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    PULSO SINDICAL Nº 366

    Esto es democracia y participación

    Del 17 al 31 de octubre de 2018.

    Pocas e intrascendentes han sido hasta las declaraciones respecto de las muertes de Alejandro Castro y Luis Araya, dos de muchos trabajadores que pierden la vida en sospechosas y dolorosas circunstancias. Salvo honrosas excepciones, el mutismo incluye al movimiento sindical chileno que se ha mantenido prácticamente al margen de ambos hechos.

    Los medios de comunicación han cerrado filas ante la versión oficial que dice que Alejandro -dirigente pesquero- se suicidó en Valparaíso, sin que hasta ahora se conozca el avance de las investigaciones para explicar cómo es que tomó esa abrupta decisión, cuando estaba enfrascado denunciando el asesinato silencioso de quienes viven en Quintero y Puchuncaví, producto de la contaminación a la que han sido sometidas por décadas ambas localidades.

    Luis era un chofer del TranSantiago que –como muchos de sus colegas- tuvo la imperiosa necesidad de orinar lo que hizo situándose entre dos buses, siendo aplastado por uno de estos lo que le provocó la muerte.

    Nuevamente trabajadores cuya muerte parece no preocupar a nadie, salvo a sus familias y una que otra organización, cuyas acciones de denuncia son silenciadas por el sistema.

    Ni una sola reacción contundente, tampoco presencia masiva de sindicalistas exigiendo respuestas  (salvo la Central Clasista en el Ministerio del Trabajo).

    No hay delegaciones “trasversales” (como les gusta llamarse cada vez que coinciden el aceite y el vinagre) de parlamentarios, pidiendo rápidas respuestas o creando comisiones que investiguen los hechos.

    Tampoco el Gobierno exigiendo a las policías y a los ministerios involucrados que se agilicen las gestiones, para entregar a la opinión pública algo más que aspirinas, porque no es común que vayan por allí las personas suicidándose o poniéndose al alcance de un bus para ser atropelladas.

    Alejandro y Luis no son preocupación central de la mayoría de las organizaciones sindicales ni tampoco sociales, ni de la oposición a este gobierno de derechas, ni siquiera de instituciones defensoras de la vida. Son solo dos obreros, seres anónimos que no suman ni restan en los cálculos del Estado, seres humanos que han dejado a sus familias casi totalmente desprovistas de elementos de cualquier tipo, para enfrentar la dura vida futura.

    Muchos más serán los que paguen tan alto precio mientras no contemos con organización real y efectiva y eso, debemos reconocerlo de una buena vez, es algo de lo que carecemos. De allí que las movilizaciones de todo tipo tengan efímera visualización y efecto.

    Ya al otro día nadie las recuerda.

    Si no queda organización real activa, sindicatos en el caso de los trabajadores, las movilizaciones de cualquier tipo están destinadas a servir de insumo para las negociaciones de los que están administrando el poder. Nada más que eso.

    Toda la discusión que se da para apoyar o no algo que no nace de las bases -simplemente porque esas bases son mínimas y generalmente inconsultas– no sirve de nada.

    O construimos miles de sindicatos por todo el país, o las pautas las sigue dando el capital.

    Bueno y cuando planteamos estas cosas nos llueven improperios y calificativos, la mayoría provenientes de las redes sociales o de quienes desconocen el trabajo sindical.

    Ni una sola propuesta concreta y clara. Simplemente frases mal sacadas de algún manual o deficientes parafraseos que lo único que hacen es confundir.

    Todos tenemos que ir a visitar los sindicatos, pararnos en las puertas de las empresas a distribuir nuestra propaganda, reunirnos con trabajadores y dirigentes y explicar el rol de la organización  sindical y la negociación colectiva, desde la perspectiva de la clase.

    Quienes lo estén haciendo, fuerza, y a multiplicar los esfuerzos porque hasta ahora el avance es lento. A aquellos que se dedican solo a citar lo que dijeron o dicen otros, no darles más valor ni bola que la que se merecen.

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    En la CGT por estos días estamos abocados a la elección de nuestro nuevo directorio para el periodo 2018- 2021.

    Están votando en los sindicatos. Compañeros y compañeras se pronuncian en sus lugares de trabajo por 11 de 13 candidatos, todos dirigentes de base. Desde Arica y hasta Punta Arenas se han solicitado ministros de fe y se ha llevado a los trabajadores a pronunciarse.

    Aún hay muchos votos blancos –y es que no se conoce a todos los que postulan– pero sin embargo van a votar y preguntan y marcan el nombre de quien sienten que les representará bien.

    Ni partidos ni movimientos haciendo campaña, ninguno busca un cargo descalificando a los demás postulantes. Todos apuntan a elegir a quienes de mejor manera representarán a la organización.

    A esto me refiero cuando hablo de independencia y autonomía. Esto es lo que yo entiendo por democracia y participación de las bases.

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    Hace ya un buen tiempo que los trabajadores dejaron de creer en la propuestas de parlamentarios y gobiernos, cuando de mejorar las normas laborales se trata. Prueba de este desfase entre ambas partes son las deficientes normas laborales aprobadas, reformas que poco o nada tienen que ver con las aspiraciones de los asalariados.

    Por eso llama la atención la presentación de un proyecto ley que tiene como base el aumento de las vacaciones anuales en cinco días, además de disminuir la jornada a 40 horas semanales.

    Preocupa que se presente un segundo proyecto para disminuir la jornada laboral (no olvidar que ya en abril de 2017 la diputada Vallejo presentó un proyecto similar por la jornada semanal) y que de ambos muchas organizaciones solo nos enteramos por la publicación en los medios de comunicación.

    Llama la atención que se estén presentando proyectos de ley para una cuestión tan importante como disminuir la jornada de trabajo y haya sido el propio parlamento -en el que ejercían algunos de los proponentes de esta disminución de la jornada o había representantes de sus partidos-  el que hace solo algunos años aprobó una jornada de 60 horas para los trabajadores hoteleros y de ocho horas diarias para los trabajadores de restaurantes, jornada que puede estar cortada hasta por cuatro horas (en pocas palabras, trabajadores cautivos por 12 horas al día).

    Sin duda que debe ser seguida con atención cualquier propuesta que busque mejorar en algo la condición de los explotados, pero no puede ser a costa de pretender que los trabajadores comulguen con ruedas de carreta.

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    Uniformados dados de baja por coludirse con delincuentes, uniformados detienen a jóvenes y adultos en algún lugar de Chile y luego se pierde la huella a de los detenidos.

    Delincuentes compran armas de manos de personal activo de las fuerzas armadas las que luego son puestas a la venta con un desparpajo que asombra.

    Peligroso delincuente detenido luego de comprar ametralladora, explosivos y granadas, su proveedor un funcionario activo de las FFAA, el delincuente ya tenía una lista de pedidos que satisfacer.

    Decenas, centenas, miles de millones ingresados a la mala a bolsillos de carabineros, personal del Ejército y otras ramas de las fuerzas armadas, y un largo etcétera.

    ¿Cómo se entiende que se siga vendiendo el manido discurso de que las instituciones funcionan, que los casos de corrupción son aislados y que quienes se pongan al margen de las leyes recibirán severas sanciones?

    Seguro todo terminará como con los Penta y tantos otros servidores públicos, o lo que pasa con Garay que se echó miles de millones al bolsillo estafando a decenas de incautos, a quien no le va a salir nada de caro haber estafado.

    Para terminar con esto se requiere organización desde la base, independiente y autónoma, de lo contrario nos seguirán metiendo el dedo en la boca.

    Por Manuel Ahumada Lillo

    Presidente C.G.T. Chile

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