidez fiscal presta a salvar –como es habitual en la historia chilena- al empresariado en aprietos. No importa. Cuando los trabajadores y el pueblo adviertan que se puede vivir mejor sin patrones, estos incidentes serán parte de la prehistoria vergonzosa de los primeros capítulos del siglo XXI.

    4. Mientras el cobre inicia su epílogo alcista (ya lleva una semana a la baja el precio del principal producto nacional exportado, principalmente a la economía China, y luego a la Unión Europea y otro tanto a la norteamericana), el costo de la vida ha aumentado casi un 8 %, mientras los salarios se han refrigerado, con una simbólica alza de un 1.8 % En resumen, el cobre, la bolsa, la confianza de los consumidores y el dólar caen cada cual a su modo, en tanto crece el costo de la vida a través de una inflación todavía bajo control, y se profundizan las desigualdades y el escepticismo popular. Asimismo, el capital se concentra persiguiendo mayores ganancias mediante megafusiones corporativas. Desde el 2002, las superintendencias gubernamentales han aprobado 8 inmensas fusiones. Entre ellas, Metrópolis con VTR; bancos Santander y Santiago; AFP’s Santa María y Bansander, y la reciente entre el Citigroup y el Banco de Chile, todas las cuales han destruido invariablemente fuerzas productivas, construido oligopolios, elevado los precios de sus productos, comisiones e intereses y castigado a los trabajadores.

    5. La eventual recesión económica que vendrá a lastimar la estabilidad del paisaje cordillerano condicionará profundamente la agenda laboral del gobierno que busca fortalecer el 2008 (¡a casi 20 años de gobiernos civiles!) un sindicalismo domesticado y puramente economicista ante la supremacía brutalmente asimétrica del capital frente al trabajo. A cambio, cómo no, de terminar con la indemnización por años de servicio y ahondar aún más la flexibilidad laboral que precariza y terceriza la fuerza laboral chilena, condena a las mujeres, los jóvenes, inmigrantes y viejos a salarios de hambre; y obliga al sobreendeudamiento (que crece anualmente un 20 % en cada familia chilena). Pero incluso el supuesto fin del “multi-rut” jurídico de las empresas que hoy minusvalida todavía más al esquelético sindicalismo nacional, es parte de una carrera casi pérdida entre el Ministerio del Trabajo y el empresariado. Toda vez que, en los hechos, la cartera del Trabajo y Previsión Social funciona como inmejorable Departamento de Recursos Humanos de la Confederación de la Producción y el Comercio (multigremio patronal). Más allá del “gallito aparente” o moderadamente real entre ese ministerio con el de Hacienda.

    6. El último tiempo de 2007 y los primeros minutos de 2008 estuvieron marcados a fuego por la lucha de sectores del pueblo mapuche, sus demandas, y una creciente simpatía popular por su causa. La huelga de hambre de Patricia Troncoso concentró la atención de las reivindicaciones centenarias del principal pueblo originario de este suelo, y develó los contenidos racistas y fascistoides de las clases dominantes. Sin duda este episodio –junto al complejo de articulaciones y capítulos de lucha protagonizados por los sectores de avanzada mapuche y los chilenos progresistas durante el período- fortalecen la demanda, organización y fuerza del pueblo que resistió con bravura estelar la violencia de los conquistadores y luego del propio Estado chileno. Asimismo, el año amaneció con huelgas de salmoneros, de [email protected] en la cuarta región, los incumplimientos de la Ley de Subcontratismo que convocan a nuevas movilizaciones del sector, conflictos de trabajadores de los retails y reuniones amplias de estudiantes secundarios y universitarios para organizar la pelea contra un sistema educacional que sólo replica las desigualdades y permanece sometido al mercadeo más insultante. El verano en Chile, no sólo es playa y Festival de Viña del Mar.

    7. En la arena política, las dos alas del bloque dominante (Concertación y Alianza por Chile), sufren sus respectivas crisis. El Partido Socialista, de la cual es militante la Presidenta Bachelet , juega sus cartas en el Congreso 28 de esa tienda, hegemonizada por el escalonismo (Camilo Escalona) neoliberal. Sin embargo, en su interior, algunas tendencias honestamente reformistas apresuran sus críticas al consenso existente respecto del actual modelo de “desarrollo” que reproduce el gobierno concertacionista. Sobre las disputas ruines en orden a la repartición de cargos, posiciones allegadas al allendismo, explicitan la realidad sin horizontes de sentido del conglomerado en el gobierno, subordinado desde siempre al capital y la burguesía transnacionalizada, antilatinoamericanista, pro imperialista; dulce y hacendoso con los poderosos y prepotente contra el pueblo. Hay que esperar los resultados de este debate con pesimistas esperanzas, mientras se avizoran los apetitos presidenciales de José Miguel Insulza. Por su parte, el PPD –criatura instrumental sin proyecto político inventada por Ricardo Lagos para enfrentar el plebiscito de 1989- ya sufrió sus propias escisiones mediante la fuga de Flores y Schaulson que pretenden inscribir un nuevo partido, sin antecedentes ligados a la corrupción y todavía más neo capitalista que el propio PPD. A su vez, la Democracia Cristiana , padeció el farandulero alejamiento de Adolfo Zaldívar –hermano del golpista y actual senador de esa tienda, Andrés Zaldívar- quien coquetea con la derecha y abruma las pretensiones presidenciales de la líder del PDC, Soledad Alvear, segura pre candidata de la Concertación para el 2009, si es que Eduardo Frei termina por hundirse definitivamente. Mientras la otra derecha –la histórica, por así decirlo- mantiene su ruedo entre Sebastián Piñera, presidente y dueño de Renovación Nacional, y un Joaquín Lavín que trata de desmarcarse de las espaldas insuficientes electoralmente de la UDI mediante declaraciones de amor a la Presidenta. En síntesis, las expresiones políticas del bloque en el poder reproducen un modelo antipopular, toman precauciones policiales ante la recomposición en tránsito de las organizaciones de los trabajadores y el pueblo, procuran publicitar diferencias inexistentes, y hacen mala pirotecnia mientras quienes ordenan la partida son la Confederación de la Producción y el Comercio, el Ministerio de Hacienda, el Banco Central, y en último término, los intereses corporativos del capital imperialista que se alimenta de la materias primas chilenas sin valor agregado y ocupa la paz relativa del país como plataforma financiera de la región.

    8. Por su lado, la izquierda tradicional orienta su atención a las modificaciones al sistema binominal, buscando, durante el 2008, imponer “en caliente”, con movilizaciones, su superación. Asimismo, o subordinada a la misma agenda anterior, ha explicitado la potenciación de la lucha de los trabajadores bajo la consigna de No a la exclusión política, por la justicia social, y por la llamada “verdadera democracia”. Hasta el momento, concretamente, ha arribado a un acuerdo por omisión con la Concertación en 15 alcaldías de las 345 del país que deben votarse hacia final de año. Por un lado, esta izquierda se juega la sobrevivencia política legal mediante alguna representación en el mapa municipal y luego parlamentario, y por otra parte, sabe que su fuerza negociadora la constituye su votación (un 4 a 5 %, aproximadamente), porcentaje acotado, pero necesario para inclinar a favor de la Concertación el virtual empate técnico de las dos alas del bloque en el poder, en una inminente segunda vuelta en las elecciones presidenciales, como ha sido la tónica en los últimos comicios. Más allá de esta política, abajo, la izquierda tradicional, se confunde en la reorganización popular, y es un actor indiscutible en la urgente tarea de construir la hegemonía amplia del campo de los trabajadores, los pobres, los intelectuales y sectores medios precarizados o en vías de empobrecimiento.

    9. En la vereda de las iniciativas orgánicas y políticas de inspiración revolucionaria cuyo horizonte estratégico está en la formulación de la fuerza social con independencia de clase, clave socialista y convicción de poder, la unidad y la incorporación a las luchas concretas de los trabajadores y el pueblo están a la orden del día. Si bien, ambos objetivos serán hijos del creciente descontento popular y el ascenso, hasta ahora paulatino, de la lucha de clases, ya existe conciencia de constelar los empeños aislados y entrar en el mediano plazo a las “ligas mayores” de la escena política. Como se ha afirmado en otros análisis, se precisa, al menos, de la fuerza mínima necesaria del sector para enfrentar con potencial capacidad de conducción un período nuevo en el ciclo histórico de la pugna entre el capital y el trabajo. Es por ello que, cada vez con mayor claridad, se formulan las piezas nucleares de un nuevo proyecto histórico distante de la colaboración de clases y nutrida por la experiencia de la lucha más inclaudicable del pueblo chileno, latinoamericano y mundial contra el capital, las clases dominantes y el imperialismo, y se pone la mira en la estrategia insobornable de llegar, a través de un proceso complejo y dinámico, a un gobierno de los trabajadores y el pueblo. Contra el derrotismo, la melancolía, el llamado “realismo político” y la autocomplacencia; vieja militancia revolucionaria y nueva juventud rebelde se agregan al conjunto de la causa de inspiración libertaria. Está claro. Hoy urge no sólo crecer e influir “donde se pueda”. No sólo han sido los clásicos teóricos del campo popular los que anuncian que los trabajadores, en su diario enfrentamiento a la expoliación del capital, constituyen la fuerza cualitativa matriz y motriz de cualquier proyecto a la altura de los objetivos dispuestos. Bastó en Chile que segmentos numéricamente menores, pero ubicados en centros neurálgicos de la acumulación capitalista (subcontratismo del cobre y las forestales), se arriesgaran a la lucha para que el Estado burgués –instrumento medular del bloque en el poder- y el empresariado gremializado pusiera el grito en el cielo; la iglesia aventurara salidas económicas a las desigualdades estructurales sobre las que se reproduce el capital, y el gobierno iniciara su gatopardista política de “pactos sociales” para amortiguar, domesticar, reprimir e institucionalizar los conflictos de 2007 y como medidas precautorias para las luchas sociales venideras. El conjunto de rebeldías anticapitalistas existentes en Chile debe ordenarse junto a la lucha de los trabajadores. En este sentido, el 2008 debe ser el año de la lucha por el salario y la estabilidad laboral. Hay que instalar el debate serio, maduro, y bajo las coordenadas del análisis concreto de la realidad concreta sobre arriesgarse a disputar lugares sustantivos en la Central Unitaria de Trabajadores. Que no para fortalecer su sospechosa desorientación pro gubernamental, sino para provocar su transformación interna, profunda, democratizadora y sin concesiones. Para convertirla en el instrumento político sindical de los trabajadores y sus intereses independientes e irreconciliables con el capital. El largo derrotero de la acumulación de fuerzas –sinónimo y resumen de la política- y la construcción de la hegemonía de los trabajadores y el pueblo; su táctica flexible, pero enrumbada estratégicamente; y las expresiones políticas combinadas y compartidas, son piezas del puzzle urgente de los contingentes de la militancia de inspiración revolucionaria chilena. La crisis del capitalismo y la organización resuelta del campo popular (los trabajadores, pobladores, estudiantes, pueblos originarios, y todos aquellos que padecen los efectos del actual modelo) son las condiciones y los actores precisos para resituar el socialismo como único futuro posible para la felicidad de la humanidad. El resto es selva.

    Andrés Figueroa Cornejo
    Polo de [email protected] por el Socialismo

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