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    Luego de pasar largas noches insomnes y con algo de acidez en el estómago me siento a plasmar en la inmortalidad del papel un par de ideas que hace rato me vienen dando vuelta y que muchas veces me hacen tirar garabatos al aire. Ideas que, quizá, para algún prócer de la crítica social pueden resultar una patá en la guata (o en la raj…), cuestión que en realidad me da lo mismo, por que creo que no hay otra cosa peor que filósofos bueno pa’ hablar que creen que citando a una serie de otros iluminados de tiempos ancestrales, pueden dar luz a las ovejitas que somos (palo pa varios). En realidad, creo que yo también soy uno de esos que critico (y también de esos ovinos lanudos), pero en fin, lo asumo.

    Y esta revisión atiende a esa gran labia que nos gusta tener, a eso grandes deseos de informarnos y debatir con otros y probar que nuestros planteamientos y análisis políticos son los más acertados. ¿Cuántos foros no se hacen en la universidades? ¿a cuántas jornadas de discusión no hemos asistido?
    En lo personal me aburre bastante ir a este tipo de actividades (de hecho ya ni voy) y escuchar las mismas palabras y propuestas de siempre: que hay que cambiar el sistema; que el gobierno gobierna para los empresarios y no para los ciudadanos; que las desigualdades continúan y un largo etcétera que lo más probables que usted lector sepa de memoria.
    Creo que cuando un movimiento social se intelectualiza demasiado pierde el rumbo, quedándose a medio camino (salvo raras excepciones), en un ejercicio intelectual que lo único que hace es poner más musculosas nuestras neuronas. Y sin embargo, seguimos siendo las mismas ovejitas lanudas, pensantes al parecer, pero animales que obedecen a un pastor sordo a sus beeee y que día a día usufructúa de su carne y lana.
    Con lo anterior, no quiero decir que la discusión no sea necesaria, es más creo que es imprescindible, sólo digo que es infértil cuando no conduce a acciones concretas.
    A fin de cuentas creo que se trata de un problema de comunicación y, por sobre todo, de lenguaje.

    La clase que dirige el rebaño no quiere entender lo que dicen los subordinados, y no por que no pueda, sino por que no quiere. ¿Se imaginan un mundo gobernado por ovejas que llegan al poder sólo apelando al debate y a la intelectualidad?. Imposible, es como pensar sin hablar. La única manera de que se deshagan del pastor y salir de corral es echándosele encima.
    En este sentido, el informarse, debatir y criticar son el pensar, y la movilización firme y muchas veces al margen de la legalidad es el hablar. Esa es la forma de hacerse entender frente al gobierno, ese es el lenguaje que hay que usar. Y eso está más que demostrado…

    Dennis Salazar Ñirril

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