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    Un buen amigo mío, que es homosexual, no se bien si antiimperialista pero que ciertamente anda atravesado con la lengua inglesa, me contó que por más que soplaba con todas sus fuerzas no podía sacarse una basurita que se le metió en su alma.
    Resumo la historia para que quepa en esta columna: mi amigo supo a mediados de año que en noviembre iba a tener lugar un encuentro, o fiesta callejera con desfiles y música y disfraces –una celebración, en suma- de homosexuales y lesbianas. El se confeccionó unos hábitos de monja cartulina, que era como quería disfrazarse para la ocasión, y cada día compró la prensa seria –la que acapara casi toda la publicidad de los servicios del Estado- pero nunca se enteró de la fecha del encuentro, hasta que un día lo llamaron por teléfono sus amigos para contarle que la fiesta había estado regia, regia, que había asistido mucha gente pese a que los chicos de no se qué organización gay se habían corrido por la tangente, que la avenida Bulnes fue un jolgorio lleno de novedades y que ni por eso los medios de comunicación se dieron por enterados, ni antes ni después.
    Mi amigo, sin embargo, no estaba tan enojado con los medios de comunicación como con los propios organizadores, que bautizaron el encuentro como Open Mind Fest y aunque yo se que él tiene su Mind muy Open y con deseos de Fest, como no entiende ni una palabra en inglés, no se había enterado de nada. Ni siquiera lo pudo relacionar con el anuncio de la Gay Parade porque aunque sí sabe lo que quiere decir Gay porque eso está incorporado a su mundo, cuando leyó Gay parade creyó que se trataba de una estación del Transantiago especial para los gays.
    Me dio pena mi amigo y su porfía por oponerse a ese abuso tan charcha del idioma del imperio.. Cuando se metió a la página de Internet vio que los organizadores del Open Mind Fest daban las gracias a los participantes por todo el power!!! (así, con tres exclamaciones, qué te creís) y vaya a saber uno, decía mi amigo, si eso tenía relación con los GG Dancers o con la drag queen que ellos dicen que se lucieron al ritmo de los dj´s.
    La tragedia de mi amigo –esa basurita que se le metió en el alma- no es que su traje de monjita cartulina tendrá que seguir esperando una próxima oportunidad para lucirse en esas fiestas de la cultura homosexual-lesbiana, con sus gustos, imaginación, con su fantasía, su locura, su estética y el frenesí indudable con el que emergen desde los campos de la prohibición en donde tenían que vivir refugiados, escondidos. La verdadera tragedia de mi amigo es que él, para comunicarse con sus pares, tendrá que aprender un idioma donde las palabras se tornarán resbaladizas porque no serán capaces de representar nada más que un sonido torpe, sin ningún significado cierto, sin ninguna historia ni sugerencias claras.
    Le digo a mi amigo que en Sydney, Australia, la comunidad gay sigue usando el inglés como su lengua franca pero a su desfile lo llaman Mardigrass, así, afrancesado, como una forma de convocatoria planetaria. El llamado ha sido tan eficiente que desde hace ya varios años participan alrededor de un millón de personas de todo el mundo. Y eso significa que el dólar-rosado se ha transformado allí en un poderoso tónico para la economía local y, por consiguiente, un gran motivo de enorme respeto para los políticos de todos los partidos, que se percataron del detalle y sus alcances.
    Mi amigo dice que eso a él le suena a poesía. Le prometo que mientras él sigue esperando ese sonido de los desfiles gay mapochinos, yo le voy a escribir una para que se anime a proponer el cambio a donde hubiere lugar. Y como yo cumplo, acá va la que me sale ahora, a lo divino:

    En Sodoma y en Gomorra,
    Dicen las Santa Escrituras,
    Se hicieron tantas diabluras
    Que el Tata Dios se enojó.

    Se enojó y con tal arrebato
    Que por mirar sólo un rato
    A Lot en sal convirtió.
    Y en las ciudades tiró
    Bombas A y bombas H.
    No quedó ni un solo bache.
    Sólo un gran hoyo quedó.
    Y los buenos habitantes
    De la ciudad gozadora
    En menos de media hora
    Eran cenizas flotantes.

    Si el Tata se enoja ahora
    Por eso del Mardigrass
    ¡Yo no miro para atrás!

    Alejandro Arellano

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