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    Pensé que podría resistirme a comentar en detalle la crisis actual, sobre todo porque evaluar el costo de un terremoto cuando la tierra aun tiembla y los edificios aun caen, es un ejercicio inútil.

    No obstante, no solo la presión popular sino el hecho de que ya no soy muy joven y no puedo legarle la tarea a mis hijos (ninguno de los cuales es analista), me hicieron cambiar de idea. Ruego considerar esta nota como un informe provisorio.

    UN POCO DE HISTORIA

    Cuando las acciones comenzaron a caer en Wall Street El Mercurio mencionó el hecho en sus páginas interiores. La semana siguiente agregó: “La caída de las acciones en New York no ha tenido ningún efecto en Chile”. En los días siguientes las autoridades insistieron en que la crisis era un fenómeno pasajero y foráneo, y en que la economía nacional estaba en mejor situación que la de otros países.

    ¿Suena conocido? Todo esto no se refiere al 2008 sino a 1929, durante el gobierno del presidente Ibáñez. En realidad el Gran Krach y la depresión que siguió dañaron tanto a Chile que un estudio posterior hecho por la Sociedad de Naciones (predecesora de la ONU) indicó Chile como el país más afectado por la crisis que estalló en 1929.

    ¿Podría pasar de nuevo?


    EL ESTADO

    Una fuerte dependencia de las exportaciones de salitre y de los ingresos fiscales combinado con  necesidades de préstamos externos no pudieron resistir la baja de un 80% en el precio de la principal riqueza básica de Chile a partir de 1929 y con el cierre del crédito.

    Si has leído atentamente mis notas debieses saber que el actual Estado chileno no vive de los ingresos del cobre. Sin necesidad de ello ya tiene un confortable excedente, e invierte imprudentemente lo ya acumulado en los mercados internacionales, mientras rehúsa decir cuánto ha perdido.

    Hace poco ha llegado incluso a lanzar licitaciones entre los bancos de inversiones (Q.E.P.D.) para la gestión de parte de esas inversiones en un modo más “agresivo”. También puedes recordar las dos lumbreras que discutían en un Seminario en qué tipo de acciones de “calidad” debiesen invertirse los ahorros chilenos. Lo que equivale a discutir sobre la calidad de la orquesta mientras se hunde el Titanic…

    Si uno excluye algunas obligaciones del Banco Central que constituyen una operación incestuosa para todos los efectos prácticos, hay muy poca deuda pública de la que hablar. Toda  la deuda externa del Estado podría ser pagada con una fracción de los recursos acumulados. Podemos pues concluir en que no hay mayor vulnerabilidad financiera en el ámbito estatal. Si Chile pudo crecer y equilibrar sus cuentas con un cobre a U$ 1,07 la libra (el promedio para los tres primeros gobiernos de la Concertación) quiere decir que aun hay un amplio margen de seguridad.

    EL SECTOR BANCARIO

    Tomando en consideración todos los nombres ilustres que se han derrumbado en las últimas semanas, sería muy osado decir nada a propósito de la salud de cualquier banco.

    Miremos a los informes sobre la situación del sistema bancario chileno al 31 de agosto, tomando en cuenta las tasas de cambio de entonces. El total de activos era de U$ 183 mil 510 millones, con fondos propios de U$ 12 mil 350 millones y ganancias de U$ 1 mil 320 millones para el período de ocho meses (cifras no comparables en razón de nuevas metodologías contables para las cuales el año pasado no fue presentada ninguna pro-forma equivalente). El RoE (return on equity, rentabilidad sobre fondos propios) era de un 16,1%. Los depósitos alcanzaban U$ 107 mil 410 millones.

    La cartera de créditos alcanzaba los U$ 128 mil 200 millones, de los cuales un 24% en el sector inmobiliario. Solo el 0,92% de la cartera presentaba morosidad. Entre obligaciones habían U$ 12 mil 200 millones de depósitos interbancarios extranjeros, y U$ 2 mil 830 millones depositados por instituciones chilenas con bancos en el extranjero. Los instrumentos derivados aparecen como activos por un total de U$ 9 mil 730 millones y obligaciones por U$ 9 mil 150 millones.

    A pesar de muchos esfuerzos en los últimos 15 años, el interés por los productos derivados e incluso por operaciones bona fide relacionadas con transacciones de divisas y el mercado de valores ha permanecido (gracias al cielo) modesto.

    Hay que precisar que 50% de la cartera de créditos en Chile es controlada por filiales y agencias de bancos extranjeros, con una fuerte presencia de instituciones españolas (juntos, Santander y BBVA cuentan por un 27% del total de créditos acordados por los bancos chilenos). Locales o extranjeros, los bancos son tan puntillosos al acordar créditos importantes (los pequeños créditos al consumo y la emisión de tarjetas de crédito es otro cuento), que incluso clientes muy solventes sufren antes de obtener el dinero.

    Esto puede explicar la calidad de la cartera, aun cuando la proporción de créditos hipotecarios que casi dobló en los últimos 18 años (no hay razón para llamarlos “subprime”) pudiese indicar alguna vulnerabilidad. No ha habido ningún boom inmobiliario en Chile en épocas recientes lo que reduce el riesgo de un krach, aun cuando una ralentización es inevitable.

    La dependencia de créditos interbancarios foráneos (menos del 11% del total de obligaciones) es baja, y mitigada por la relación que varias instituciones tienen con la casa madre extranjera y el hecho que el Banco Central y el ministerio de hacienda, que disponen de recursos significativos, han intervenido aportando liquidez a través de créditos a corto plazo o bien subastando depósitos en dólares entre los bancos.


    EL MERCADO DE VALORES Y EL PANORAMA CORPORATIVO

    El mercado de valores chileno ha sido atractivo para los inversionistas locales y extranjeros, pero los efectos combinados de la baja de las acciones y la depreciación del peso han traído consigo una baja acumulada del índice IPSA, medido en dólares, de más del 37% a octubre de este año. La media de transacciones a septiembre del 2008 era de U$ 195 millones al día en Santiago (excluyendo las transacciones de ADRs chilenas cotizadas en el extranjero).

    Los resultados de las principales empresas chilenas (cotizadas en bolsa o no) no eran espectaculares incluso antes de los últimos acontecimientos. En el primer semestre del 2008 las 600 empresas más importantes habían incrementado sus beneficios en solo un 3,6%, pero esa cifra consolidada induce a error porque fue dopada por los buenos resultados de las compañías mineras. En efecto, dos tercios de las empresas vieron declinar sus beneficios o constataron pérdidas.

    El sector empresarial no financiero podría ser el talón de Aquiles en el panorama chileno. Su deuda externa creció en un 54%, a U$ 47 mil millones, entre diciembre 2005 y agosto 2008. Peor aún, la proporción de las deudas a corto plazo creció en un 151% a U$ 14 mil 300 millones en el mismo período y su renovación (rollover: renovación a la tasa de interés del día) podría ser problemático en las actuales condiciones del mercado.

    El servicio de la deuda también será más caro porque el dólar subió en un 19% contra el peso en términos reales desde principios de año. La situación se verá aun más complicada por una ralentización de la economía que afectará tanto las actividades locales como la actividad exportadora, mientras eventuales alzas de precios encontrarán resistencia de la parte de una población sobre endeudada y con niveles de empleo a la baja.

    LOS FONDOS DE PENSIONES

    A septiembre del 2008 los activos combinados de las cinco AFPs chilenas habían caído en un 14,9% en términos reales, a U$ 92 mil 330 millones. Durante algunos años los cotizantes habían podido elegir entre  cinco diferentes tipos de fondos, desde “A” (invertido principalmente en acciones), a “E”, limitado a obligaciones de renta fija. Los detentores de cuentas de tipo “A” vieron sus haberes colapsar en un 26,7%, mientras que los fondos de tipo “E”, más seguros, se las arreglaron para ganar un 0,5%.

    Aparte del daño causado a la proyección internacional de la reforma de pensiones como la solución a todos los males (ha mostrado que contrariamente a un esquema estatal o uno basado en el salario final, no garantiza una vida decente en la vejez), la esperanza de estimular una cobertura mayor se vino al suelo. No solo será más difícil recuperar el pago del 45% de suscriptores morosos, sino que la esperanza de utilizar incentivos y amenazas para atraer al 95% de trabajadores independientes que están fuera del sistema de AFPs vale tanto como las acciones de ENRON.

    EL MERCADO INMOBILIARIO

    El mercado inmobiliario en Chile ha estado estancado desde el 2006 (medido en nuevas autorizaciones de construcción), y la construcción en general ha sido mantenida a flote por el crecimiento en edificios industriales y de servicios. No obstante, las cifras hasta agosto, antes de que empezaran los actuales regocijos, muestran una seria deterioración. Para el mes de agosto, la vivienda (-10,4%) y otras construcciones (-35,4%) cayeron abruptamente, con una baja acumulada del 5,4% para los primeros ocho meses. Hay indicaciones que las ventas en Santiago Centro han colapsado en las últimas semanas.

    El conglomerado Cencosud ha reducido sus planes para el emblemático proyecto Costanera  Centro en un 50%.

    Como decía más arriba, nunca hubo un boom de la vivienda en Chile, en donde la propiedad aun es barata incluso para los estándares regionales. El mercado chileno también tiene una característica curiosa, en el sentido en que se parece más al mercado automóvil que a las usuales tendencias inmobiliarias. Las viviendas nuevas pierden de su valor con el primer propietario porque quienes pueden permitírselo prefieren no comprar casa de segunda mano. Una alta demanda de oficinas y espacios de servicio en sectores a la moda ha atraído inversionistas extranjeros últimamente. Ya están perdiendo un paquete de dinero solo en la tasa de cambio.

    Las 100 más grandes empresas dijeron tener planes de inversiones por un total de U$ 53 mil millones para el periodo 2009-2020. Lo que sobreviva a la crisis actual tendrá una incidencia en el mercado.

    LA ECONOMIA LOCAL

    Los registros resultados de los previsionistas chilenos, oficiales y privados, al prever el PNB o la inflación, no es muy bueno, ni siquiera para “tiempos normales”. Definitivamente, estos no son tiempos normales y lo único que uno puede razonablemente hacer es esperar un crecimiento del orden del 2 al 3% en el 2009. Cualquier cosa más allá de ese horizonte hay que dejárselo a los adivinos y no a los economistas.

    Lo que es seguro es que una reciente encuesta dice que 88% de la población suspenderá cualquier compra de muebles, ropas y equipos para el hogar.

    Esto afectara el comercio de detalle que es un importante empleador y ha gastado una fortuna expandiéndose por todos los sitios en el último tiempo.

    Los viajes al extranjero también serán afectados, con un dólar que ha aumentado en un 43% desde marzo. Ya antes, las tarifas aéreas habían aumentado por causa de los costes del combustible, de modo que el costo total de las vacaciones en el extranjero será prohibitivo para mucha gente.

    Con la actividad empresarial ralentizada los viajes de negocios también sufrirán, incluyendo el creciente mercado de seminarios y conferencias, pequeñas y grandes, que se efectuaban en Chile a pesar de su lejanía con relación a cualquier sitio.  Las ofertas de las aerolíneas, prácticamente desaparecidas, están reapareciendo en lo que se parece al comienzo de la desesperación.

    Todo esto ocurre justo cuando el Parlamento discute un presupuesto más bien austero para el 2009 (aunque prevé un incremento real del gasto de un 5,7%). Me ha sido imposible encontrar la previsión de tasa de cambio utilizada para preparar el presupuesto, pero de todos modos ya se quedaron fuera del tiesto, así como otros elementos de los ingresos y del gasto.

    El principal impacto negativo de un peso débil se hará sentir en la inflación. Aun cuando el incesante incremento en los precios de los combustibles y de la electricidad puede verse mitigado por la baja de los precios del petróleo y algunas materias primas alimenticias, las otras importaciones van a sufrir, desde los textiles a la electrónica, así como los automóviles.

    Los distribuidores del sector automotriz aun no han repercutido las nuevas tasas de cambio a sus clientes, pero no tardará mucho.

    Aun cuando hay gente con mucho dinero en Chile, la mayor parte de los chilenos de todos los niveles socio-económicos están muy endeudados. Esto porque independientemente de su nivel de ingresos, viven por encima de ellos, o invierten sus recursos en propiedades o en un negocio, y tienen muy poca reserva en efectivo.

    Para ellos un mercado paralizado es una catástrofe. El comercio de lujo, desde las antigüedades a los restaurantes exclusivos, desde la ropa fina a las escuelas y universidades caras, debiese sufrir, especialmente si la crisis se instala.

    ¿Reaccionara el gobierno lanzando iniciativas de gasto público? No es el estilo de la casa (aun cuando la Sra. Bachelet musitó algo a propósito de “obras públicas”), y cualquier gasto de este tipo (mucho del cual tiene un significativo retraso) sería muy útil. Así, el llamado del ex presidente Lagos para relanzar el puente a Chiloé es un elefante blanco fuera de precio, contrariamente al más que necesario túnel de conexión con Argentina que hace ya tiempo debiese ser una realidad.

    Del mismo modo, esperar el renacimiento del tren hacia el sur es algo que pertenece al mundo de los sueños. No solo por razones económicas. El desastre del sistema de transporte público Transantiago, -que pasó de ser un sistema razonablemente eficiente que no le costaba nada al Estado a un instrumento de tortura cotidiana que requiere  mil millones de dólares de subsidio anual-, no estimulará tales iniciativas.

    Las primeras medidas han estado orientadas (modestamente) a mantener el flujo de crédito hacia la economía y podría haber algunos subsidios orientados al gasto social que se sumen a los ya existentes. Otro paquete de medidas ha liberado algunas restricciones a las transacciones y puesto a disposición U$ 850 millones para financiar la pequeña y mediana empresa. Sus costes financieros han doblado en los últimos meses.
    Otras víctimas son las empresas extranjeras basadas en Chile dedicadas al mercado doméstico. Aunque aumentasen su volumen de ventas (lo que es optimista dadas las circunstancias), al traducir sus ingresos a moneda extranjera para efectos de la contabilidad de la casa matriz, aparecerán con malos resultados.

    Las últimas encuestas muestran que 27% de la gente culpa al gobierno por la crisis, y otro tanto a los EEUU. Tenemos elecciones municipales el 26 de octubre, seguidas por elecciones legislativas y presidenciales en diciembre del 2009. Como le dijo Maquiavelo al cura que quería que renunciase al Mal y a todas sus obras en su lecho de muerte: “Padre, esta no es la hora de hacerse de enemigos”.


    EL ESCENARIO INTERNACIONAL

    El comercio exterior chileno ha sido saludable por largo tiempo, de modo que el anuncio de un déficit de U$ 319 millones para septiembre, la primera cifra mensual negativa en seis años, fue un shock para muchos. No obstante, el excedente comercial acumulado para los primeros nueve meses aun es de U$ 12 mil 250 millones (-38,1%).

    Precios más bajos para el cobre y dificultades en la exportación de otros productos (salmón, uvas, vino) en un mundo en recesión contribuirán a hacer empeorar esa cifra. De todos modos no pienso que sea causa para preocuparse en lo inmediato por el comercio exterior de Chile. La exacta medida de lo cual no se limita a los resultados del comercio, como suele pensar mucha gente. La balanza corriente es una herramienta mucho más útil para el análisis, junto con el flujo de global de capitales.

    En los últimos años mucho dinero se fue del país (inversiones en el extranjero de empresas chilenas, envíos de beneficios de las empresas extranjeras que operan en Chile), y también ha entrado para importantes proyectos de inversiones, principalmente en recursos naturales. Es demasiado pronto para saber cuánto de ese flujo será afectado en ambas direcciones. Las reservas de divisas a fines de septiembre estaban en la confortable cifra de U$ 24 mil 200 millones.

    Sin embargo, incluso Perú tiene reservas más altas en su Banco Central (U$ 34 mil 420 millones al 7 de octubre, sin contar la seguridad adicional, si puedo llamarla así,   de los fondos soberanos en el extranjero). Las reservas pueden agotarse rápido en una crisis. A principios de octubre, México y Paraguay perdieron 10% de sus reservas en una semana intentando defender sus respectivas monedas.

    Esta puede ser una buena oportunidad para hablar sobre algunos vecinos, particularmente de Argentina y Brasil que son importantes socios comerciales, receptores de inversiones empresariales chilenas y originadores de flujos de turistas hacia Chile. Nunca fui un fanatincha de Brasil, especialmente no del supuesto “círculo virtuoso” en el que se supone que se ha situado. He advertido a propósito de sus vulnerabilidades. En la quincena pasada sus bancos han tenido problemas y su moneda se hundió.

    No obstante, su peor problema es la deuda pública de un billón de dólares del cual cerca del 30% vence a fines del 2009. Para poner esto en perspectiva, Brasil,  además de pagar unos U$ 300 millones en intereses cada día de dios, tendrá que refinanciar en los renuentes mercados nacional e internacional U$ 300 mil millones de deuda pública en los próximos 15 meses. Una receta para el desastre.

    Argentina también ha sufrido algunas presiones sobre su moneda, aunque han sido menos pronunciadas y, según alguna gente, algo tardías. De todos modos, con una tasa de inflación que llega al 30% toda inflación importada es mal venida. Aunque contrariamente al Brasil aun tiene un presupuesto equilibrado, también tiene consistentes montos de deuda que llegan a vencimiento y que necesitan ser refinanciadas (U$ 7 mil 750 millones solo en el 2009). Hasta ahora, malabarismos locales y una onerosa ayuda de Chávez han reemplazado a los acreedores extranjeros. Estos últimos han estado boicoteando el país a causa de su incapacidad para obtener un acuerdo relativo a la deuda con el Club de París y alcanzar un acuerdo con los detentores de bonos que rehusaron aceptar una oferta hace algún tiempo. No debe sorprender que Argentina haya desarrollado un repentino entusiasmo para mejorar sus relaciones con los mercados, aunque probablemente demasiado tarde para cualquier propósito practico, y que esté considerando una amnistía para estimular la repatriación de capitales argentinos colocados en el extranjero.

    El colapso de los precios de las materias primas (el precio de la soja bajó de 50%) también pondrá presión en los ingresos fiscales que han recibido un gran aporte de los impuestos a las exportaciones.

    El grupo chileno Cencosud ya anuló planes para lanzar sus Almacenes París en Argentina.


    HUEVADA DE LA SEMANA

    El premio va a la declinante cadena detallista Unimarc por la comercialización de una “Ensalada vegetariana de jamón”  en sus estantes de comidas preparadas.

    Otros concursantes fueron el Hotel Ritz-Carlton que propone aperitivos descritos como “ameuse-bouche” (sic) en su Menú, y los redactores de los titulares de La Tercera que se refieren a la “Agreción” (sic) que sufrió el candidato a alcalde Alvaro García.

    ¡Como puedes esperar que los chilenos mejoren su conocimiento de las lenguas extranjeras si sus “mejores” periodistas no pueden escribir ni siquiera el suyo!

    Por Armen Kouyoumdjian –  (original en inglés, versión española de Luis Casado)

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