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    China-África: un nuevo acuerdo

    Durante 500 años, sin excepción, las potencias extranjeras en la tierra de África se han servido exclusivamente a sí mismas y han practicado una explotación brutal. Por ello es difícil, por no decir imposible, imaginarse la posibilidad de otro tipo de relación entre extranjeros y africanos. Pero hoy, en un momento crucial de transformación a nivel mundial, y por muchas razones que incluyen el futuro de poblaciones enteras y el mundo en su conjunto, es de una importancia vital no solamente imaginar, sino también observar y apoyar, basándonos en hechos concretos, la construcción de un nuevo tipo de relaciones.

    PANORAMA GENERAL

    La serie de encuentros celebrados en el marco del Foro Trienal de la Cooperación China-África entre chinos y jefes de estado africanos, donde se deciden conjuntamente el curso de los compromisos y planes de proyectos específicos, comenzaron en el año 2000, marcando un nuevo capítulo histórico para ambos continentes. Echemos un vistazo rápido al tipo de proyectos que han tenido lugar desde entonces:

    “De una total de 1.673 proyectos implementados por las empresas chinas en los países africanos, 757 fueron a parar en manufacturas y sectores relacionados, 215 en sectores sociales, 192 en sanidad, 161 en educación, 115 en transporte e infraestructura, 106 en sector agrícola, 83 en energía, y solamente 44 en minería.”[1]

    “Hay una cantidad estimada de 800 corporaciones chinas que hacen negocios en África, siendo la mayoría de ellas empresas privadas que invierten en infraestructura, energía y sector bancario. Las líneas de créditos blandos e incondicionales (con tasas de interés de 1,5% sobre 15-20 años) han ocupado el lugar de los créditos occidentales, más restrictivos y condicionales. Desde el año 2000, se han cancelado más de 10.000 millones de dólares de deudas de naciones africanas con la República Popular China.”[2]

    “La educación y la transferencia de know-how tecnológico representan una parte creciente de los esfuerzos de China por ejercer un “soft power” en África. Existen más de 20 centros de entrenamiento agrícolas conducidos por China y alrededor de 40 academias de idiomas, centros Confucio, a lo largo y ancho del continente. El ministro de Asuntos Extranjeros chino Wang Yi dijo la semana pasada que su gobierno ofrecería 10.000 becas a funcionarios africanos para estudiar en China en la próxima década. China ya es la destinación número uno de estudiantes africanos de países de habla inglesa, por delante del Reino Unido y los Estados Unidos.”[3]

    Los proyectos chinos no se concentran en países ricos en recursos, sino que se distribuyen por todo el continente. En Angola, los 14.500 millones que han sido invertidos se reparten por todo el país para obras de reconstrucción, mientras que el petróleo angoleño está en el litoral. En el Congo, la multitud de carreteras construidas conectan el país con los países de alrededor, y no conducen hacia la costa. Las vías férreas, como la que se ha construido en Kenya, no solamente permiten transportar materiales fabricados por los británicos, sino que impulsan las economías locales y facilitan el comercio entre las regiones y naciones africanas. Hay 25 empresas chinas que construyen infraestructura en Etiopía, un país que prácticamente no tiene nada en cuanto a recursos naturales. (Deborah Brautigam)

    El séptimo encuentro del Foro para la Cooperación entre China y África tuvo lugar a principios de este año, reuniendo a 53 líderes africanos (todos menos uno), y en el mismo se anunció un nuevo plan de desarrollo implicando 60.000 millones en inversiones para África. Esto incluirá “15.000 millones en subvenciones y préstamos libres de intereses; 20.000 millones en líneas de crédito; un fondo de 10.000 millones para financiación al desarrollo; 5.000 millones para financiar las importaciones desde África; y la condonación de deudas para las naciones africanas más pobres que tengan relaciones diplomáticas con China”. Otro desglose se puede consultar aquí. Para un panorama más comprensivo de los proyectos chinos en África, ver este informe del instituto japonés Institute of Developing Economies.

    PROBLEMAS

    Siempre que hay un poder asimétrico y que diferentes partes están operando desde una base económica desigual, surge el peligro de que se produzcan injusticias. A pesar de que los representantes del Partido Comunista de China supervisan las operaciones de todas y cada una de las grandes empresas privadas, y que las corporaciones sean responsables ante el gobierno democrático del pueblo, con tantos proyectos a gran escala es inevitable que ocurran innumerables conflictos y problemas. Desde tratos injustos hasta prácticas de corrupción, y desde problemas laborales hasta choques culturales y racismo, todos estos problemas deben ser reconocidos y tomados en serio, y deberíamos priorizar el punto de vista de las partes estructuralmente desfavorecidas.

    Pero a la hora de confrontar estas complicaciones, errores y crímenes, es importante mantener un punto de vista equilibrado, y tener en cuenta una serie de cosas: los errores y abusos de empresas individuales no reflejan la política de Estado. Las controversias y complicaciones a nivel local deberían ser evaluadas caso por caso, y en una parte proporcional a la escala y el alcance de planes de desarrollo más grandes. No se debe escurrir el bulto con las prácticas injustas, pero no deberían tampoco ser utilizadas para juzgar la totalidad de la actividad china. Y de hecho han habido nuevas reformas políticas para restringir las prácticas de “laissez-faire” en los negocios, de manera a resolver estos problemas. Por ejemplo, a pesar de que en la mayoría de países africanos los proyectos chinos siempre han contratado una gran proporción de trabajadores locales en lugar de extranjeros (Deborah Brautigam), en los últimos años las grandes empresas han ido contratando de manera significativa aún más mano de obra local, a pesar de que por una serie de razones ello implique menos coste-efectividad a corto plazo.

    GEOPOLÍTICA

    El poderío global de los Estados Unidos está en declive, y los políticos estadounidenses han señalado de manera explícita a China como su “mayor amenaza” en el presente y en los años venideros. Pero existen incluso dinámicas más grandes con raíces históricas más profundas: las potencias occidentales siempre han ansiado el regreso de su propiedad, incluso si “perdieron” a China por la revolución comunista de 1949. Y contrariamente a la creencia general, la “Guerra Fría” ideológica librada por los imperios burgueses contra el comunismo no ha cesado después de la caída de la Unión Soviética.

    Aparte de las clásicas campañas de desestabilización contra la República Popular China (exactamente las mismas que hemos visto recientemente en Libia, Egipto, Siria y Ucrania), con la financiación del extremismo islámico en Xinjiang y de los elementos “pro-democracia”, el imperio mediático global estadounidense está reforzando la propaganda anti-China y sinófoba. Además de las constantes y fraudulentas afirmaciones para infundir temor sobre el “totalitarismo” y las mentiras descaradas y sin fundamento alguno sobre “el millón de uigures detenidos”, Internet está repleto de artículos sobre el “colonialismo” y el “imperialismo” chino en África, que hablan de la “trampa de la deuda” y la “dominación financiera”, a pesar de las evidencias que demuestran lo contrario.

    PROPAGANDA VS. REALIDAD

    Para hacer una valoración del uso de los términos “colonialismo” e “imperialismo”, de manera a describir esta nueva relación entre China y África, como han hecho algunos, debemos ser precisos en lo que respecta al significado de estas palabras.

    El colonialismo implica el dibujo de fronteras artificiales, la imposición de leyes extranjeras, la conversión forzada a una religión, la prohibición de lenguas indígenas, la esclavización de las poblaciones locales, la represión violenta de revueltas y, crucialmente, el establecimiento de colonias. China no hecho nada de esto.

    El imperialismo suprime el desarrollo económico independiente de los países anfitriones. Crea y mantiene una pobreza artificial por medio del derrocamiento de líderes elegidos democráticamente y la instalación de dictadores marionetas. Desestabiliza al país anfitrión mediante el financiamiento de grupos extremistas y la organización de conflictos y guerras, de manera a mantener los precios bajos para mercados extranjeros, perpetuando el caos y la discordia con fines de explotación económica. El imperialismo mantiene la dominación política, se concentra en la industria de extracción, y solamente invierte en sectores con elevadas tasas de beneficio.

    La República Popular China no solamente no está haciendo nada de lo mencionado arriba, sino que hace todo lo contrario. China está ayudando al desarrollo de África sin entrometerse en política bajo el pretexto de la “reestructuración política” y sin intimidación militar enmascarada detrás de la “ayuda a la seguridad”. Las relaciones mutuamente benéficas están empíricamente demostradas, y en ellas se intercambian recursos por desarrollo en áreas necesitadas. China aporta tecnología y financia infraestructuras a cambio de recursos, lo opuesto a los negocios occidentales, donde el dinero se da a las élites políticas a cambio de recursos.

    En aproximadamente la primera década de intervención de China en África, la industria en el continente africano entero ha crecido a un ritmo de aproximadamente 5 a 10% al año. En Angola, donde se invirtieron fondos chinos por un valor de 14.500 millones de dólares en 2011, la tasa de pobreza absoluta ha bajado de 68% a 36%. Los préstamos chinos tienen “comparativamente bajas tasas de interés y largos periodos de reembolso” (Deborah Brautigam), y en muchas ocasiones son extendidos, y a veces completamente condonados.

    La ayuda al desarrollo soberano de los países anfitriones contradice completamente y mina la base misma del imperialismo. Con toda evidencia, el modus operandi de la República Popular China destruye el modelo estadounidense/europeo de extracción pura, y se caracteriza por el beneficio mutuo. El beneficio que cosecha China de estas relaciones se basa en el incremento de oportunidades económicas con economías de alto crecimiento, en lugar de basarse en el saqueo.

    Según la OCDE, con cada 1% de crecimiento de la economía china, 7,7 millones de personas fuera del país son sacadas de la pobreza, haciendo de China el más poderoso instrumento de reducción de pobreza en el siglo XXI. No se equivoquen: esto es socialismo.

    En el Congo, posiblemente el lugar más rico del planeta, y por lo tanto el lugar más maldito del mundo bajo el capitalismo, ha habido 5,4 millones de muertes oficiales por la guerra entre 1998 y 2008, en lo que la ONU ha llamado “el peor desastre humanitario desde la Segunda Guerra Mundial”. Estos conflictos continuos, a menudo utilizando a niños soldados, tienen como origen el control de las minas para proveer a las corporaciones occidentales de minerales cruciales. El caos y la violencia pandémicos  mantienen los precios bajos. Estas condiciones fueron creadas por medio de la instalación de dictadores corruptos amigos de Occidente, después de que fuerzas estadounidenses y francesas asesinaran al líder socialista post-independencia y democráticamente elegido Patrice Lumumba.

    Seamos muy claros: si China hubiera estado en posición de poder intervenir en el Congo desde 1961, en lugar de luchar para desarrollar su propia nación después de sufrir más de un siglo de dominación colonial, en lugar de los Estados Unidos y aliados, ninguna de las graves y colosales tragedias mencionadas anteriormente habría tenido lugar, y la vida en este maravilloso lugar, con gente de lo más hermosa y una cultura increíble, sería exponencialmente mejor hoy. Calificar a la intervención china en África de “colonialismo” o “imperialismo” no solamente es desvalorizar la palabra hasta el punto de no significar nada, sino también un insulto hacia las millones de víctimas del colonialismo real y del actual imperialismo.

    UN NUEVO ACUERDO

    El status quo de África, moldeado por los últimos 70 años de imperialismo occidental post-colonial, es horrible, ya que los Estados Unidos y Europa siguen entrometiéndose en el continente y desangrándolo. La única cosa que puede romper este ciclo de explotación y dominación es el refuerzo de las naciones africanas a través del desarrollo independiente, empezando por la construcción de infraestructuras sobre las cuales pueden surgir grandes empresas y gracias a las cuales las economías fuertes pueden crecer. La Iniciativa de la Franja y la Ruta de China se integra con la propia Agenda 2063 de África, “un marco estratégico para la transformación socioeconómica del continente para los próximos 50 años”[4], combatiendo el desempleo, la pobreza y la desigualdad.

    Mientras debemos mantenernos vigilantes y mantener a las empresas chinas en alta estima, no debemos caer en la propaganda capitalista, y tener en cuenta el panorama general. Incluso con un abrumador sesgo anti-chino en los medios de comunicación globales dominados por Occidente, muchos estudios de grupos no partidistas reflejan actitudes positivas, como este estudio de la red de investigación panafricana Afrobarometer:

    “Los hallazgos de […] encuestas realizadas en 2014/2015 en 36 países africanos […] sugieren que el público tiene opiniones generalmente favorables de las actividades económicas y de ayuda de China. […] la nota desveló que las percepciones del público no solamente confirman el importante papel económico de China y su papel político en África sino que generalmente retratan su influencia como benéfica.”[5]

    Este nuevo acuerdo con el continente africano puede verse como parte de un plan a largo plazo de China que aun está en sus primeras etapas de implementación, implicando el uso de métodos capitalistas (cosa inevitable en un mercado global actualmente dominado por el capitalismo) para construir alianzas basadas en la unión de fuerzas con otras naciones antiguamente colonizadas. A través de las relaciones ganar-ganar y una política de no-injerencia, la cooperación entre antiguos marginados y oprimidos desplazará la hegemonía capitalista, contrarrestará el imperialismo, acabará con el militarismo, eliminará los obstáculos a la socialización global, y desplazará pacíficamente el mundo hacia la comunización[6].

    Por Leo Zhao

    NOTAS

    [1] http://africa-me.com/chinese-investment-funds-in-africa/
    [2] https://en.wikipedia.org/wiki/Africa%E2%80%93China_relations#Economic
    [3] https://qz.com/africa/1030978/china-is-training-africas-next-generation-of-aviation-and-transport-officials/
    [4] https://au.int/en/agenda2063
    [5] https://www.cnbcafrica.com/news/special-report/2016/11/07/africa-chinese-investment/

    [6] Comunización se refiere a una teoría comunista contemporánea en la cual se encuentra una “mezcla de anarquismo insurrecionalista, el comunismo de izquierda, post-autonomistas, corrientes anti-políticas, grupos como Comité Invisible así como corrientes más explícitamente comunizadoras, como Théorie Communiste y Endnotes. Obviamente en el corazón de la palabra esta el comunismo y, como sugiere el cambio hacia la comunización, el comunismo como una actividad particular y proceso.” (wikipedia)

    Tomado de Manos fuera de China.

    Publicado originalmente el 17 de noviembre de 2018 en Medium.

     

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