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    A lo largo de la historia del Movimiento Estudiantil (ME) se ha logrado instalar y dotar de contenido a ciertas demandas que han sido transversales en la sociedad, logrando que estas generaran un sentido de pertenencia en ella, como sucedió al plantear el fin a la deuda estudiantil y la necesidad de avanzar hacia una gratuidad universal. Sin embargo, esto no fue así con la demanda por una educación no sexista, la cual, si bien ha sido levantada como consigna y uno que otro grito en alguna marcha, no ha llegado a más, no ha tenido el debido respaldo desde la ciudadanía, incluso desde las y los estudiantes, careciendo de un contenido claro; esto debido -en parte- al carácter conservador e incluso derechamente machista de nuestra cultura y de la cual el ME no escapa -como veremos más adelante-, así como también por la falta de urgencia al momento de generar una propuesta.

    Desde el inicio de las luchas feministas por incorporar sus dificultades y demandas al resto de problemáticas sociales, distintos sectores sociales se manifestaron como oposición al respecto, eligiendo mantener las relaciones de poder existentes entre los sexos y restándole importancia. Desde los demás movimientos sociales, especialmente dentro de las orgánicas de izquierda, ha existido una tendencia histórica -comenzando por la URSS- de tratar las problemáticas de género como una lucha secundaria. Actualmente vemos una tendencia a aceptar que estas luchas son importantes, al menos discursivamente, pero careciendo muchas veces de un contenido propositivo real detrás de este discurso políticamente correcto, condenando al feminismo y utilizándolo en sus lemas para su propia ventaja siempre que se viera provechoso.

    En el caso del ME, fomentar políticas que apoyen una educación no sexista sigue siendo una deuda. A pesar de que otras demandas históricas avanzaron y se incluyeron en espacios de discusión, ésta ha quedado sin un contenido que nos diga de qué hablamos realmente cuando nos referimos a ella. Este es el compromiso incumplido del Movimiento Estudiantil frente al feminismo.

    Cuando hablamos de demandas estudiantiles, eliminar el machismo de las salas de clase -desde la educación primaria hasta la universitaria- parece una consigna inamovible. Problematizar y predicar en torno a esta consigna se volvió una necesidad, pero que al pesar del movimiento feminista sólo descansa en las marchas y demandas, carente de contenido y profundidad. Se ha replicado la lógica de siempre, estando en la boca de todos en la calle, y ni siquiera en su mente a la hora de establecer prioridades y propuestas.

    Alcanzar el socialismo en los distintos movimientos de izquierda viene primero que el feminismo, según pensamientos de izquierda, es por esto que la demanda de una educación no sexista ha sido postergada e incluso invisibilizada, olvidando que para muchas (y para muchos también) no se puede realmente construir un socialismo si este carece de feminismo. Que liceos como el Número 1 de Niñas de Valparaíso y el Instituto Nacional sean compuestos cada uno por un solo sexo determinado, nos hace evidenciar que lo que se espera de nosotras y nosotros está definido por estereotipos y generalizaciones. Esto mismo sucede con las carreras de las universidades, algunas masculinizadas y otras feminizadas.

    Como si no fuera suficiente, según la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, el año 2017 se consumaron 65 femicidios, cifra mayor que la del año 2016; y en 2018, hasta el 17 de enero ya se habían consumado 5 delitos de este carácter. Vaciar de contenido la lucha feminista y delegar las principales consignas al discurso movilizador, demuestra que la cultura machista sigue vigente en nuestra sociedad, y uno de los ejes claves para corregir este hecho es educar al individuo.

    Es por eso que hoy consideramos fundamental que más allá de una simple consigna de educación no sexista se establezcan propuestas sólidas que doten de un contenido el concepto educación no sexista, y este pase a ser un eje fundamental en la agenda del ME. Así evitaremos además que otros sectores de la sociedad tomen la consigna y hagan lo que les plazca con ella, con el objetivo de lograr sus ambiciones, utilizando el nombre de la ardua lucha que se ha dado durante todos estos años, pero convirtiéndola en algo irreconocible, como se ha hecho con más de una de las otras demandas del Movimiento Estudiantil.

    Por Catalina Castillo y Giulia Barattini, militantes del Movimiento Autonomista

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