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    En este minuto América Latina está expectante frente a la segunda vuelta de las elecciones en Brasil, y es que Bolsonaro, un homofóbico, machista y racista, está a punto de hacerse con la presidencia. Aquellos que le apoyan, ven con buenos ojos la campaña de “devolver la alegría”, como expresaba Ronaldinho en su apoyo. Así también, creen en su promesa de auge económico para el país. Sin embargo, detrás de tanta promesa, se esconden fantasmas que el populismo de derecha trata de ocultar.

    En el mundo ha existido en concreto una avanzada de la derecha, que se ha caracterizado por ser conservadora en lo moral y neoliberalista en lo económico, teniendo de esta manera una oleada de ganadas electorales o números inesperados en los balotajes, lo cual ha aparejado un alzamiento de los discursos y relatos de odio como alternativa de gobierno viable.

    Esto es un peligro concreto para las democracias del mundo. En Brasil ya ha habido numerosos casos de votantes de Bolsonaro que, al sentirse ganadores, han salido a las calles a asesinar, golpear y abusar, y en el fondo, hacer cumplir en la calle el ideario de fondo que subyace en el relato del candidato.

    Sin embargo, algo de esperanza nos queda, cada vez más detractores a Donald Trump – punta de lanza de la avanzada derechista en el mundo – se suman a las críticas a su mala gestión. Macri y su gobierno han llegado a una crisis inconmensurable en Argentina, tomando medidas inéditas como el cierre de casi la mitad de sus ministerios. Como diría una amiga, el fascismo es pura pasión, pero ahora en versión neoliberal, no hay sentido u organización colectiva que articule más que el miedo a la miseria y el odio por el otro.

    De este esquema mundial, Chile no queda al margen, existe una derecha articulada y hemos visto cómo se posiciona al lado de los personeros mencionados, con relatos similares, como los de José Antonio Kast o Sebastián Piñera.

    Ante esto, debemos pensar en la oposición que queremos construir y las tareas que tenemos como izquierda en Chile. Es en este escenario crucial en el cual no podemos confiar solo en sus errores, necesitamos de audacia y tal como señala Verónika Mendoza en una entrevista reciente a The Clinic, como izquierda debemos ser continuidad, ruptura e innovación.

    Algunas tareas claves en estos años serán el fortalecer movimientos sociales con propuestas anti-neoliberales, profundizar programas democráticos, poner en cuestión el modelo de desarrollo y diversificar los liderazgos. Se pregonan tiempos de incertidumbre política y el llamado es a buscar las certezas para nuestro pueblo.

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