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    Confesión: Uno, nunca fui buena para las teleseries y dos, no me bautizaron así que ando con el pecado original para todas partes. Por eso, quizás, me costó hacerme la idea de ver una serie sobre una virgen católica que queda embarazada accidentalmente a causa de una inseminación artificial. La serie sigue a la Jane Gloriana Villanueva, Virgo, interpretada magistralmente por Gina Rodríguez, acompañada por su mamá, Aries, Xiomara (Andrea Navedo) y su tradicional abuela Alba (Ivonne Coll), Capricornio total, por la aventura de la adultez. *Los signos (los atribuí yo), libertad creativa astrológica, a ver si la ven y me encuentran razón. Y aunque haya dudado de verla en un inicio, me alegro tanto de haberlo hecho que no sé ni como empezar a expresar el amor que siento por ella. Posiblemente, porque es como una post-teleserie con todos los ingredientes de una telenovela: infinitas tramas, complicaciones, asesinatos, enredos, etc. pero en versión satírica evidenciado el absurdo de las improbabilidad de los hechos. Me preparó haber visto antes Gran Hotel (2013), que les súper recomiendo a las amantes del melodrama y, en especial, si quieren ver a un baby y galán de galanes Yon González (Chicas del Cable) sufrir por amor durante 66 episodios. Gran Hotel es como una master class en old school telenovela con todos los ingredientes: épocas remotas con amores imposibles, venganzas, conversaciones escuchadas detrás de la puerta, falsas identidades, cartas reveladoras, hermanos perdidos y mucho mucho tiempo gastado buscando pistas en cajones. Es eterna pero uno se encariña con los buenos buenos y con los malos malos. Jane The Virgin no es una teleserie, aunque sí fue inspirada en una: Juana la Virgen, una ‘novela venezolana. A nivel de género dramático se diferencian porque Jane es una comedia y a nivel de género-género, en que es feminista. Sí, yo también me sorprendí: ¿católica y feminista? Sí, aprendí mucho viendo la serie. Sobre ser mujer, sobre defender tus límites, respetar tus creencias, sobre leyes de inmigración y hasta cómo resolver las discusiones. Sobre todo gracias a su protagonista. Jane es una mujer muuy organizada, he ahí que es Virgo. En uno de los primeros episodios demuestra su amor por su pololo al momento de compartirle el calendario de google. A los dos les suenan las alarmas del otro, una ñoñería máxima. Y sí, es un poco apestosita, siempre hace lo correcto, tanto que se refieren a ella como la brújula moral de los demás. Ella indica el camino del bien y sí, a serie tiene su toque de auto sacramental pero Jane, no es perfecta, ni logra todo lo que se propone y da muchos jugos, muchos, que uno disfruta, porque hemos dados esos mismo jugos! Hablar de más, meter las patas, sicopatear al ex, acosar a tus ídolos y hacer de todo por las personas que uno quiere. Como cuando se saca leche en el suelo de un baño de un local para poder ir al cumpleaños de su mejor amiga.

     

    Confesión n.2: Jane quiere ser escritora y hay mucho guiño al oficio de la escritura lo que me hace muy poco objetiva recomendando esta serie. Su carácter paródico es esencial como herramienta de revisitar y revalorar el melodrama y el romance dentro del contexto latino en Estados Unidos. Cada capítulo está mediado por un narrador que “escribe” títulos y frases entremedio de las escenas, ofreciendo capas de intertexto que informan, critican y celebran la escena en particular. El narrador es omnisciente mas no imparcial, se trata de una voz masculina, que se emociona, llora e, incluso, se equivoca y edita. No está claro quién es pero mientras escribo estas palabras pienso: ¿Padre? ¿Eres tú? Quizás sea El Señor de los Cielos. Sea quien sea, nos acompaña y agrega complicidad. Como cuando no conocemos un programa y nuestra amiga nos explica quién es quién y dónde están incluyendo su propia opinión de quién le gusta, quién quiere que gane, quién quiere que pierda, etc. Así como el laureado episodio musical de Buffy la Cazavampiros en el que hay un demonio que obliga a todos a cantar, en Jane hay miles de episodios que juegan con estilos, géneros y alucinaciones que van aliñando, sorprendiendo y, siempre, comentando sobre lo que está sucediendo. Se satiriza todo, desde el ego de los actores famosos hasta las cejas de Brooke Shields, Telemundo como Telemasivo y el mismo canal emisor CW de Jane como un canal que nadie conoce. Pero no es todo para la risa y eso es lo que hace una gran diferencia. En esta serie, por primera vez, yo veo una familia de inmigrantes latinoamericanos de primera, segunda y tercera generación que son dignos. Dignos y ejemplares. El mismo día que un abogado en Nueva York fue grabado amenazando con llamar a I.C.E. (Inmigrations Customs Enforcement, la Gestapo de Trump que está realizando deportaciones masivas, encarcelando a inmigrantes y separando a familias) tras ver los empleados de un café hablando en español con sus clientes porque, según él, en Estados Unidos solo se habla Inglés. No sé que Estados Unidos son esos. Ese mismo día, vi el capítulo en el que Alba, la abuela de Jane, quien habla casi exclusivamente en español en la serie, está en su trabajo hablando en español con una clienta latina y una gringa rubia se acerca a ella. La norteamericana se acerca por atrás y les dice, por encima del hombro, “This is America, you should speak English.” Alba, queda en shock, se siente profundamente ofendida. Tanto así que decide marchar en contra de las políticas migratorias de Trump aunque teme perder su tarjeta de residente. La serie es explícita en su respuesta política a la actual presidencia, informando e incitando a votar en contra. En Estados Unidos, hasta hace pocos años era común hacer chistes sobre “¡la migra!”, como para reirse del pánico que muchos inmigrantes ilegales tenían a la deportación. Chistes de mal gusto sobre la precariedad humana y la supremacía capitalista. Hoy, en un momento más polarizado y violento para los migrantes, ese humor es recibido con mayor suspicacia y rechazo. Por otro lado, humoristas chicanos como George López también ridiculizaban a la familia latina a través del personaje de la mamá latina que tiraba la chancleta cuando se enojaba. Otra versión de la latina loca que tanto conocemos y que me parecía tan denigrante como la dueña del gato Tom es para los negros de E.E.U.U.. La familia Villanueva, compuesta por Jane, su madre, Xiomara y su abuela, Alba, es un refrescante cambio de paradigma. Jamás tirarían una chancleta, son diplomáticas, cariñosas, preocupadas, sabias y aguerridas. En ellas vemos la calidez de un hogar de tres mujeres trabajadoras e independientes que son muy diferentes pero unidas que, siempre, se apoyan y disfrutan de estar juntas. Especialmente cuando se juntan a tomar once y ver sus telenovelas.

     

    Antes de irme, Padre, tengo que confesar que tengo un personaje favorito, Rogelio de la Vega (Jaime Camil) Famoso actor de teleseries y ¡alerta de spoiler!, padre de Jane. Como tantos estereotipos que cuestiona la serie, los hombres no son la excepción. Rogelio, tan so Leo, está siempre vestido de lila, preocupado de su imagen, de sus seguidores y de sus amigos famosos. Está deliciosamente lejos del estereotípico padre tradicional y, aunque tiene sus momentos de narcisismo extremo, tiene un corazón de oro que nos hace adorarlo. Lejos, el mejor comediante de la serie, además de Gina Rodríguez, Camil es extraordinario. En un momento, Rogelio decide que quiere hacer el cruce de telenovelas en español para abrirse camino como actor en inglés. Su famosa teleserie “Las Pasiones de Santos” será adaptada a “The Passions of Steve” pero tiene que probarse como actor en inglés y conseguir una protagonista gringa que lo acompañe y le suba el rating. Así como los sushi burritos, el spanglish y quién les habla, esta es una historia de cruces. Aquí todos somos migrantes y somos diversos. Románticas y feministas, católicas y amor libre, cambiando, aprendiendo y creciendo. Jane no es perfecta pero es humilde y quizás esa sea su mejor lección. No siempre tiene la respuesta pero está siempre dispuesta a aprender y respetar a los que la respetan. Todos tenemos tanto que aprender y tanto que trascender, como ella misma cuando le dice a un pinche en la tercera temporada, cuando él intenta proyectar sus deseos de estar con una chica buena sobre ella, “el paradigma puta – madonna es reduccionista” a lo que él no sabe qué decir porque no sabe de qué está hablando. Ojo: lección dentro de la lección, cuando no sabes de lo que te hablan, guarda silencio y haz como el personaje. Fabián, su pinche, vuelve al día siguiente informado y de acuerdo con que la mujer no puede ser reducida al lugar de puta o madre.

    Amén, Jane, amén.

    Camila Le-Bert es dramaturga, guionista y actriz con estudios en Columbia University y la Universidad de Chile. Fundadora y directora de la Fundación Lápiz de Mina y la compañía Teatro del Carmen.

     

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