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    “Plan de retorno humanitario” es el eufemismo utilizado para referir los esfuerzos que viene realizando el Gobierno para repatriar inmigrantes de una nacionalidad específica. Se reconocen al menos tres engaños en este proceso. Primero, la representatividad de los “dirigentes” migrantes participantes de la puesta en escena del “Plan de retorno humanitario”. Segundo, la existencia de una red mundial de comunistas “progre” que se hacen millonarias trayendo haitianas a Chile. Tercero, que esta repatriación de negros sea “humanitaria”.

    “Dirigentes”

    La primera puesta en escena del “Plan de retorno humanitario” se llevó a cabo en Santiago. Sin embargo, el dirigente allí presente forma parte de una organización de Coquimbo. Pocos días después, se supo que William Pierre se vio beneficiado con lo que el diario La Tercera llamó una “regularización express”. Un lujo absoluto teniendo en cuenta la inoperancia (estratégica) actual del Departamento de Extranjería, en donde se observan procesos estancados por meses, retrasando la regularidad plena en ocasiones por más de un año. Al mismo tiempo, se convirtió automáticamente en un personaje tristemente célebre para las organizaciones de migrantes y, en un giro tragicómico esperable, perdió su papel en la puesta en escena de esta política. Su rol como “representante de los haitianos” había concluido.

    Lobby mundial de trata

    El lanzamiento de este “Plan” fue llevado a cabo entre agosto y septiembre, con presencia del subsecretario del Interior Rodrigo Ubilla, el ministro del Interior Andrés Chadwick y el mencionado “dirigente” haitiano. Allí se esbozaron motivos que debían explicar que la población haitiana requiera este servicio especial, “humanitario”. Algunos de ellos querrían irse porque hace frío, porque no se acostumbran y, en palabras de Chadwick, porque han venido engañados. Para quien haya atravesado un proceso migratorio, los dos primeros argumentos resultan absolutamente inverosímiles dada su simpleza. Los argumentos de “hace frío” o “no me acostumbro” solo adquieren sentido teniendo otros antecedentes que jamás fueron referidos. Así, llegamos al motivo del engaño y de quién les engañó.

    En los primeros meses de 2018 se hizo famosa la aerolínea chilena Law, tras dejar varados a sus pasajeros, muchos de ellos haitianos. Paralelamente, emergió un video que mostraba negros descendiendo de un avión con sobres amarillos en las manos. A partir de estos hitos mediáticos, se desarrollaron una seguidilla de ficciones animalizantes de la población haitiana, en tanto sería una masa carente de voluntad.

    Grosso modo, Bachelet y un lobby comunista internacional estaban trayendo haitianos a Chile con engaños relacionados a la calidad de vida y condiciones laborales. Como resultado de esa gestión, estarían recibiendo a cambio mucho dinero (se referían a mil dólares por haitiano) y haciéndose de una masa de votantes pobres que debiese favorecerles. Una posverdad macartista, solo alcanzable con aliados comunicacionales que reproducen ambigüedades acríticamente, y con el apoyo regular en redes sociales por parte de bots (cuentas falsas) y de autoproclamados “librepensadores”, “políticamente incorrectos”; neofascistas esforzados en capitalizar el miedo propio y ajeno. Si bien la presidenta Bachelet decidió no hacerse cargo de un tema urgente y generar una nueva Ley de Migración, la única certeza de lucro asociado directamente a la inmigración haitiana es por parte de la empresa chilena Law. De engaños para venir, hasta ahora nada.

    “Humanitario”

    Los gestos pasivo-agresivos del Ministerio del Interior pretenden dificultar el reconocimiento de las bases subyacentes a una clasificación de población como la que se ha generado. No se puede saber con certeza si la fijación con los haitianos es por ser negros, por venir de un país empobrecido por la corrupción y las constantes desestabilizaciones de la comunidad internacional, o porque precisamente consideran que no se acostumbran, tienen frío y no hablan el idioma. Los colectivos de Perú, Colombia y Venezuela suman más de la mitad de población nacida en el extranjero con 25%, 14% y 11%, respectivamente. Es válido suponer la existencia de un mucho mayor número de ellos que requieren volver a sus países de origen. En otras palabras, hay más individuos y familias que requieren de este servicio “humanitario” en muchos otros colectivos.

    Tras el lanzamiento del “Plan”, decenas de organizaciones haitianas redactaron un documento poniendo en duda las intenciones humanitarias del Ministerio del Interior. Un día antes de su concreción en el vuelo de retorno, una organización de Osorno se embarcó en una lucha por anular la imposibilidad de retornar a Chile en 9 años, al considerar que viola el derecho a libre circulación de personas. Cabe resaltar que esa condición de no retorno se vale de una herramienta análoga a una expulsión. El documento firmado por los haitianos que se acogen al “Plan de retorno” no es suficiente para impedir su ingreso. El subsecretario del Interior debe firmar resoluciones que funcionan exactamente como una expulsión. La Coordinadora Nacional de Inmigrantes acusa una “expulsión encubierta” y convoca a una marcha este 18 de noviembre “Contra el racismo, la xenofobia, y la política antimigratoria”.

    Diversos especialistas se suman a las críticas. La Red de Migrantes y Pro-migrantes denuncia el engaño de la regularización extraordinaria y su uso como un registro para expulsar y criminalizar. Las académicas Eduardo Thayer y María Emilia Tijoux refieren, respectivamente, que los vuelos de retorno se han probado ineficaces en aplicaciones anteriores (desplegadas con mucho mejores condiciones para las migrantes), y que estamos ante un caso de racismo de parte de un Estado cuyas fallas se cubren mediante la construcción del migrante como enemigo. Asimismo, la Plataforma Nacional de Organizaciones Haitianas provee una salida a este auto-entrampamiento falaz. Exhorta al Gobierno a enfocar su ímpetu “humanitario” en facilitar la inserción laboral y social de los inmigrantes, por sobre la generación de medidas mediáticas.

    Las migrantes organizadas y las especialistas que enfrentan la migración como un derecho, reconocen los engaños detrás de una serie de medidas cuyas puestas en escena profundizan la vigente hostilidad estratégica contra la migración.  

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