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    Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ya hizo historia. No solo por ser electo como nuevo presidente de México sino porque se constituye en el primer jefe de Estado que encabezará un gobierno progresista en el país azteca. El acto cívico ya se constituyó en una motivación extra para el resto de la izquierda latinoamericana, que encara nuevos desafíos en el corto y mediano plazo.

    Absolutamente arrollador resultó el triunfo de AMLO, incluso superando los pronósticos que daban muchas encuestas. El tabasqueño ganó en 31 de los 32 estados de México –todos con la excepción de Guanajuato–.

    AMLO fue respaldado por más de 24 millones de ciudadanos, lo que significó que sea el presidente electo con mayor cantidad de votos de la historia mexicana. El porcentaje obtenido fue del 53% para el líder de Juntos Haremos Historia, colectivo integrado por el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), el Partido Encuentro Social (PES) y el Partido del Trabajo.

    La demoledora victoria también se vio reflejada en el Parlamento, en donde este colectivo contará con una mayoría nunca antes vista en otras instancias electorales. Juntos Haremos Historia consiguió 307 diputados federales de los 500 que tiene el Parlamento, y 71 escaños en el Senado de 128 totales.

    El resultado electoral también confirmó el fin del bipartidismo mexicano, ya que el país solo había sido presidido el PRI (prácticamente un partido hegemónico a lo largo de la historia nacional) y el PAN.

    El desafío para AMLO ahora será llevar adelante la anunciada Cuarta Revolución de México, en una nación donde campea la corrupción y la violencia ciudadana, y en la que es una incógnita saber cómo será la relación con su par estadounidense Donald Trump, que a pesar de haber endurecido las políticas migratorias, la administración mexicana debe tratar de tener la mejor relación, pues la dependencia económica con el país del norte es muy grande.

    El electo presidente tendrá a su favor que podrá llevar adelante las reformas que considere oportunas, debido a la composición de las cámaras y a la mayoría absoluta de su sector en las mismas, pues esa prometida Cuarta Revolución propone una administración nacionalista, austera, anticorrupción y que fomente la igualdad de sus ciudadanos.

    En una primera instancia existía preocupación que de ganar AMLO, a la hora de gobernar, padeciera problemáticas similares a las de la administración brasileña de Dilma Rousseff, pues dentro de la alianza Juntos Haremos Historia se encuentra el PES, partido político que se autodefine de centroderecha.

    Con el resultado abrumador obtenido por Morena fundamentalmente, la composición legislativa de la cámara lleva a que no dependa de los votos del PES a la hora de gobernar al país, por lo que las reformas estructurales progresistas estarían aseguradas.

    El efecto anímico regional

    El sueño de la construcción de una patria grande para la izquierda Latinoamericana nace en el sur y pretende llegar hasta México, por lo que el histórico triunfo electoral de AMLO no solo fue muy celebrado en el país sino que también se transformó en una inyección anímica para los progresistas de todo el continente.

    Posteriormente a que se pronosticara el fin de un ciclo progresista en América Latina, luego del triunfo de Mauricio Macri en Argentina y del de Sebastián Piñera en Chile, ríos de tinta corrieron anunciando el advenimiento de una nueva derecha continental, de carácter empresarial y menos “política”.

    Los resultados de las urnas no comprueban esos pronósticos, e incluso la victoria de AMLO invita a creer, y provoca el desafío de ganar, mantener o crecer para los colectivos de izquierda regionales, al menos en los países en donde en breve tendremos instancias electorales: Brasil, Perú y El Salvador en 2018, y Argentina, Bolivia, Panamá, Guatemala y Uruguay en 2019; y también en los que una nueva izquierda comienza a consolidarse paso a paso, como en Chile, de la mano de una nueva oposición que encabezan el Frente Amplio y País Progresista.

    En este 2018 se celebrarán aún dos instancias electorales más: las presidenciales, legislativas y gobernaciones de Brasil y las regionales en Perú. Ambos comicios coinciden el domingo 7 de octubre.

    Las encuestas muestran que en el caso de que se permita al exmandatario Lula Da Silva ser candidato será electo presidente. De no ser así, el escenario sería diferente y si bien no puede asegurarse nada aún, la derecha pasaría a tener posibilidades concretas, con el candidato de ultraderecha Jair Bolsonaro.

    En tanto, en Perú se celebrarán las elecciones regionales, que en esta oportunidad tienen condimentos que le brindan aún mayor importancia, producto de la debacle del gobierno del destituido Pedro Pablo Kuczynski y con un fujimorismo golpeado por irregularidades.

    Con este escenario a la izquierda peruana se le abre la oportunidad de aumentar el rédito electoral y alcanzar mayor cantidad de gobiernos, pero para eso deberá brindar una oferta de candidatos seria, tener propuestas atractivas y realizar una campaña electoral profesional.

    Será una prueba de fuego para varios partidos progresistas, entre ellos para el novel Frente Amplio y Juntos por el Perú, que entre sus apoyos cuenta con el colectivo Fuerza Perú, que lidera la excandidata presidencial Verónika Mendoza (escindidos del Frente Amplio).

    Ya en febrero de 2019, El Salvador irá también a las urnas en busca de nuevo presidente. Actualmente los salvadoreños tienen una administración nacional presidida por el Frente Farabundo Martín para la Liberación Nacional (FMLN), pero el desgaste del gobierno ha sido grande.

    La oferta electoral muestra a la izquierda con dos candidatos potentes, por un lado el líder de Nuevas Ideas, Nayib Bukele (escindido del FMLN), joven político de 36 años con muchas cualidades y gran convocatoria, exalcalde de San Salvador y de Nuevo Cuscatlán, que se presenta como la renovación progresista, y trae consigo aparejado el reto de “transformar el país”.

    Por otro lado el candidato del oficialismo, el excanciller Hugo Martínez, que representará el continuismo del FMLN, que se ha propuesto “acercar el partido a la gente” y buscar alianzas electorales que le permitan competir con mayores posibilidades para retener el gobierno nacional.

    La izquierda en El Salvador va por un tercer mandato consecutivo, pero a su frente estará una derecha dura, encabezada por el candidato de ARENA, Carlos Calleja, un joven empresario que promueve una “nueva visión del país”. ARENA viene fortalecido a esta instancia, ya que se constituyó en el partido vencedor de las elecciones legislativas que se efectuaron en marzo de este año, por lo que la izquierda tendrá un duro desafío para intentar mantener el gobierno nacional.

    Finalmente en el transcurso de 2019 Panamá, Guatemala, Argentina, Bolivia y Uruguay también deberán salir al ruedo electoral. Aún falta mucho, es tiempo de planificación para aquellos candidatos y partidos que deseen competir, porque la campaña siempre es permanente y solo se puede vencer cuando hay trabajo y una buena planificación estratégica que nos permita transitar el camino que nos lleve a abrazar el futuro que soñamos.

    AMLO ya hizo historia, es la hora de la izquierda latinoamericana, con sus características, sus particularidades, sus coyunturas y entornos particulares, de trabajar unida en la construcción de una nueva patria grande.

     

     

    • Marcel Lhermitte es periodista, licenciado en Ciencias de la Comunicación y magíster en Comunicación Política y Campañas Electorales. Ha asesorado a candidatos y colectivos de izquierda en decenas de campañas en Uruguay, Chile y Francia fundamentalmente. @MLhermitte
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