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  • El siglo XXI, siglo de la República Popular China

    Los éxitos obtenidos, a juicio del PCCh, se deben a una respuesta nacional basada en el marxismo y no en el liberalismo, la modernización de China no pretende ser ni será liberal.

    Los 2.336 delegados y delegadas del XIX Congreso del Partido Comunista de China, reunidos en Beijing del 18 al 24 de octubre, valoraron muy positivamente la política y los logros conseguidos en China desde el último Congreso celebrado en 2012.

    Aprobaron el informe de Xi Jinping, Secretario General, presidente de la Comisión Central Militar y Jefe de Estado, en su apuesta por conseguir la plena modernización de China en el 2049 (centenario de la República Popular China), convirtiéndola así en la primera superpotencia, en la hegemónica a nivel internacional, desplazando a los Estados Unidos de América.

    Con una superficie de 9.596.960 km², China es el tercer país más extenso del planeta detrás de Rusia y Canadá y, desde 1978, China ha sido la economía de más rápido crecimiento del mundo, llegando en 2014 a la primacía mundial en términos del PIB medido en función de poder adquisitivo y siendo la segunda potencia del PIB nominal. Es, además, el mayor exportador e importador de bienes y la primera potencia mundial industrial.

    Los delegados y delegadas han querido solemnizar el carácter histórico del Congreso al caracterizar el próximo periodo como la tercera fase de la modernización, la iniciada por Mao Zedong, la continuada por Deng Xiaoping y la que pretende culminarla con Xi Jinping. Esa solemnización se concretó llevando a los nuevos estatutos, al igual que se hizo con Mao y Deng, el “pensamiento de Xi Jinping sobre el Socialismo con características chinas para una nueva era” para que sea estudiado y aplicado por los cerca de 90 millones de militantes del Partido.

    Xi Jinping defendió la necesidad de continuar con las reformas emprendidas por Deng Xiaoping, pero apostando por un nuevo modelo de desarrollo, que pase página a la “fábrica del mundo” para conseguir una economía moderna y sostenible, basada en el conocimiento y la innovación. Un desarrollo que permita poner fin a la pobreza (en cinco años, desde el último Congreso, 60 millones de personas salieron de la pobreza), que continúe reformando el sector público, aumentando los salarios y los servicios, incrementando la tecnología y dando una mayor importancia a los problemas medioambientales.

    Los éxitos obtenidos, a juicio del Partido Comunista de China, se deben a una respuesta nacional basada en el marxismo y no en el liberalismo, la modernización de China no pretende ser ni será liberal, a juicio de los militantes chinos.

    Para ello, la batalla ideológica será fundamental en el próximo periodo, recuperándose así la “línea de masas”, la lealtad y la disciplina para convertir al PCCh en el factor determinante de la modernización y hegemonía de China. En palabras de Xi Jinping,” debemos reforzar al partido políticamente para que siga liderando al pueblo y para ello, debemos mantener el marxismo”.

    La erradicación definitiva de la pobreza y la “tolerancia cero” a la corrupción, auténticas lacras de la sociedad china, forman parte de los objetivos a alcanzar para el próximo periodo. El propio Xi lanzó una campaña contra la corrupción nada más llegar al poder que ha supuesto sanciones contra 1,4 millones de funcionarios. El caso más destacado fue el de Ling Jihua, vicepresidente del XII Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, máximo órgano consultivo, condenado a cadena perpetua por aceptación de sobornos, obtención ilegal de secretos de Estado y abuso de poder.

    La actualización del Sistema Institucional será imprescindible para mejorar el funcionamiento general del aparato estatal para que se convierta en un instrumento fundamental en el proceso de la modernización hacia el 2049, dando una importancia decisiva al sector financiero y a las infraestructuras.

    En ese sentido, el proyecto de la “Nueva Ruta de la Seda”, un proyecto que pretende construir carreteras, vías férreas, puertos, oleoductos, gaseoductos y otras infraestructuras en más de 60 países de Asia, Europa y África, se convierte en el proyecto más importante del mundo desde la Revolución Industrial. La antigua ruta de la seda, construida hace 2.000 años, que permitió establecer relaciones comerciales entre Asia y Europa, se convertirá en el siglo XXI en la ruta comercial más importante al unir Asia con Europa y África desplazando claramente la actual hegemonía de los EEUU de América. Los dos corredores terrestres previstos, la red de ferrocarril norte, la más grande del mundo, que parte de China y pasa por Kazajistán, Rusia, Bielorrusia, Polonia y Alemania, desde donde se distribuye hacia otros puntos como España, y la red sur que baja por Asia Central hasta Irán y Turquía, son una muestra de la potencia comercial que desarrollará China en los próximos años. Por poner un ejemplo, cuando China lanzó la idea de la Nueva Ruta de la Seda, en 2013, 17 trenes de carga unieron Europa con China. El pasado año fueron ya 1.700.

    Esa hegemonía mundial tendrá consecuencia en las Relaciones Internacionales teniendo en cuenta los principios de la política exterior China: respeto mutuo a la soberanía y la integridad territorial, no agresión, no intervención en los asuntos internos, igualdad y beneficio recíproco y coexistencia pacífica. Principios, que de consolidarse a nivel mundial, limitarán o impedirán la actual política imperial de los EEUU.

    Por Willy Meyer

    Publicado originalmente el 2 de enero de 2018 en Mundo Obrero.

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