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    ¡Valdivia región!, gritaban los ciudadanos en la Plaza de la República a fines del año pasado. Llevaba diez meses en Valdivia y sentí una fuerte sensación de unidad ciudadana en torno a ese objetivo. Sin duda, emocionante. Con el paso de los meses he notado la cohesión en torno a una aspiración que por décadas han construido autoridades, dirigentes y empresarios. Ahora sólo faltan un par de meses para que el Parlamento tome su decisión y la ciudad concrete su sueño.

    Cierto es que mi perspectiva sobre el tema puede ser poco certera. No soy valdiviana, pero a voluntad decidí vivir en esta ciudad y me siento orgullosa de estar aquí. Así que mi visión es de alguien que ha observado y escuchado atentamente las diversas opiniones de los ciudadanos. Y me pregunto. ¿Todos los valdivianos quieren ser región? Mi experiencia periodística en la ciudad me indica que, al parecer, la respuesta es positiva. Existe expectativa y una sensación de que el crecimiento económico llegará cuando podamos escribir la frase “Región de los Ríos” en nuestro plano territorial. Hay interés de empresas nacionales por contar con sucursales en la futura nueva región 14 y los medios de comunicación del país están comenzando a publicar notas y reportajes sobre Valdivia.
    Pero, ¿cómo se construye una región desde la ciudadanía?, ¿con pancartas en la calle?, ¿contestando encuestas? El proyecto contempla presupuesto, divisiones territoriales y clasificaciones productivas. Habla de la identidad valdiviana y de aquellos símbolos que la representan. Pero insisto, ¿de qué forma un valdiviano comienza a sentirse parte de una región? Creo que ser regionalista implica un compromiso con el lugar donde se vive. Involucra el querer crecer junto al vecino, al compañero de estudios, al colega de trabajo. Significa aceptar al compatriota, al extranjero, al descendiente de alemán. No creo que exista una sola identidad valdiviana, sino que observo varias y analizo sus formas de desplazamiento que son múltiples. Desde el valdiviano que jamás ha salido de su ciudad, hasta aquel que viaja por Chile y el mundo. Desde el comerciante que lucha por sobrevivir, hasta el empresario que crea empleo. Desde los descendientes de los colonos alemanes que siguen generando desarrollo local, hasta los profesionales viajeros que llegan a formar familia y a entregar talento.
    Los valdivianos comenzarán a vivir un proceso de transformación lento, pero inevitable. Creo que la identidad de esta nueva región debe estar marcada por su afán de crecimiento y prosperidad, concreto, comprometido y certero. Sólo el tiempo dirá si las expectativas y los anhelos se van cumpliendo.

    Cecilia López Maltrain

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