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    La crisis medioambiental:

    Fascismo versus una vía ecosocialista

    La crisis ambiental que estamos viviendo afecta la vida y supervivencia de nuestra civilización, estamos llegando a un alto nivel de autodestrucción, el crecimiento de la emanación de gases de efecto invernadero, que generan el cambio climático, llegó para quedarse. Esto se respalda según datos entregados por la ONU en su quinto infórme de evaluación del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) en el año 2013:

    ·         De 1880 a 2012 la temperatura media mundial aumentó 0,85 °C.

    ·         Los océanos se han calentado, las cantidades de nieve y hielo han disminuido y el nivel del mar ha subido. De 1901 a 2010, el nivel medio mundial del mar ascendió 19 cm, ya que los océanos se expandieron debido al hielo derretido por el calentamiento. La extensión del hielo marino en el Ártico ha disminuido en cada década desde 1979, con una pérdida de 1,07 × 106 km2 de hielo cada diez años.

    ·         Debido a la concentración actual y a las continuas emisiones de gases de efecto invernadero, es probable que el final de este siglo presencie un aumento de 1–2° C en la temperatura media mundial en relación con el nivel de 1990 (aproximadamente 1,5–2,5°C por encima del nivel preindustrial). Así, los océanos se calentarán y el deshielo continuará. Se estima que el aumento del nivel medio del mar será de entre 24 y 30 centímetros para 2065 y de 40 a 63 centímetros para 2100 en relación al periodo de referencia de 1986-2005. La mayoría de los efectos del cambio climático persistirán durante muchos siglos, incluso si se detienen las emisiones.

    Estos datos son alarmantes, si seguimos así como hasta ahora no habrá vuelta atrás, como lo dice el último informe del IPCC, se debe frenar el calentamiento global en 1,5°C, y no en 2°C como se había dicho en la conferencia de París el año 2015; si se detiene el calentamiento global en 1,5°C, muchos de los efectos nocivos del cambio climático se podrían suavizar, nunca detener del todo. El crecimiento de los océanos sería de 10 centímetros menos para el 2100 en comparación con una subida de temperatura de 2°C.

    “Limitar el calentamiento a 1,5 °C es posible según las leyes de la química y la física, pero para ello se necesitan cambios sin precedentes”, declaraba Jim Skea, copresidente del grupo de trabajo III del IPCC.

    Todo esto es un asunto de gravedad. Sin embargo, la pregunta que debe formularse es ¿está el sistema económico y social imperante en condiciones de hacer esto? Esta es una inquietud fundamental que solo se puede responder así: No. La matriz económica actual no está en condiciones de realizar cambios estructurales. Si seguimos con este nivel de depredación y de ferocidad productivista será imposible encontrar soluciones a la mejora de calidad de nuestras vidas en el planeta.

    Hay esfuerzos que el empresariado no está dispuesto a aceptar. Esfuerzos que no son postergables, y dentro del sistema capitalista depredador en el cual estamos viviendo hoy en día es imposible escapar. Nos encontramos en una crisis estructural del medio ambiente. La necesidad de cambiar la matriz energética es cada vez más latente, cambiarla por energías limpias y renovables. Sin embargo, vemos que el mundo no camina en ese sentido, sino muy por el contrario aún se privilegian los combustibles fósiles, aún se destruyen los ecosistemas marinos que son los pulmones del planeta. El cambio debe ser hoy y no en 100 años más. El cambio para ello solo tiene una vía, y es socialista, dicho de otro modo, es ecosocialista, porque debemos hacer un cambio en toda nuestro modo de producción, involucrando la manera de consumir, hacer circular y distribuir los bienes. Esto solo será posible con una sociedad socialista que esté en armonía con el medio ambiente y el ecosistema, que sea respetuoso de la biodiversidad y de la vida de todos los seres vivos incluyendo a los seres humanos, que respete los ciclos naturales del planeta, y se deje de comprender la naturaleza como una mera reserva de recursos para su explotación indiscrimida.

    Pero en los últimos años la burguesía está cayendo en los mismos errores, la cual se refugia en neofascismos para derrotar la lucha ambientalista. El año 2016 murieron más de 200 luchadores sociales en todo el mundo y vemos cómo movimientos fascistas están creciendo cada vez más. El caso de Jair Bolsonaro, candidato con más posibilidades de ser electo en Brasil, es una muestra de ello. Brasil representa el país que más asesinados por defender el medio ambiente tiene. Bolsonaro quiere salir del tratado de París, porque, según él, le quita a Brasil soberanía sobre la Amazonía. El candidato fascista ha amenazado con retirar la protección que tienen las reservas ambientales y las comunidades indígenas. Eso abriría la puerta a la invasión de tierras antes protegidas y al auge de la industria maderera, minera, ganadera y de agricultura en la Amazonía brasileña, la cual pretende destruir dando rienda suelta a la tala indiscriminada de selva nativa. Junto con estos peligros, Bolsonaro pretende hacer desaparecer el Ministerio del Medio Ambiente a través de la fusión de este con el de Agricultura.

    Esto es solo una muestra de lo que la burguesía es capaz de hacer para conservar sus privilegios. Esto se suma al ya bullado caso de Donald Trump, quien sistemáticamente niega y bocifera contra todos los problemas medio ambientales y banaliza el calentamiento global. Pero, para ver estas problemáticas no es necesario ir tan lejos, debemos simplemente recordar casos locales como la extraña muerte del dirigente sindical de Quintero, Alejandro Castro, o el asesinato de Macarena Valdés en Panguipulli. Estos casos nos deben poner en alerta y salir en la lucha antifascista, y por la defensa del medio ambiente en una lucha nacional y frontal tanto por el medio ambiente como por el respeto a los Derechos Humanos desde una perspectiva de clase y ecosocialista que esté dirigida contra la depredación del medio ambiente, y a favor del derecho a vivir en un ambiente limpio y seguro para nuestra salud.

    Por Adolfo Reyes

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