El neo-monroelismo post-pinochetista (Alfredo Jalife)

Por Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

En el caso venezolano los mafiosos Donald Trump, Mike Pence, Mike Pompeo, John Bolton, Elliot Adams y Marcos Rubio, entre otros, en su paranoia inversionista estaban convencidos de que seguíamos en un mundo unipolar luego de la caída del muro de Berlín. La aplicación de la doctrina Monroe y el destino manifiesto, (Dios había predestinado a Estados Unidos para dominar el mundo y calificar a los países de Latinoamérica como su patio trasero), era completamente lógica y Estados Unidos se creía con el derecho de invadir a cualquier país de América Latina usando, incluso, a la OEA, (su Ministerio de Colonias – lo llamaba Fidel Castro), y usando el apoyo casi incondicional de gobiernos macacos, (uribistas colombianos y algunos incondicionales centroamericanos y del Caribe, (el mismo Trump los llama “países de mierda”).

El escritor libanés-mexicano define muy acertadamente la política actual de estos mafiosos calificándolos de neo monroelismo post-pinochetista, pero se les olvidó, nada menos, que vivimos una época tripolar; desde el punto de vista del potencial militar antimisiles, sumado a la guerra no convencional, Rusia es tan poderosa como Estados Unidos; por otra parte, el país del Norte es deudor de China, país que en pocos meses más podría reemplazar el petro-dólar por el petro-yuan, que frenaría el uso indiscriminado de la impresora de dólares que salva a USA de la abultada deuda externa .

Trump y sus mafiosos son muy cortos de vista: están convencidos de que el predominio de gobiernos de derecha en Sudamérica durará eternamente, es decir, que si los pueblos siguen tan ciegos y sordos, continuarían en el poder monigotes como Bolsonaro, Duque, Macri y Piñera, convirtiéndose en sus aliados y lacayos incondicionales para invadir a cualquier país de América Latina, cuyos gobiernos les desagrade.

En esta zoología de monos de poto colorado sólo hay, en la actualidad, algunas llamados democracias dignas: Uruguay, México y Costa Rica. En su ignorancia, el magnate norteamericano está convencido de que todos los períodos históricos son iguales y que en pleno 2019 puede imitar las estrategias de mandatarios bandidos, entre ellos, los republicanos Nixon y Bush, respecto de las invasiones a países que, finalmente, han terminado destruyendo a países como Libia e Iraq, (en caso de Nixon, imponiendo a un cerdo repugnante como Augusto Pinochet).

Hay que ser muy limitado para no entender que los países son distintos y las épocas en que transcurren los acontecimientos históricos lo son también: Trump no comprende que Venezuela actual no es el Chile de los años 70; que se terminó la guerra fría y que ahora los rusos son más solidarios que la antigua URSS, que abandonó a su suerte al Presidente constitucional Salvador Allende, (Putin aprendió la lección y le está haciendo frente a los yanquis); Trump imita en su estrategia desestabilizadora del corrupto gobierno de Richard Nixon provocando, incluso, una guerra electro – magnética destructiva, sin importarles que cada día haya más muertes en los hospitales y se acreciente la pobreza, convirtiendo a los heroicos venezolanos en los numantinos de América Latina.

Estados Unidos está a punto de caer en una de las recesiones más graves de su historia, pero Trump – como Nerón – sólo le importa ganar en las próximos elecciones presidenciales (y si es posible, obtener el Premio Nobel de la Paz, y si es necesario “incendiar Roma”, lo hará gustoso, sabiendo que puede culpar de su felonía a los centroamericanos del triángulo del Norte de Centro América , (Salvador, Guatemala, Honduras).

En su narcisismo y manifestaciones bipolares Trump es incapaz de ver la realidad: estaba convencido, por ejemplo, de haber convertido a su díscolo norcoreano en su amigo “casi del alma”, pero en la última cumbre se dio cuenta de que supuesto socio no tenía un pelo de tonto y rehusó renunciar a sus andanadas atómicas. Trump es el peor enemigo de sus amigos: se da el lujo de retar, dar órdenes y traicionar a los esclavos mandatarios de la Unión Europea, a quienes ha colocado bajo sus mando en la aventura venezolana, embarcando a la OTAN en el plan de presunta invasión.

Cada noche, cuando decide dirigirse por twitter a la opinión pública, parece que Trump logra sorprender a sus lectores y, como una niña traviesa y coqueta, se le pasó el amor por Juan Guaidò quien, además de ser un joven traidor a su patria ha sido un mentiroso e imbécil, pues ha engañado al trío de payasos Pance-Duque-Piñera asegurando que iban a invadir Venezuela so pretexto de la ayuda humanitaria, y que lo apoyaría el 90% de las Fuerzas Armadas Bolivarianas.

Ahora, su interés de Trump esta centrado en inventar una caravana de miserables hondureños, salvadoreños y guatemaltecos que, pasando por México – según él – se atrevan a invadir la frontera sur de Estados Unidos justificando el estado de emergencia que posibilite la construcción del muro, que le permitiría ganar, en 2020, las elecciones presidenciales, claro está, con el voto de los blancos, anglosajones y protestantes.

Los gobiernos ruso y chino no tienen nada de democráticos: uno se cree zar y el otro emperador, sin embargo, Putin no es tonto ni cobarde – como Nicolás II – y se da el lujo de regañar al becerril Presidente de Colombia, (un personaje mil veces más limitado que su maestro, Alvaro Uribe, y se da el lujo de cantárselas claras a Colombia si se presta a colaborar en la invasión a Venezuela. Brasil, que siempre ha sido el líder de América Latina, con ahora Bolsonaro y su gobierno fascista esta en retirada con respecto a Venezuela, y declara no embarcarse en ninguna intervención.

No hay que ser técnico militar para saber que el ejército venezolano es superior en capacidad de combate que el de Colombia; en el supuesto de que las grandes potencias se abstuvieran de participar en la guerra no convencional, como siempre, colombianos y venezolanos pondrían los muertos en los combates de baja intensidad – tipo guerra fría -.

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