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    El hincapié de los medios de comunicación sobre el aparato público no tiene su raíz en la prensa televisiva, sino en la escrita, específicamente en El Mercurio, la institución secular más estable de Chile. El diario ha influido en elecciones, apoyó una dictadura y es el foco de los poderes fácticos, el apático grupo de presión que usa el poder económico, la Iglesia, los militares y los medios de prensa para imponer sus valores a todos los chilenos.
    De acuerdo al pensamiento conservador contemporáneo, los conflictos sociales nacen de la incapacidad de hacer cumplir la ley, idea presente incluso en EE.UU.: basta ver el predominio de arrestos relacionados con drogas en los barrios pobres. En nuestro país el orden “natural” de la sociedad gremialista supone que los que están al fondo de la jerarquía son los más proclives a robar, consumir drogas o ser guerrilleros si falta guía moral y represión estatal, pensamiento peligroso en un país que hace caso omiso de la igualdad ante la ley.
    El Mercurio promueve la idea de que los ciudadanos comunes son la fuente de problemas que van desde el crimen hasta el tráfico de drogas. El periódico usa su poder de medio fijador de agenda para canalizar el debate de temas sociales lejos de la participación ciudadana y hacia el Parlamento. Una vez ahí, la “clase política” monopoliza a su antojo la discusión y las soluciones, sacando del camino a los periodistas y a los ciudadanos.
    Los mecanismos canalizadores de El Mercurio consisten en citar a parlamentarios, líderes empresariales y autoridades de la Iglesia, quienes hacen llamados para hacer reformas —o para impedirlas— de acuerdo a la “moral” y las “buenas costumbres”. El que los actores citados tengan una inclinación natural a la derecha no es tan importante como lo es su representatividad dentro de los poderes fácticos; la verdadera importancia de canalizar todo el debate hacia el aparato estatal radica en la exclusión ciudadana. Como los políticos, la Iglesia, los empresarios y, en grado importante, las organizaciones de prensa están conformes con este paradigma, siguen las directrices de El Mercurio.
    En un análisis de contenido, de una tesis de un alumno de periodismo, acerca del debate sobre las drogas, El Mercurio hace 119 menciones a los políticos durante el periodo de estudio (3 meses), mientras que menciona a sólo 3 representantes de la sociedad civil. Es interesante destacar que esta preferencia por citar a miembros del aparato estatal se extiende a incluso a los representantes de gobiernos extranjeros, quienes son mucho más mencionados que la sociedad civil criolla. Es más, el periódico propende a mencionar a representantes extranjeros de la sociedad civil que ha mencionar a civiles chilenos. El Mercurio es contrario a la interferencia extranjera, civil o gubernamental, excepto en relación a ciertos temas, y utiliza el de la droga con fines políticos.

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