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    Estimados amigos, debo confesar que me embarga una dulce amargura. En mi calidad de parlamentario y representante de mi gente trabajadora, siempre he dado a conocer el planteamiento de que hay que buscar posibilidades y fórmulas que permitan paliar la cesantía urbana, pero preponderantemente, la rural.

    Relacionado directamente con este problema, hace algunos días manifesté mis molestias por la política de precios asumida por la empresa azucarera Iansa, la que había anunciado el eventual cierre de la planta de Rapaco en la Décima Región. Quienes me conocen, saben que lo hice públicamente en numerosas ocasiones.
    Pero para dar mayor fuerza al tema, lo planteé en la hora de incidentes de la Cámara de Diputados, donde solicité al ministro de Agricultura, Álvaro Rojas, que intervenga ante el monopolio del azúcar, impuesto por esta empresa que cuenta con un 75 % del mercado nacional.
    Iansa, abusando de su privilegiada situación, ha impuesto condiciones y enormes trabas a los productores de remolacha, las que han puesto en grave riesgo social a miles de familias chilenas del sur del país. Sus ejecutivos han señalado que se comprará la producción de sólo cuatro mil hectáreas, 45 por ciento menos que en la temporada anterior.
    Nuestros productores remolacheros vuelven a vivir un período difícil, ya que se les han creado dificultades y molestias que los han llevado incluso a abandonar su trabajo como empresarios agrícolas.
    Hace cerca de tres años, se llevó a cabo un protocolo de acuerdo, por la baja en los precios internacionales del azúcar. En esos años, el alto costo de la remolacha hizo peligrar la industria; sin embargo, la situación de Iansa en la actualidad es totalmente diferente a la que se vivía en esos años. Una mayor rentabilidad y precios del azúcar más altos, deberían permitir que los precios de costo se mantuvieran.
    Sin embargo, esto no ha sido así: la empresa fabricante de azúcar de remolacha sólo se ha encargado de darles dolores de cabeza a los productores, empresarios remolacheros y agricultores nacionales. Para muchos, este negocio representa su única alternativa para generar ingresos. Pero Iansa ha ido más lejos aún: ha señalado abiertamente que no les interesa el impacto social, ni las implicancias que traería el cierre de su planta.
    Amparada por la acción concertada de varios colegas parlamentarios de la bancada agrícola, esta empresa ha conseguido salvaguardias que le permiten seguir operando, disfrutando del hecho de haberse constituido en la única procesadora de azúcar de remolacha del país.
    Sin embargo, estimados amigos remolacheros y agricultores, quiero manifestarles a través de estas líneas mi más sincero compromiso en orden a continuar en la lucha para que esto no siga sucediendo. Como ya lo he manifestado antes, seguiré sosteniendo una defensa fuerte y firme en la búsqueda del consenso que marque la diferencia con la monopólica posición que ha adoptado Iansa. Mi esfuerzo estará orientado a crear una Comisión Investigadora, lo que como es lógico, no ha sido bien visto por las autoridades económicas y los tribunales pertinentes.
    Muchas veces los tragos amargos permiten percibir mejor la dulzura de la vida, tras vivir momentos oscuros. Pero en este caso, prefiero obviar esa premisa…

    Enrique Jaramillo

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