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    Donde la realidad es parte del delirio

    Escribe sobre tu aldea y serás universal, postulaba el conde León Tolstoy, que no por lo trillada es una frase que se aplica o recuerda tal como se debería. Es más, se continúa tratando de analizar la literatura en función de esquemas supuestamente científicos, de divisiones estilísticas y/o epocales que terminan revelándose como una formidable impostura que sólo conducen a la negación de lo que, en última instancia, definiría a la literatura: la capacidad de asombro y de fabulación. Sí, claro, muchas cosas, por no decir casi todas, parten del asombro: la filosofía, la ciencia, por ejemplo. Lo que nos dice bastante y nos explica, también, por qué esa necesidad insensata de ordenar el mundo, en algunos, o, menos insensata, de desordenarlo, en varios otros –como las piezas de un rompecabezas.

    El último libro de relatos del australísimo escritor Oscar Barrientos Bradasic, Paganas Patagonias (148 pp; Lom Ediciones 2018), desde hace tiempo en pleno dominio de sus facultades creativas y narrativas, como dicen los que saben, asume plenamente la proposición tolstoiana y, de paso, nos desordena el mundo que tratamos de construir con el lenguaje sobre el mundo olvidando y desoyendo, una vez más, el lenguaje del mundo. Porque el lenguaje de Barrientos Bradasic opera, precisamente, a partir del asombro, pero sin tratar de significarlo o de explicarlo. Nos sume en el delirio que provoca el fenómeno –la aparición–, como aquello que define propiamente todos los lados de la realidad, sin solución de continuidad o de algún mecanismo secreto que nos deje conformes ante la develación de esta realidad que es parte del delirio. Y ese es su estilo, desmedido y desesperado, como la poesía de Pablo de Rokha. Porque el autor tiene filiaciones, no influencias, rokhianas, qué duda cabe, y melvillianas, claro está, en el sentido de la lectura como escritura, al decir de Susan Sontag.

    El volumen está compuesto de once relatos que denotan, entre otras cosas, su pertenencia al colectivo Pueblos Abandonados. Porque Barrientos Bradasic escribe a partir de su Punta Arenas natal, está inmerso en las atmósferas magallánicas, y es en esas desmesuras australes –como suelen verse y definirse esos confines de fin de mundo desde la perspectiva centralista y arbitraria de la metrópoli– donde recoge sus temas y encuentra su estilo. De paso desmiente esa desmesura propiamente “paisajística” que crea el mito vendedor de “la eterna lucha del ser humano contra la naturaleza” y de otros “realismos” igualmente reduccionistas, como también de la mal llamada literatura de ficción (en ese sentido, prefiero la distinción que hace el escritor argentino Ernesto Sábato entre escribir ficciones o escribir ensayos, aunque estos últimos, como la propia filosofía, podríamos decir que en muchos aspectos forman parte de la literatura, es decir, de la ficción). Estos once relatos crean su propia mitología y se pasean por la ciudad-puerto como por los alrededores, también abandonados (o desolados), conformando un mundo que es muchos mundos, y haciendo de esas narraciones lugares donde no podríamos determinar qué parte es propiamente ficticia y qué parte deja entrever aunque sea un trazo de lo que llamamos realidad. Muchos escritores, con juegos de máscaras y de espejos, nos enseñaron a lo largo de la historia humana que esas distinciones son, por decir lo menos, arbitrarias. La vida –y la literatura– está siempre más allá que los intentos por catalogarla y hacerla lineal y comprensible. Porque hasta el tema de la computación (“Las Cuitas del Dr. PC”) se transforma en una cuestión en que la virtualidad implícita es parte de lo que somos y que, por supuesto, determina o delinea eso que somos. O la ironía histórica que se cuela sabiamente con la presencia y los comentarios sobre la realidad actual (es un decir) del mariscal Tito (“No Alineado en el Paralelo 53° Sur”), como una presencia tan natural como la de un puntarenense cualquiera acodado a la barra de un bar o degustando canapés en algún cocktail oficial. Y por eso, relatos estremecedores como “Ángeles con Rostro de Lechuza” (que da comienzo al volumen), “Big Mouth” o “Bon Jovi se lo llevó Todo”, o el inquietante “Marioneta Meridional”, hacen de este extraordinario libro de relatos lo que se dice en uno de ellos: “El resto es una historia que empieza donde quizás nunca debió terminar” (p. 128), porque la aparente solución del enigma no es tal porque el enigma continúa.

    Por Cristián Vila Riquelme

    Algarrobito, noviembre 2018

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